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Año V Nro. 312 - Uruguay, 14 de noviembre del 2008   
 

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Helena Arce

El próximo presidente de USA:
Dr. Barack Obama

por Helena Arce

 
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         El 4 de abril de 1968, en Memphis, hace más de 40 años, caía el Rev. Martin Luther King Jr., víctima de la intolerancia y el fanatismo. Curiosamente el 4 de noviembre de 2008 se cumplían exactamente 40 años y siete meses de su fallecimiento.

         Habían pasado más de 100 años desde aquel 09 de junio de 1862, donde el Senado de Estados Unidos votó la ley de abolición de la esclavitud. Esa ley cuyo principal referente es Abraham Lincoln, contaba con un gran apoyo popular, puesuna votación mayoritaria -1860- de estados abolicionistas lo  llevaron a la presidencia. Decía en ese entonces Lincoln: “La casa dividida debe perecer, dice el Evangelio. Yo creo que esta nación no puede continuar la mitad esclava y la mitad libre. No temo que caiga la casa, pero sería aún peor que acabara dividida. O debe ser toda ella esclava o será toda ella libre…" En 1865 fue asesinado Abrahan Lincoln, sin embargo la semilla de libertad que sembrara rindió frutos y se fortaleció la convicción de la necesaria abolición de la esclavitud, particularmente en los estados del norte. Tres años después, en 1868, La Unión otorgó a los negros libres, el derecho de ciudadanía y de voto. Sin embargo la lucha por los derechos humanos es aun más vieja, hacia 1832, se creó, en Boston, la Sociedad para la abolición de la esclavitud y más tarde se formó el partido abolicionista, cuyo objetivo era luchar a favor de la liberación de los negros. Si bien en 1862 se votó la ley, la  unión norteamericana se vio dividida en dos partes: los del norte, cuya economía se basaba en la industrialización, partidarios de la abolición y los del sur, eminentemente agrícola, defendían el esclavismo por ser el régimen que les permitía tener esclavos necesaria mano de obra para sus plantaciones, siendo esta una de las principales causas de la guerra de secesión, si bien no la única. 

         Al terminar la guerra fraticida, se logró al fin la abolición total de la esclavitud, sin embargo esa abolición fue más de derecho que de hecho. Pues la sociedad civil en si misma no la había hecho carne, también existían reglamentaciones, usos y costumbres que dividían la vida de los estadounidenses según el color de su piel, como ocurría hasta hace muy poco, en Sudáfrica con el apartheid. Más de 100 años después, aun los negros debían sufrir la cruel segregación en su país, que los dejaba en inferiores condiciones frente a los blancos. Así el Rev. King afiliado a las teorías de desobediencia civil de Thoreau e inspirado sin lugar a dudas en Ghandi y en su lucha pacífica contra el Imperio Británico, se afilió a la lucha de los Derechos Civiles por medios pacíficos. En 1963 había pronunciado su célebre discurso en el Lincoln Memorial donde terminó el mismo diciendo: Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño "americano". Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales. Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño!”  En esas épocas el país del norte tenía un Presidente proclive a defender los derechos civiles de todos sus conciudadanos sin distinción, caería él en el  magnicidio más impactante del siglo XX, y pocos años después su hermano, candidato triunfante a Presidente por la interna de su mismo Partido Demócrata. John Kennedy (23/11/1963), Robert Kennedy (6/6/1968), defendían los mismos ideales y mantenían excelentes relaciones con el Pastor King.  Sin duda no haya sido la causa detonante del asesinato de los hermanos Kennedy su propulsión a terminar con la exclusión, pero en el contexto de su ideario estaba enmarcado.  Posiblemente algún día se sepa la verdad sobre estos asesinatos, o sea los nombres y apellidos de quienes los concibieron, más allá incluso de los autores materiales, sin embargo su clara intención de dar un drástico giro al  funcionamiento del sistema no cabe dudas al día de hoy, fueron los detonantes.

         Mucho ha cambiado la sociedad estadounidense de la época a través de los años, mucho esfuerzo han realizado, los cupos obligatorios por los cuales mediante la discriminación se luchó contra la misma, ha logrado que hoy se vean sin sobresaltos altos funcionarios de gobierno de piel negra (Condoleezza Rice; Colin Powell por nombrar algunos), ni hablar incluso de actores y músicos famosos. Existen igual aun enraizados en algunos estratos de la sociedad, la arbitrariedad de algunos ya no solo contra la gente de color distinto en su piel, sino por su lugar de origen o su religión. Aun recuerdo las recomendaciones de nuestros guías (uruguayos) en 1983, cuando nos preguntaba la gente de donde éramos que contestáramos españoles, pues nos tratarían mejor a si dijéramos la verdad.

