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Año V Nro. 290 - Uruguay,  13 de junio del 2008   
 

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Mentalidad de hambre en tiempos
de cosechas abundantes

por Swaminathan S. Anklesaria Aiyar

 
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         El precio internacional del arroz y el trigo se ha duplicado y triplicado en los dos últimos años, pero la producción mundial de granos logrará un récord este año. Entonces, ¿cómo se explica que millones de personas se empobrecen a la vez que llevan a cabo disturbios alimenticios en el mundo? La respuesta no es el aumento de la demanda mundial ni la caída de la oferta mundial, pero sí el hecho que varios países, China incluida, han impuesto aranceles, cuotas y prohibiciones a las exportaciones agrícolas. Esto ha reducido la cantidad de grano disponible para comerciarse a través de las fronteras.

         La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés) estima que la producción mundial de cereales tuvo un récord de 2.108 millones de toneladas en el 2007 y que logrará un nuevo récord de 2.164 millones de toneladas en el 2008. La producción de arroz aumentará a 7,3 millones de toneladas y la de trigo a 41 millones de toneladas. El consumo mundial de cereales ha estado creciendo ligeramente más rápido (3%) que lo que ha aumentado en una década (2%), por lo que las reservas han caído a 405 millones de toneladas. Pero esta no es una situación desastrosa, lo cual hace difícil de explicar la subida tan drástica en los precios.

         En Estados Unidos, una quinta parte de los cultivos de maíz han sido destinados al etanol y en Europa algunos aceites vegetales han sido destinados al biodiesel. Estas políticas mal concebidas han obligado a los agricultores a reemplazar los cultivos de trigo por los de maíz, los de soya por los de semilla de colza, pero aún así la producción mundial de trigo ha aumentado de 596,5 millones de toneladas en el 2006 a un estimado de 647,3 millones de toneladas en el 2008. El etanol a base de maíz no puede explicar el aumento en el precio del arroz, ya que éste crece en condiciones muy diferentes.

         Los biocombustibles causaron un aumento inicial en los precios, que condujeron al pánico, al proteccionismo reflejado en las restricciones a las exportaciones, y a la especulación en materias primas—y estos factores han aumentado el precio aún más. Para proteger a los consumidores domésticos de los altos precios a nivel mundial, docenas de gobiernos han prohibido la exportación del arroz y el trigo—principalmente Argentina, Brasil, Rusia, China, India, Ucrania, Vietnam, Camboya, Pakistán, Egipto e Indonesia.

         Los controles de exportación han reducido las cantidades de arroz y trigo disponibles en el mercado mundial. La FAO estima que el comercio mundial del arroz caerá de 34,7 millones de toneladas en el 2007 a 28,7 millones de toneladas en el 2008, y el del trigo de 113 millones de toneladas a 106 millones de toneladas. La comercialización actual probablemente caiga aún más mientras haya más países que impongan restricciones a las exportaciones. Sin estas limitaciones, hubiese sido inconcebible la caída tan brusca en el comercio de granos luego de cosechas mundiales récord.

         Los países que limitan las exportaciones esperan reducir el almacenamiento, el cual podría aumentar aún más los precios. India ha puesto límites a los stocks que cada comerciante puede almacenar.

         Pero los países que imponen controles a las exportaciones, en efecto, se han hecho acaparadores ellos mismos, creando una escasez artificial en el mercado mundial y un precio internacional artificialmente alto. Los agricultores saben lo que sus cosechas valen en el mercado mundial, entonces ellos exigen mayores precios en su país. Y así sucesivamente…

         Esto tiene extrañas semejanzas con la Gran Depresión, cuando muchos países usaron medidas proteccionistas para resguardar empleos domésticos y simultáneamente devaluaron sus monedas intentando empujar hacia arriba las exportaciones. Incluso la Gran Depresión se agravó gracias a lo que John Maynard Keynes llamó la falacia de la composición.

         Si un solo país impone la protección de las importaciones y la devaluación de la moneda, esto puede, temporalmente, aumentar los empleos. Pero a nivel global, las exportaciones de un país son las importaciones de otro. Si todos los países reducen sus importaciones, sin ser conscientes, terminan por reducir sus exportaciones también. Y el desempleo aumenta.

         Hoy, cada país quiere reducir las exportaciones agrícolas y estimular las importaciones para reducir los precios. Pero si todos los países limitan las exportaciones, el resultado será una disminución en las importaciones mundiales y un aumento en los precios en lugar de una caída de los mismos.

         La solución del problema puede requerir una acción internacional coordinada. Después de la Gran Depresión, la comunidad mundial creó el Acuerdo Global sobre Aranceles y Comercio—que más tarde se convirtió en la Organización Mundial del Comercio—para negociar eliminaciones simultáneas de barreras a las importaciones por parte de los principales poderes comerciales. Esta colaboración acabó con los free riders y gradualmente se ganó la aceptación de todos.

         Las reglas de la OMC permiten las limitaciones a las exportaciones de alimentos. En la ronda de Doha de negociaciones comerciales, la OMC ha procurado reducir los subsidios agrícolas que causan la producción en exceso. Nunca anticipó que los controles de exportación pudieran crear escasez.

         Los nuevos acontecimientos podrían mejorar los prospectos de la ronda de Doha. Pero es necesario actuar rápidamente para superar el hambre. La OMC debería convocar una reunión de emergencia para que los países reduzcan conjuntamente las restricciones a las exportaciones. Incluso concesiones modestas podrían ser de interés para los exportadores, logrando que los precios mundiales caigan bruscamente y así aliviarían presiones en los precios domésticos.

         La terrible ironía es que la producción mundial de granos logrará un nuevo récord en el 2008. La gente tiene hambre y no es porque falte alimento.


Fuente: Cato Institute
 
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