Mil
cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo. Sucesos jocosos, de irresponsabilidadtonterías,
en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes. En una anécdota
nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos
la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones
superiores. El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir,
sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos.
Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó
intervenir en todo el espectro de actitudes. Los personajes que en ellas
intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas
en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas,
cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones. |
VENGANZA
Todas las
mañanas, su cuenta corriente estaba en rojo.
Era imposible convencerlo, no por falta de autoridad de
n/parte, ni por tozudez de la suya. Simplemente...
-"Yo he sido cliente de este Banco desde hace 50 años
(en ese momento no tenía menos de 70), han pasado
cien gerentes por esta Agencia y siempre pagué de
tarde los cheques que el Banco me cubrió de mañana,...
y así debe seguir siendo,... porque lamentablemente,
a esta altura no puedo ni quiero trabajar de otra manera.
Era un patriarca en la zona, de esos hombres que uno quiere
y respeta apenas conocerlo, seguro de sí mismo, con
excelentes modales y exquisita educación. Todo del
mundo lo apreciaba por su buonomía y su don de gentes.
- Pero,
don Rubens, lamentablemente debemos ajustarnos a las disposiciones
superiores y debemos devolver los cheques si no están
cubiertos el día anterior...
- No, Sr. Gerente, Vd. no me va a devolver ningún
cheque porque nunca, ningún Gerente me devolvió
nada... a Rubens Barcos jamás se le devolvió
un cheque... además, Vd. lo sabe muy bien... yo vengo
de tarde y "le pago". Nunca le voy a fallar ni
lo voy a dejar mal...
El me lo decía, y yo estaba seguro de ello...jamás
había quedado sobregirado sin pagar lo que debía.
Era un caso cerrado.
Toda esta tan extraña como atípica charla
se desarrollaba en la Agencia Cerro donde tuve la satisfacción
de actuar como Gerente, lo que me dio oportunidad de calibrar
la sencillez y amabilidad de toda aquella zona y sus gentes
y donde por suerte, dejé innumerables amigos.
... y mientras hablábamos, el perro de don Rubens
era testigo presencial dentro de la Gerencia. Era obligatoria
su presencia porque don Rubens iba con él a todas
partes, era su compañero inseparable, eran tal cual,
donde iba tal iba cual. Formaban uno solo y era difícil
imaginar a uno sin el otro. Era un cuzco blanco, ya gris
de viejo y sucio, feo, desagradable; se paseaba y hacía
sonar sus pasitos y sus uñas en el piso recién
encerado de la Gerencia.
Luego de larga charla, y ante la inutilidad de mi esfuerzo
para convencer a don Rubens, nos despedimos, lo acompañé
hasta la puerta del despacho, resignado y consciente de
que en adelante, continuaría pagándole los
cheques, muy a pesar mío. Era una trasgresión
a las disposiciones en vigencia, pero entendí que
debía respetar su forma de trabajar.
Pero la sonrisa de impotencia que yo esbozaba, me quedó
trunca, pues al darme vuelta para regresar a mi silla, vi
lleno de estupor que el fiel amigo, el inseparable, el sucio
vengador había levantado su patita y vaciado su perruna
vejiga, dejando tres enormes charcos en las patas de mi
escritorio, tal vez molesto conmigo por el cariz que había
tomado la conversación.
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