         Sin embargo, este triunfo de Barack Obama elegido como el futuro Presidente de los Estados Unidos, arrollador en cuanto a los resultados nacionales, imponiéndose con un 53% de los delegados, y el 60% de los votos populares, en este intrincado sistema electoral que nos cuesta un poco entender, pero que deja claro la clara victoria del candidato demócrata, considerando además que sus votos en un 60% son de blancos, nos habla claramente de cómo ha sido superado por la mayoría de la población de ese país el desprecio hacia las personas de color. Recuerdo cuando su nombre aun no era conocido internacionalmente, antes que comenzaran las internas en ese país, escuché a un analista político en la CNN manifestando su opinión sobre él. Decía que si bien no estaba claro si tendría chance, se percibía un claro magnetismo entre él y su auditorio,  como no se notaba desde la época de John Kennedy. La pregunta que se hacía era si la sociedad americana estaba pronta para llevar un negro a la Casa Blanca.

         Hoy más allá de los reales motivos por los cuales fue votado, si por su propuesta, si por estar en las antípodas del actual mandatario estadounidense, o por el motivo que sea, que no me corresponde a mi analizar, pues no tengo sin lugar a dudas los elementos necesarios para poder dar una opinión al respecto, resulta claro que en Estados Unidos no es un impedimento el color de la piel para lograr salir adelante. Mucho se ha especulado sobre si es negro negro, o medio negro, o si no refleja la realidad del pueblo negro traído oprobiosamente a América durante las épocas de la esclavitud. Sin embargo se puede percibir, aun desde el sur de América del Sur, que el electo Presidente no se presentó a las elecciones como el candidato “negro”, o “afro americano”, como está de moda llamarlos y en lo personal me disgusta profundamente. Me disgusta pues a mi no me gusta que me digan “europeo americana”, yo soy uruguaya y sudamericana, con orgullo, y mis conciudadanos lo son,  sin importar de donde vienen ni el color de su piel, ni la religión que profesan. Pero bien, se ha percibido durante toda la campaña, que se ha postulado como una “persona” que representa un cambio, y eso ha votado la sociedad americana.

         Si ese cambio se realizará, si será bueno o no, lo dirán los futuros años. Hoy lo importante es aquello que se refleja en las propias palabras del Dr. Barack Obama en su discurso: “ Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta” “Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

         Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.

         En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un New Deal, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes. Sí podemos.

         Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada. Sí podemos.

         Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos". Sí podemos.

         Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.

         Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

         “Sí podemos.”

         Por ello aprendamos toda ésta lección, que hoy nos da el pueblo estadounidense, se puede cambiar un gobierno que no nos satisface, se puede luchar en paz y democráticamente para ello, se puede realizar una campaña donde sin golpes bajos pueda incluso vencerse los prejuicios, se puede conquistar el voto de la ciudadanía mostrando justamente el logro de los sueños más grandes de cada uno de sus integrantes.

         Barack Obama es un distinguido abogado quien llegó a senador y estudio en Harvard, sin embargo es hijo de una familia de clase media, con el agregado de pertenecer a una minoría étnica, casado con una hermosa y distinguida mujer de la misma minoría, quien también salió de la clase media pero además de ser su esposa y madre de sus hijas, es una profesional. No dieron golpes bajos para lograr los votos, no solo por su comportamiento hacia sus adversarios, sino pues tampoco se presentaron como los prototipos de negros de pandillas, al contrario muestran como siendo negro se puede ser un ser humano normal, graduarse en las universidades más prestigiosas de su país y llegar a ocupar la primera magistratura.

         Leo lo que escribí arriba y me llamo la atención a mi misma por haber puesto: “como siendo negro se puede ser un ser humano normal”, es que lo son. Así como lo son los pobres, el tema es que cada persona debe estar convencida de ello y no permitir que nadie lo minimice, lo haga sentir inválido a la hora de su progreso personal. Como bien dijo el Dr. Obama en su campaña: “Les pido creer, no solo en mi capacidad de cambiar la manera de hacer política en Washington, sino en su capacidad de hacerlo conmigo” Algo similar a la propuesta de los sesenta de John Kennedy:  “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”.

         Sería bueno que aquí en el sur de América del sur, aprendiésemos la lección que hoy recibimos desde el norte.  “Si se puede.”

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© Helena Arce para Informe Uruguay
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