Mil
cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo.
Sucesos jocosos, de irresponsabilidadtonterías,
en fin, aconteceres que palpitan sentimientos
y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe,
y en la historia siguiente somos infractores,
representamos la inocencia y al instante conformamos
el personaje que ha transgredido disposiciones
superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo
de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero.
Las cosas sucedieron y así las contamos.
Aquí van mis historias, muy sencillamente
narradas, en las que me tocó intervenir
en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales,
a veces son nombrados pero muchas veces he preferido
dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos,
totalmente seguro de que al leerlas, cada uno
de ellos verá y comprobará la sinceridad
de mis narraciones. |
LA
MANCHA ACUSADORA
- Pase,
joven, me indicó muy amablemente la señora.
Yo debía entrevistar a su esposo y él
enseguida me atendería.
Era en el Paso Molino, una casa muy humilde pero muy
ordenadita y decorosa. Me dejó solo, sentado
junto a la mesa del comedor, deposité mi libreta
y mi Parker que hacía poquitos días me
habían regalado, sobre ella y no pude menos que
observar el entorno.
Un primoroso mantel blanco, níveo, tejido en
crochet, de aquellos que siempre fueron el orgullo de
nuestras abuelas y que presentaba unas espléndidas
flores grandes, delicadamente diseñadas. La lapicera
estaba sin su capuchón, por mi costumbre de llevarla
en la mano, y sin que yo me diera cuenta, se enganchó
la pluma en uno de los hilos almidonados del mantel.
Tal vez pasaron dos minutos pero me quise morir cuando
vi la mancha de tinta sobre el mantel. ¿Qué
hago?, pensé a toda velocidad... quería
escapar de allí, pero también quería
dar las explicaciones del caso. Como primera medida,
tomé un cenicero grande de cerámica que
estaba allí cerca y cubrí aquella mancha
acusadora, tratando de ganar tiempo y pensar...
- Ya vuelvo, señora, dije en voz alta,- voy hasta
el comercio de al lado para recoger otra información
...sentí que me decía:
-...Vaya nomás.
Cuando volví, porque lógicamente yo tenía
que volver, no acepté de ninguna manera la idea
de borrarme, me atendió el esposo y también
me hizo pasar. Aprovecharía para confesarme...
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Quedé
lívido y casi me caí de espaldas cuando
vi el cenicero en su lugar original... y allí,
aquella enorme mancha que me rompía los ojos
y el corazón. El señor no me dijo nada...
hablamos...y finiquitada mi tarea le pedí que
llamara a la señora...tenía tantas faltas
cometidas simultáneamente que no sabía
por cuál comenzar...era muy dura mi situación,
pero yo quería dar la cara.
- Señora,- dije, y sentí que la vergüenza
me llenaba los ojos de lágrimas... – quiero que
sepa que no quise ocultar la mancha al taparla con el
cenicero, no quise huir al salir casi corriendo...yo
sé lo que vale su mantel...es tan bonito...permita
que yo lo lleve a mi casa...y lo hago lavar y planchar...(qué
estaba diciendo, mira si me va a dar el mantel)...Por
favor señora, le dejo mi reloj... mi lapicera
delincuente...
- Vaya tranquilo, joven, no se preocupe, yo lo arreglo.
Cuando había ya pasado todo, yo me reía
de mí mismo porque recordé que salí
reculando y haciendo reverencias, tal vez una forma
inconsciente de demostrar mi arrepentimiento.
La pobre mujer, y con toda la razón del mundo,
debe estar furiosa conmigo hasta el día de hoy...
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