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Año IV - Nº 251
Uruguay,   14 de setiembre del 2007
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Alberto Scavarelli

La colonización de nuestro campo 

por Dr. Alberto Scavarelli (*)
 
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            El pasado miércoles votamos en Cámara el proyecto de ley referido a la población de la campaña, desde el batllista y solidario instrumento del INSTITUTO NACIONAL DE COLONIZACION.

            El Uruguay supo tener antes que nadie, por creación de Don José Batlle y Ordóñez, dos opciones en un mismo escenario. Se podía elegir entre el financiamiento de la vivienda,  y el área de fomento de la colonización rural. Dicho de otro modo, se facilitaban líneas de crédito  para la compra financiada y accesible de la vivienda familiar o del local para un pequeño emprendimiento comercial o productivo por un lado, mientras que   desde el otro extremo del largo mostrador, se concedían los créditos para la colonización de tierras ordenadamente dirigido, como forma eficiente de fomentar la población y el afincamiento imprescindible en el campo, de gente con vocación de producción rural.

            Con el tiempo esos institutos se separaron y tomaron vida propia. El Banco Hipotecario del Uruguay, con su viejo departamento Financiero de la Habitación , que junto a la llamada Ley Serrato, permitieran a la generación de nuestros padres y abuelos, comprar su primera casa propia. Por otro lado nacía como institución diferenciada el Instituto Nacional de Colonización, que tanto valoramos como instrumento de desarrollo productivo en el área rural, apoyado por un Banco República actuando como banco de fomento y MEVIR con el noble propósito y esforzado trabajo para erradicar   la vivienda rural e insalubre de nuestra campaña.

            Hoy es tiempo de reflotar políticas de vivienda que permitieron a los uruguayos encabezar, la nómina de países con mayor porcentaje de propietarios   en América del Sur. Un signo de estabilidad y de consolidación ascendente para llegar a la construcción de la llamada clase media, que en Uruguay siempre ha sido de enorme permeabilidad. Un propósito que debe ser un verdadero objetivo nacional permanente, una política de estado más allá de los gobiernos de turno, y cada uno haciendo el máximo que las circunstancias le permitan.

            Esto ha sido históricamente así porque los uruguayos para salir de la pobreza y ascender en la escala "socio-económica," solo precisamos trabajo estable y justamente remunerado. Somos sin duda una sociedad gestada desde nuestro propio y solidario esfuerzo y con un nivel de compromiso mucho mayor que lo que habitualmente se dice o reconoce, más allá de nuestros defectos   y áreas a perfeccionar, que como en toda comunidad, son siempre muchas.

            La radicación en el campo hoy más que nunca, requiere estímulos claros que permitan a la gente tener una vida próxima a las condiciones que puede tener en el medio urbano.

            Energía eléctrica, telefonía, transporte, vías de comunicación todo el año, acceso razonable a centros de salud, educación y la posibilidad de acceder a modos de comunicación informática que permitan romper el aislamiento y mantener la capacidad de desarrollar su actividad a esta altura de los tiempos.      

            Puede parecer demasiado ambicioso poner Internet entre los servicios a proveer, pero el esfuerzo -estamos convencidos- debe también estar en esa dirección si es que realmente queremos, como dice el proyecto de ley, se priorice el afincamiento rural de jóvenes con hijos en edad escolar. Más allá de coyunturales circunstancias, el propósito debe ser justamente la elevación de miras soñando con un mañana mejor. Lo importante es tener claro el horizonte para no quedar   mirando solamente el escalón inicial.

            La colonización con el apoyo educativo y cultural que la promueva, es un formidable instrumento para derrotar la pobreza, el desempleo y el sumergimiento en modos de vida que debemos entre todos superar, pensando en el futuro. Una forma de promover trabajo, producción y crecimiento real del país y su producción, como sustento de la superación personal y de la comunidad.

            En ese sentido propusimos, y fue votado unánimemente en Cámara, un artículo adicional al proyecto de ley en curso, que pretende atender esta perspectiva de progreso   humano y de consolidación de una actividad rural a la altura de los tiempos.

            Por ese artículo, votado por todos los partidos, en un hecho bastante inusual cuando se discute un proyecto en Cámara, se deja la iniciativa al Instituto de Colonización para que solicite a la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, para que esta desde su privilegiado posicionamiento institucional, promueva las acciones que permitan proveer esos servicios a los colonos, que por imperio legal estarán dedicados a la esencial actividad agropecuaria en el país, más allá de los grandes emprendimientos   de mega dimensiones.

            Se trata de buscar el necesario y garantista equilibrio entre el colono y el productor en unidades productivas de tamaño razonables,  con la importante producción  en enorme superficies que hasta hace pocos años atrás eran impensadas, en áreas como las de forestación y granos por ejemplo. Debemos promover como nación el afincamiento rural, del que la colonización sin ser el único, es un formidable instrumento.

            Desde los debidos apoyos técnicos y crediticios sumados a controles de efectiva radicación y producción, será posible el desarrollo de vocaciones que han sido el cimiento de nuestra economía productiva, desde el tesón y el sacrificio que las madrugadas, el frió o el sol agobiante imponen a quienes   producen y sostienen la producción, la agroindustria, pilares de la exportación y el alimento de los uruguayos.

            Deberán resurgir los créditos para la utilización de maquinaria  y estimular el uso compartido de equipos si fuera posible generar esa cultura. Desde nuestra concepción batllista para este siglo XXI,   se trata de volver al principio, solidario y esencial de facilitar el afincamiento rural para mucha más gente que legítimamente adquiera la tierra y la trabaje, respetando el derecho de todos. Estimular el crecimiento nacional desde bases sólidas, en medio de esta inédita bonanza internacional de nuestros precios agropecuarios de exportación, nos impone fomentar la industrialización y la inversión productiva, so pena de arrepentirnos luego cuando ya a casi nadie importe, de quien fue la culpa o la falta de mérito, por haber dejado pasar esta oportunidad que no reconoce antecedentes.

            Es muy bueno que el sistema político vuelva a mirar hacia el Instituto de Colonización como instrumento válido, por eso la sincera alegría de participar en este proyecto de ley, en largas horas que dan razón de ser a la vocación política desde el difuso, deliberativo y siempre complejo escenario legislativo. En definitiva se trata de instrumentar la superación de una visión de lo urbano y lo rural como antagónicos y salir de esa confusión según la cual, para ir al   interior del país, desde Montevideo absurdamente se dice, que se va para afuera.

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