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Año V Nro. 355 - Uruguay, 11 de setiembre del 2009
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Hace unos días falleció en Colonia, Alemania, a los 80 años, Ralf Dahrendorf, uno de los pensadores y políticos liberales más importantes de la Europa de la posguerra. Sociólogo y filósofo político, fue un académico de primer nivel, pero también un hombre de acción; fue miembro del Partido Liberal y del parlamento alemán, viceministro de Exteriores de Willy Brandt y comisionado de Relaciones Exteriores de la Comunidad Europea en Bruselas entre otros cargos. Pero para mí, lo más destacable fue la labor como académico que desempeñaba Ralf Dahrendorf. Escribió clásicos de las Ciencias Sociales, como su Clase y Conflicto de clase en la sociedad industrial, en donde, en contra del marxismo, argumentó que es el poder y no la riqueza la que define la clase social. Entre sus obras también destaca: Reflexiones sobre la Revolución en Europa, escrito después de la caída del Muro de Berlín en donde hizo un ejercicio similar al que, doscientos años antes, realizó Edmund Burke sobre la Revolución Francesa. En otra de sus obras titulada: Después de la Democracia, discute los peligros y desafíos que enfrenta la democracia con la globalización y con las tecnologías de la información y las comunicaciones. Para Dahrenford, el concepto crucial es el “orden liberal”, que está compuesto tanto por la democracia como por el Estado de Derecho. Hacen falta los dos, porque puede haber sociedades con democracia, pero sin Estado de Derecho; como también sociedades con Estado de Derecho pero sin democracia. La democracia a su vez requiere según Dahrendorf, instituciones que permitan tres funciones esenciales. Esas tres funciones son: a) Cambiar a los gobiernos sin violencia, una idea que tomó de su filósofo de cabecera, Kart Popper; b) Controlar y limitar el poder de los gobernantes y, por lo tanto, instituciones que protejan contra la tiranía, incluyendo la de los grandes hombres; c) Dar voz y voto al pueblo, al demos en el ejercicio del poder. Según Dahrendorf, el modelo electoral y parlamentario de la democracia clásica, que se construyó sobre la idea del Estado-Nación, se ha desdibujado gravemente en un mundo en donde, no todas, pero sí muchas decisiones críticas son adoptadas no en los países, sino por entidades internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, las grandes corporaciones multinacionales, y por una nueva clase social global, una elite trashumante que elude leyes nacionales, impone tendencias y directrices culturales y se enriquece rápidamente. Dahrenford no está en contra de la globalización, pero sí aboga por un nuevo imperio universal de la ley y otros controles a estas peligrosas tendencias. Por esta y por otras causas han aparecido nuevos intermediarios entre el pueblo y el poder: los medios de comunicación, las Organizaciones No Gubernamentales y las carcasas que han quedado de los partidos políticos. Así, sin el filtro de los parlamentos y los partidos, Dahrendorf vio con mucha preocupación las que llamó “democracias sin demócratas”, con un renacimiento del populismo y el autoritarismo y con gobernantes apelando directamente al pueblo y utilizando sin escrúpulos su atractivo mediático para aferrarse al poder. Lamentablemente, ya no podremos escuchar sus opiniones y consejos sobre las fortalezas, peligros y desafíos de las democracias latinoamericanas. Eso ya no será posible, pero quedan sus libros y conferencias como guías valiosísimas para reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestras democracias. ¡Hasta el próximo análisis…!© Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay
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