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Año V Nro. 294 - Uruguay,  11 de julio del 2008   
 

 
historia paralela
 

Visión Marítima

 
El efecto económico de las retenciones al agro
por César Rodríguez
 
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         En este momento se plantea esta discusión como consecuencia del conflicto entre el campo y el gobierno, pero en realidad los impuestos sobre las “rentas extraordinarias” es un aspecto largamente discutido en la ciencia económica. Se trata de arribar a una respuesta de quién es más productivo y eficiente en el largo plazo para el manejo de esos fondos, si los privados o el Gobierno.

         Lo que sucede naturalmente es que en el comienzo, los mismos sectores “exitosos” decidan reinvertir esas rentas nuevamente en el mismo sector, ya que espera que le vuelvan a dar las mismas ganancias, que por ser extraordinarias son mayores que otras. Esto que parece una perogrullada no lo es tanto si notamos los argumentos infantiles de algunos personajes lamentablemente tienen poder de decisión, y que acusan a los productores de ser los malos de la película, de no reinvertir en el agro, llevando sus remesas al exterior o guardándolas debajo del colchón.

         Si la rentabilidad es extraordinaria es porque es superior a la media de la economía, y sólo siendo muy irracionales se les ocurriría dejar de volver a invertir en lo mismo. A no ser que tengan temor a que tanto las rentas como las propias inversiones les sean saqueadas en aras del “interés común”, aspecto éste denominado “inseguridad jurídica”. Esperemos que no, pero este podría llegar a ser el escenario por venir si los productores no tienen confianza, por ejemplo, en la futura cosecha de trigo, y se disponen a sembrar menos, como está empezando a suceder. El Gobierno pretende confundir a la gente cuando acusa a los productores de haber tenido grandes ingresos, lo cual es verdad. Pero confunde al soslayar que la porción mayor de esos ingresos no son, como en el caso de los particulares, destinados al consumo, sino a nuevas inversiones que tienen efectos multiplicadores.

         Esto se explica más todavía si entendemos que la mejora internacional del consumo – y de los precios – no es coyuntural, en cuyo caso no sería tan decisivo alentar la producción, sino que es un cambio estructural por la influencia de incorporación de sectores asiáticos, dentro de una realidad como la del agro, que tiene una oferta inelástica (no se duplican las vacas de un año al otro), y necesita de un tiempo para desarrollarse, con crecientes inversiones y desarrollo tecnológico.

         Ahora bien, si esta “rentabilidad extraordinaria” en lugar de dejar que sea reinvertida por los sectores agropecuarios les es extraída a los productores privados y son orientadas al Estado, a diferencia de lo que se argumenta, no va a ser distribuida equitativamente entre los sectores más pobres, y ni siquiera a las Provincias, ya que no es coparticipable, manteniendo el Poder Ejecutivo Central la discrecionalidad de los destinos, continuando con el clientelismo político. La actividad privada es la que genera la riqueza, y si esto se castiga, se castiga la inversión, disminuye la oferta, suben los precios y se desperdicia la oportunidad de crecer.

         Luego tuvimos “la novedad” de que los fondos de las nuevas retenciones por encima del 35% van a tener un destino “cierto” en hospitales, escuelas y caminos. Es que acaso esto no estaba previsto en el Presupuesto Nacional de un Gobierno progresista? Si Asia no demandaba soja no íbamos a tener estos beneficios de escuelas y hospitales? No hay que dejarse engañar, esta movida es para presentar al Gobierno disfrazando de premisa humanitaria lo que en realidad es un transferencia de recursos de manera expropiatoria desde un sector productivo hacia la política. Con este pensamiento maquiavélico el Gobierno podría haber sido más patético aún, y anunciar que con esos fondos podría alcanzar el objetivo de terminar con la desnutrición y la mortalidad infantil en la Argentina. Guay del que se le ocurra disentir con estos sagrados objetivos!

         Esto demuestra claramente que el objetivo de anunciar los destinos fue sólo una artimaña política para continuar con las retenciones y hacer quedar al que se oponga como insensible, egoísta y, si continúan movilizados, nuevamente golpistas.

