Revocatorio:
La riesgosa apuesta del MAS por el voto rural
por Daniela Espinoza M. |
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La apuesta del MAS para asegurar la continuidad de Evo Morales en el referendo revocatorio del 10 de agosto podría tropezar con un cambio importante en la tendencia del voto de las clases medias urbanas.
Los resultados de la elección prefectural en Chuquisaca demostraron que el voto urbano por el MAS cayó en más del 15 por ciento. Con matices, esta situación podría repetirse en el resto del país si, como parece insinuarse, llegó a su fin el romance entre la clase media y el Presidente.
La elección de Prefecto de Chuquisaca del pasado 22 de junio reveló que la votación del MAS en las dos circunscripciones de la capital se redujo del 40 por ciento que obtuvo en las elecciones presidenciales de 2005, a sólo un 25.2 por ciento, lo que refleja el ya mencionado retroceso de alrededor de 15 puntos.
Obviamente, en la elección prefectural no se ponía en cuestión la continuidad de Evo Morales, pero a la luz de los resultados puede inferirse, de todas maneras, que menguó la influencia del partido de Gobierno, debido a los problemas emergentes del debate constituyente, en particular el referido a la capitalidad plena, que confrontó al Ejecutivo con las fuerzas cívicas de Sucre.
En las elecciones generales de 2005, el MAS ganó en el departamento de Chuquisaca con el 54 por ciento de los votos. En cambio, en las elecciones para prefecto del 22 de junio su votación fue de 44 por ciento, es decir un 10 por ciento menos. De llegar a repetirse esa tendencia en el referendo revocatorio del 10 de agosto, por lo menos en esa región el mandato del presidente Evo Morales sería revocado.
La apuesta del MAS por conseguir un importante respaldo en el área rural del país y en centros urbanos como El Alto y Oruro, donde de acuerdo a algunas encuestas el presidente Evo Morales todavía goza de altos niveles de aprobación, podría tropezar con algunas sorpresas si, como se advirtió ya en Chuquisaca, disminuye su voto en las principales ciudades.
En todo caso, la confrontación campo-ciudad, que alentó el Gobierno para promover la abstención en las consultas autonómicas recientes, tendría un efecto diferente en el revocatorio del 10 de agosto, por la mayor concentración del voto en el área urbana y el eventual desencanto de los sectores de clase media que en las elecciones de 2005 inclinaron su preferencia por Evo Morales en varias ciudades.
Si bien las encuestas realizadas por diferentes empresas en el transcurso de los últimos meses revelan que el Presidente conserva niveles altos de aprobación en El Alto, Potosí y Oruro, queda la incógnita sobre lo que podría ocurrir en la ciudad de La Paz, una de las más afectadas por la galopante subida de los precios de los artículos de primera necesidad y donde la clase media, hasta la fecha, no ha tenido oportunidad de expresar su posición frente a la gestión gubernamental.
Según el analista político, Ricardo Paz, los resultados de la elección prefectural de Chuquisaca, más a allá de reflejar un “desencantamiento” de la clase media con Morales están mostrando la frustración de gran parte de los sectores sociales.
“No olvidemos que Evo Morales generó una gran expectativa y esperanza en la ciudadanía que le entregó, junto con su voto en 2005, la confianza de una reconciliación entre bolivianos, una re-unión, una congregación que permita superar viejas taras que había dejado la parte mala de la democracia pactada: la exclusión, la desigualdad, el racismo, la injusticia. Morales planteaba un modelo de integración, de inclusión en el que todos creíamos que íbamos a tener lugar, pero lamentablemente las acciones han sido muy distintas”, dice.
Con ese panorama, Paz considera que lo único que se va a lograr con el referendo revocatorio es demostrar de una manera más gráfica a un país dividido, enfrentado; con cinco o seis departamentos en contra y dos o tres de apoyo.
Para los masistas, la consulta del 10 de agosto parece tener importantes objetivos de reestructuración interna. Así lo hace notar el ex asambleísta y uno de los fundadores de ese partido, Román Loayza, quien asegura que después del revocatorio, que aspiran ganar con más del 60 por ciento, las organizaciones sociales que apoyan a ese partido van a exigir reunirse con el Presidente para hacer algunos ajustes.
“Mi partido no me está escuchando. Las direcciones nacionales hacen las cosas a su criterio, lo mismo las direcciones departamentales incluso reciben coimas de los avales, según me han comentado. Este proyecto político no es para eso, sino para cambiar el país. Ya no pueden haber coimas. No pueden individualmente aprovechar de ese dinero.
“Después del referendo vamos a hacernos respetar con el Presidente y con las direcciones”, añade Loayza.
La peligrosa polarización
Según Ricardo Paz, la idea de gobernar apoyado en un solo sector, sea este urbano, rural, militar, empresarial o de cualquier otro tipo no es aconsejable; lo ideal es que un Jefe de Estado tenga la capacidad para congregar al conjunto y evitar la confrontación entre sectores. “Probablemente pueda gobernar apoyado en un sector, pero en condiciones muy endebles y frágiles”, explica.
Paz va más allá cuando señala que la táctica que está empleando Morales para gobernar y para mantenerse en el Gobierno es “perversa”, pues se nutre de la división, del enfrentamiento, del antagonismo y eso lamentablemente va a dirigir al país hacia la salida violenta. “No hay manera de que un esquema de esta naturaleza pueda resolverse por la vía democrática, toda vez que lo que se está buscando es la eliminación del adversario”, añade.
Para el ex asambleísta Román Loayza, el Presidente no contribuye a esa polarización campo-ciudad ni hace preferencias entre la ciudad y el campo, por ello nunca ha hecho referencia sólo al sector indígena-originario, sino a todo el pueblo empobrecido que también está en las ciudades.
“Esto no sólo está en su discurso, sino también se refleja en la nueva CPE que no es totalitaria y por el contrario reconoce a todos los sectores, los del campo, ciudad, la clase media alta, extranjeros, todos. Lo que la gente tiene que entender es que cuando hay un cambio, no es para desconocer a nadie, sino para reconocer a todos”, enfatiza el dirigente.
Morales tiene un mandato de las organizaciones sociales que lo hace justamente Presidente de todos los bolivianos, no sólo del sector campesino, indígena-originario sino del pueblo en general, asegura Loayza, quien afirma que la aprobación del texto constitucional va a permitir lograr el acercamiento entre bolivianos.
“La recuperación de todos los recursos naturales no va a beneficiar sólo a un sector sino a todos. La distribución de recursos será para municipios, departamentos, así como para los indígenas originarios y regionales. Esta distribución va a permitir solucionar la pobreza y la desocupación”, añade el líder masista.
El senador de Podemos, Fernando Rodríguez, asegura que el Presidente y el Gobierno no están midiendo las consecuencias de su “discurso polarizador”, que puede traer consigo más confrontación que la que actualmente está viviendo el país y una previsible escalada de violencia.
“Con esta forma de actuar lo único que el Gobierno está haciendo es perder adeptos; de continuar con ella, a la vuelta de la esquina va a perder también su oportunidad de seguir dirigiendo el país. La demagogia y el discurso no alcanzan para gobernar”, asegura Rodríguez.
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