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Hugo Chávez, ahora contra todos
por Emilio Cárdenas
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La gestión (si es que puede llamarse así) gubernamental de Hugo Chávez ha dejado a Venezuela sumida en el mayor de los caos. Inflación galopante; racionamiento del agua y la electricidad, que escasean; falta de libertad de prensa y de opinión; polarización social extrema; violencia e inseguridad como en ninguna otra parte en América Latina; y una caída notoria del nivel de vida de todos, ahora sin excepción.
Estas duras circunstancias, como tarde o temprano iba a ocurrir, han desprestigiado casi terminalmente al caribeño. A punto tal, que las encuestas recientes de opinión revelan que hay un sólido 62% de los venezolanos que desconfía de él. Que no le cree, entonces. Que está harta de él. Lo que, de pronto, muestra a las claras lo que todos sospechábamos: un Chávez pródigo (con el dinero de los demás) por razones ideológicas, cuya total falta de idoneidad para gobernar es absolutamente inocultable.
Una nueva etapa, probablemente difícil y hasta convulsiva, se abre para Venezuela de cara a las elecciones del próximo 26 de septiembre, que presumiblemente Chávez manipulará a su favor.
Una vez más el liderazgo de las protestas sociales, que Chávez reprime sin pudor alguno, está en manos de los estudiantes universitarios cuya sed de libertad y necesidad de futuro es siempre algo más pronunciada que la de los demás. Roderik Navarro es el líder de las protestas. Hay otros, como Nizak al Fakih, de la Universidad Católica Andrés Bello, con la misma valentía y decisión. Navarro, sin embargo, es hoy el joven que de alguna manera personifica el constante “jaque” de la juventud venezolana a la omnipotencia de Hugo Chávez que ya está claramente sobre la mesa, el cual -de pronto- podría subir en su intensidad y empezar a lucir como una suerte de “jaque mate”. De allí la extrema gravedad de la hora.
Chávez, ante ese complejo escenario, reitera que no permitirá las protestas. Es más, que “radicalizará” la acción represiva. Esto es, que las enfrentará y reprimirá con fuerza aún mayor que la empleada por él hasta ahora. De las balas de goma y los palos podría entonces recurrir a las armas de guerra, contra su propio pueblo.
Como sucede, es evidente, en las calles de Irán, su aliado estratégico. Y como sigue sucediendo, desde hace décadas, en su venerada Cuba. Del cercenamiento constante de la libertad puede entonces pasarse rápidamente a su ausencia total. Lo que es dramático. Éste es el peligro real actual.
El desafío a la autoridad de Chávez y los suyos está ya escrito hasta en las tribunas de los estadios de béisbol, el deporte que apasiona a los Venezolanos por igual. En sus gradas aparecen siempre carteles con la leyenda: “Tres strikes: luz-agua-electricidad. Presidente tas ponchao”. En la jerga beisbolista local, “ponchao” es el bateador eliminado por haber sufrido tres “strikes”.
Naturalmente Chávez ha reaccionado también ante esto anunciando que no lo permitirá más. Esto supone que sus esbirros arremeterán contra todas quienes sigan desplegando -ante la televisión- estos carteles, que lo ofenden.
Venezuela sufre a Chávez desde hace ya 11 años. Éste, atornillado al Palacio de Miraflores, anuncia que pretende seguir en el timón de su país por 22 años más. Pero la catástrofe que ya ha provocado comienza a sugerir que el sueño no le será nada fácil de materializar.
La sombra del difícil 1999 ha aparecido de nuevo, nítida, ante los venezolanos. Una vez más su dirigencia, vestida ahora de rojo, muestra una pasmosa falta de idoneidad, como es habitual en los populistas latinoamericanos. Para ellos, la política es mucho dicho y pocos hechos. Pero la gente, que advierte que su nivel de vida se deteriora aceleradamente, parece haber comenzado a querer reaccionar en Venezuela, en procura de un cambio.
De allí al punto final es tan sólo cuestión de tiempo. A menos que Venezuela se transforme en algo así como una enorme prisión, como desde hace décadas sucede con Cuba. Lo que no es imposible, ciertamente. Para Chávez sería algo así como una “evolución normal” de su programa bolivariano.
Emilio Cárdenas, Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
Fuente: Ede
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