         Los destinos de los fondos no son cuestionables, pero de ninguna manera justifican que deban surgir de un aumento a las retenciones. Todos los meses vemos que se anuncia con bombos y platillos los aumentos en la recaudación y el crecimiento de superávit fiscal (aún sin bajar el gasto). Para qué queremos tanto superávit fiscal mientras continuamos con una enorme desnutrición infantil? Dónde está la sensibilidad del Gobierno que se ufana de tener y mantener ese superávit mientras continuamos con una mortalidad infantil que da vergüenza en el país de los alimentos? Ni qué hablar de que lo que se festeja no es un aumento del superávit por bajar el gasto, sino por aumentar los ingresos del Estado, o sea...que nos sacan cada vez más!

         La reinversión de las “rentas extraordinarias” en manos privadas genera más inversión, crecimiento, desarrollo y ocupación que en manos del Estado, que no es otra cosa que la esencia del sistema capitalista.

         Pero – se dirá – y quién se encarga de la distribución del ingreso? No queda duda de que acá el Estado tiene que intervenir, y la manera de hacerlo no es otra que a través de los impuestos, y mejor aún, de impuestos que sean lo más progresivos posible, donde el ejemplo más claro es el impuesto a las ganancias, que no sólo aumenta en proporción a las mayores ganancias, sino que incluso es la alícuota la que crece cuando aumentan las ganancias.

         Esto es muy importante porque además garantiza la equidad del impuesto, porque gravar las ventas (como son las retenciones) no diferencia los diferentes rindes, ni las distintas distancias, y lo que es más importante, diferencia menos aún a los pequeños de los grandes productores, en tanto que el impuesto a las ganancias sí lo hace.

         Una cosa es hacer que los sectores económicos que más ganan sean los que más aporten a la distribución del ingreso, y otra muy distinta es ahogar de manera confiscatoria a los que están en condiciones de hacer andar el motor del crecimiento, porque entonces se desalientan las inversiones. Con esta aclaración queda claro que el planteo no es dejar de cobrar impuestos y dejar a su arbitrio a los productores, sino que lo que está en juego es la magnitud del impuesto que se cobra para ayudar a la distribución del ingreso sin que sea confiscatorio y desaliente la inversión.

         El falso idealismo de sacarle a los ricos para darles a los pobres fue llevado al extremo con las experiencias de la URSS y China de manera diversa hasta comienzos de los ´90, y quedó clarísimo el fracaso que resultó. Si las inversiones son realizadas por el sector privado, se generan nuevas inversiones de sectores que están integrados, y el Estado incluso recibe luego vía impuestos mayores fondos para distribuir, no sólo del propio sector, sino de toda la cadena productiva. Casi le diría al Gobierno que no sean angurrientos, que ya se les van a cobrar y con creces los impuestos, pero después de invertir y producir, y no antes, porque si no pueden reinvertir en biotecnología, en nueva maquinaria, fertilizantes y otros insumos, los rindes serán menores y se desperdiciará un oportunidad única.

         No quiero aparecer como pesimista, pero debo decir que en el caso de que no me equivoque y fuera correcta mi interpretación de que la motivación del Gobierno es como sugerí, ese falso idealismo ideológico para aparecer como defensores de los desposeídos, sin notar que así los hacen más pobres frenando un potencial crecimiento histórico, entonces es de esperar que el problema no tenga solución en el corto plazo, aunque sea a través de alguna Ley emanada del Congreso que no solucione el problema de fondo sino que el destino sea que el Gobierno “ganó”, “puso de rodillas al agro” o algún otro subterfugio político que siga sin incentivar las inversiones.

         Pueda haber distintas versiones de parches y medidas a medias, pero el problema difícilmente se solucione de fondo durante este período gubernamental, entendiendo como solución de fondo la creación del necesario “clima de negocios”, esa que permita al agro reinvertir en serio, incorporar tecnología y aumentar la producción, sin ir más lejos, como hace Brasil y el mundo está esperando que Argentina lo siga.

         Como es tan antidemocrático como insano que alguien pretenda alterar el orden constitucional, entonces creo que es posible que debamos esperar convivir con el conflicto, con jugarretas y pulseadas políticas desgastantes por un período prolongado, tan prolongado como el propio mandato constitucional.

         El momento para aprovechar parte de esas “rentas extraordinarias” de los productores agropecuarios argentinos (que por otro lado no son sólo del campo, sino también del turismo, la industria del juego y otros tantos) es ahora, porque ahora es cuando el mundo está esperando que la Argentina aumente su oferta de alimentos y aporte lo suyo, en una oportunidad única para generar riqueza en beneficio del país, a la vez de ayudar a alimentar a una cantidad inmensa de la población mundial.


Gentileza: Fundación Atlas 1853
 
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