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Año V Nro. 277 - Uruguay,  14 de marzo del 2008   
 

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Una agenda compartida
por Omar E. Rivera (Perfil)

 
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La política no es el arte de denigrar al opositor, pegar afiches y seleccionar los mejores jingles, sobornar dirigentes comunales o robarse elecciones, sino los esfuerzos por construir una propuesta que satisfaga el mínimo de demandas ciudadanas

          Dice Adela Cortina que “si la política debe ocuparse del bien común -y no es fácil determinar qué sea eso del bien común en una sociedad pluralista-, para conseguir una aproximación sería necesario al menos priorizar entre los bienes posibles, atenerse a la máxima de que lo primero es lo primero”.

          Si bien es cierto lo fundamental para un partido político es ganar las elecciones, no debería serlo independientemente de lo que esto implique; cuando del país se trata, eso de que “el fin justifica los medios” es para egoístas.

          La actividad política debe ser el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos que impactaran positivamente en una membresía o población; definiciones clásicas apuntan a definir política como el “ejercicio del poder” en relación a un conflicto de intereses.

          De tal forma que la política no es el arte de denigrar al opositor, pegar afiches y seleccionar los mejores jingles, sobornar dirigentes comunales o robarse elecciones, sino los esfuerzos por construir una propuesta que satisfaga el mínimo de demandas ciudadanas, el diseño de estrategias que permitan divulgar la misma y la conformación de alianzas que se integren al trabajo proselitista para persuadir a los votantes de respaldar las ideas centrales de la oferta electoral.

          Es la propuesta lo esencial, lo demás es accesorio (y se resuelve con marketing). Así que en el inicio de un nuevo proceso electoral los políticos hondureños deberían poner especial empeño en definir los elementos torales de su plataforma programática y no salir a la calle, como “Juana la loca”, pidiendo el voto en ausencia de una respuesta al cuestionamiento de para qué se lanzan al ruedo electivo.

          Y mucho progresaríamos en Honduras si el debate fuese en torno al cómo hacer las cosas y no alrededor de qué cosas hacer; es decir, la clase política debería consensuar una serie de problemas a los cuales atacar, y dejar que fluyan sobre la mesa del debate político las propuestas sobre los mecanismos, proyectos y programas. Debemos ponernos de acuerdo sobre que es lo básico, como dice Adela Cortina “lo primero es lo primero”.

          Grandes naciones lo han hecho y han tenido éxito.

          Por ejemplo, cuatro grandes acuerdos los políticos de todos los partidos deberían tomar: a) una justa legislación electoral, b) una reforma al sistema educativo, c) un sistema económico basado en al Economía de Mercado, d) la despolitización de los operadores de justicia, y e) reducir la pobreza.

          Debemos volver efectivos los acuerdos destinados a elevar la capacidad técnica del Tribunal Nacional de Elecciones (TSE) y del Registro Nacional de las Personas (RNP), reglamentar la práctica del Plebiscito y del Referéndum, democratizar el acceso a medios de comunicación durante las campañas electorales, no limitar la participación de los individuos por el hecho de no pertenecer a un partido o corriente política, crear un sistema de fiscalización de la financiación y crear los Distritos electorales.

          Una educación de calidad es requisito fundamental para el desarrollo de las habilidades y destrezas de los habitantes de un país; es el ser humano la razón de ser de toda acción publica o privada, en consecuencia, elevar el nivel de conocimientos de los hombres y mujeres del país es una tarea prioritaria. En tal sentido la reforma al sistema educativo nacional en procura de mayor calidad debe ser un componente esencial de este gran pacto social que la historia nos demanda.

          Debemos sustituir el deficiente y corrupto sistema mercantilista parasitario que impera en el país por una Economía de Mercado que garantice la competencia, proteja al consumidor y respete la propiedad privada; debe existir un pacto que le apueste a la productividad, un acuerdo tripartito entre los trabajadores y los inversionistas, actuando el gobierno como garante del respeto a la Ley y los derechos de los obreros, campesinos, industriales y empresariado en general.

          Los policías, fiscales y jueces tienen que ser personas que no respondan a los dictados de un dirigente político o que le rindan honores a un partido político; debemos pactar la despolitización de todos los operadores de justicia, empezando por evitar el reparto de posiciones a la hora de integrar la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Publico y las dependencias policiales.

          Finalmente, debemos apostarle a reducir la pobreza, garantizando el acceso a activos productivos a las zonas mas deprimidas del país, poniendo especial atención a los segmentos poblacionales históricamente marginados, verbigracia, niños, jóvenes, mujeres, personas con retos especiales, Adultos Mayores e indígenas y negros. La Estrategia para la Reducción de la Pobreza (ERP) debe ser un instrumento de combate a la miseria que todas las fuerzas políticas deben respaldar.

          La clase política nacional debe suscribir un pacto social, económico y político, que garantice el desarrollo de Honduras, al margen de que en la Casa Presidencial o en el Congreso Nacional se tenga mayoría liberal, nacionalista, democristiana o socialdemócrata o udeísta.

          Debe existir una agenda compartida en lo general, aunque en lo particular se tenga algún desacuerdo por los métodos a utilizar para lograr los grandes objetivos nacionales.

          Ya se está escribiendo el prólogo de este nuevo capítulo electoral en Honduras, y todos debemos exigir a la clase política un acuerdo encaminado a –como decía Carlos Roberto Flores Facusse en tiempos del huracán Mitch- “empujar todos en la misma dirección”.


Fuente: Relial
 
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