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Los gobiernos de los “matrimonios benévolos”
por Castor López
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Hace 5 años que, desde Santiago del Estero, observamos -con atención y una curiosa sensación- la progresiva transformación de la organización del poder político argentino, desde un histórico personalismo de una única figura presidencial hacia un “matrimonialismo”, generalmente autoproclamado como “benévolo” que -en la atinada descripción de Natalio Botana- con tanta buena voluntad y afecto a sus sociedades, que creen saber mejor que estas acerca de sus propias conveniencias.
Esa especial sensación santiagueña –sin que signifique un juicio de valor relativo- resulta de la vivencia del antecedente provincial de los gobiernos matrimoniales de Carlos Juárez y su Sra.”Nina” Aragonés, quizás el único precedente formal en nuestro país al actual caso nacional –antes de la provincia de Santa Cruz- del matrimonio Kirchner.
Con la experiencia local, es posible describir algunas de las características, observadas empíricamente en ambos gobiernos matrimoniales. En primer término, la sola condición de cónyuges en la sucesión del poder, produce un agravado desgaste político, incluso mayor al de las propias reelecciones.
En segundo lugar, los duetos gobernantes –como poderes paralelos que finalmente siempre resultan- generan un difuso contexto de incertidumbre, temor y ausencia de reglas generales en los funcionarios de ese tipo de gobiernos, que adoptan la liturgia cortesana de las actitudes obedientes –aunque también maliciosas- y los tratamientos de las cuestiones publicas son, entonces, “caso por caso”.
Una tercera característica es que el necesario intervencionismo del gobierno en todos los sectores, como sustento de su poder político –basado en su rol de permanente arbitro de permisos y autorizaciones- genera inevitablemente una elevada presión fiscal que, a su vez, aísla y cierra su economía.
En cuarto termino, el ejercicio del poder con estas particularidades produce permanentes hipótesis de conspiraciones donde, quién no obedece al gobierno es considerado enemigo. Categoría esta en la que se termina abroquelando a toda la oposición. Por ultimo, pero no menos grave, estas formas de crear, acumular y ejercer el poder político, siempre derivan necesariamente en restricciones relativas a las libertades de expresión publica, opinión y prensa.
Cinco características entonces: autosucesión, obediencias maliciosas, elevada presión fiscal y economía cerrada, clima de permanentes hipótesis conspirativas y graves riesgos para la libertad de opinión y prensa, todas ellas exigen meritar adecuadamente la imprescindible necesidad de adoptar un mayor grado de institucionalidad para la vida política de nuestro país.
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