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Estado subsidiario
por Federico Abdo
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El rol del título es el que a mi juicio debiera cumplir nuestro estado, ocupando aquellos lugares que irremediablemente le pertenecen y los que los particulares no los moviliza ocupar. El Uruguay debiera, en mi opinión, desatarse de los lazos del Estado, sus fuerzas se hallan cautivas, a la espera de que sean liberadas, no tienen techo.
Imaginemos por un instante un Uruguay con semejante inyección de vigor y pujanza, grande sería su repercusión en nuestra pequeña comunidad.
Pensemos en servicios prestados en función de los usuarios y no en función de los intereses del prestador, pensemos en empresas que para lograr mayor porción del mercado deban bajar precios e ingeniar los modos de persuasión de los clientes. Pasaríamos de esclavos de los monopolios a clientes, vaya cambio.
No es necesario hacer volar la imaginación a niveles de surrealismo, pensemos nada más en ANTEL inmerso en un escenario como el de ANCEL o el del Banco de Seguros del Estado. Ahí de nada valen los caprichos del estado, si ANCEL no funciona con la dinámica necesaria las ventajas comparativas de sus competidores lo dejan fuera del mercado. ¿Qué diferencia esencial tienen la telefonía móvil y la fija?, ¿qué riesgo se corre al desmonopolizarla? Lejos quedaron los tiempos del verso de las joyas de la abuela.
Otro tema que impera remover, es la desigualdad entre el funcionario público y el privado.
Resulta irritante e injusta la excesiva protección que el derecho laboral uruguayo brinda a los trabajadores estatales, en demasiados casos se trata no de derechos sino de privilegios. La inamovilidad nacida como reacción blanca a los desbordes autoritarios colorados en tiempos de exclusivismos partidarios debe ser removida. Su razón de existir como protección a los desbordes autoritarios ha desaparecido y consigo su vigencia se transforma en absurda y contraria al interés nacional. La nación no debe marchar al ritmo cansino de su estado omnipresente. Para peor, no solo el Estado está en lugares en los que no debería meterse sino que para colmo sus cuadros los forman trabajadores atornillados a sus cargos, pegados como con engrudo a los mostradores y sillones. Pasa todo, para todos, menos para el Estado. Todos se ajustan, menos él. ¿Cuándo será el tiempo del verdadero ajuste fiscal? ¿Cuándo se ajustará el fisco en lugar de los contribuyentes?
Es hora de desechar el conservadurismo tradicional, el que no arriesga no gana. El Uruguay de la tabla rasa ha de ser tiempo pretérito, debe dejar paso a la cultura del riesgo. Es tiempo de que la historia haga un codo, es hora de cambiar en serio. Un Estado fuerte, eficaz y eficiente, en Salud, Educación, Seguridad y Justicia. El brazo fraterno del Estado haciendo sinergia con el vigor privado en temas como la vivienda y el combate a la pobreza. Anhelamos menos y mejor Estado; y; más País…
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