Restaurante
Uruguay
busca adicionista
por
Germán Queirolo Tarino
Los
cambios en la cocina política vistos un tanto
en broma
El
conocido Restaurante Uruguay, ubicado en la privilegiada
esquina de Uruguay y Río de la Plata, busca
un adicionista para ocupar la caja durante la próxima
administración.
Se
comenta en círculos gastronómicos, que
existen negociaciones para que el conocido centro
gastronómico, pase a manos de nuevos dueños
a partir de Marzo del año 2005.
Según
fuentes allegadas al actual propietario, -último
de una familia que durante cien años manejó
el negocio con importantes aciertos llevándolo
a ser uno de los más populares del barrio,-
estaría un tanto harto del negocio, ya que
a pesar de darle un imprevisto giro en su menú
y decoración, así como importantes reducciones
de personal, que lo transmutaron su ambiente íntimo
y cálido en un centro de fast food muy a la
moda de la región, los comensales han optado
por otros restoranes, incluso bastante alejados de
la zona, donde se sirven comidas exóticas como
la española, mexicana, etc.
El
Restaurante Uruguay, que otrora fuera una de las más
destacadas parrilladas de la aldea global y donde
buena parte de los habituales parroquianos se sentían
satisfechos tanto con la atención como con
el menú, ha devenido a restaurante vegetariano,
sirviendo especialidades basadas principalmente en
el arroz, los tallos de acelga, los papines fritos
en grasa y los fideos con aceite.
Tal
vez esta haya sido una de las más importantes
razones en la gran merma de la clientela ocurrida
en el transcurso de los últimos años.
De
el extenso menú a la carta en el que se incluían
platos tan variados como el puchero a la española,
el chupín de pescado, el pollo al horno con
papas y los típicos platos provenientes de
la parrilla, con precios módicos y atención
casi personalizada, se ha pasado a un menú
monocorde y exiguo, consistente en variaciones realizadas
principalmente con vegetales, pastas y platos en base
a grasa picada matizada con alguna ocasional miga
de carne al que el administrador, eufemista de indudable
talento, denomina “picada común”.
La
bebida de consumo obligatorio, es un vino rosado bastante
aguachento que jamás ha tenido contacto alguno
con una uva.
Los
tiempos de los finos vinos blancos, de rancia estirpe
y firme carácter, así como de los vinos
tintos, más populares y provenientes de las
vides de los italianos de la perifieria, quedaron
atrás remplazados por esa mezcolanza barata
vendida a bajo precio.
Los
tres o cuatro platos, que se repiten insistentemente
en el menú, ha llevado a los comensales, aún
a los menos exquisitos, a buscar mejores opciones
fuera del barrio.
La
atención por otra parte, también ha
sufrido importantes cambios en los últimos
tiempos y ni que hablar de los precios que se han
incrementado en forma harto notable para satisfacer
las demandas de los proveedores.
Tiempo
atrás, no había ningún restaurante
en el barrio Latinoamérica, que contara con
una atención tan personalizada para todos sus
clientes, sin importar su condición social
ni sus posibilidades económicas.
Los
comensales eran atendidos con estudiado esmero desde
que el tío abuelo del actual propietario, advirtió
que para competir adecuadamente en ese rubro tan exigente,
debía priorizarse el confort de los clientes
y actuó en consecuencia.
Lejos
de ser un establecimiento lujoso, Uruguay se destacó
por atender adecuadamente a un número más
bien bajo de clientes.
Así
fue que nació el slogan publicitario que durante
seis décadas simbolizó al establecimiento:
“Como el Uruguay no hay” Este letrero, largamente
vinculado a la familia propietaria, está arrumbado
en el cuartito del fondo, lleno de óxido, algas,
líquenes e incrustaciones orgánicas
debidas al abandono.
Actualmente,
el legendario restaurante, se ha convertido en un
local de comidas rápidas, que atiende a los
comensales ponto y mal con escaso personal y recursos
mínimos.
Mientras
el dueño alternativamente pasa del llanto a
las disputas con sus colegas, el administrador interviene
permanentemente en la cocina, negándole recursos
al chef e instándolo a reducir costos.
Así
es que los clientes otrora atendidos por meseros dedicados
y atentos, que solían conversar con los clientes,
interesándose por su salud, su educación
y su bienestar, ahora deben hacer largas colas con
una charola de metal entre sus manos, para esperar
que se les sirva su cotidiano plato de fideos o arroz,
a la vez que permanentemente el precio del cubierto
les resulta más y más oneroso.
Paradójicamente,
como si se tratara de un ambiente decorado por un
demente, las comidas son servidas en un ambiente de
penumbras, alumbrado con tímidas velas sobre
el mostrador, y caldeado malamente con ladrillos calientes,
colocados estratégicamente cerca de los pies
de los comensales.
Los
servicios ofrecidos han sido altamente diferenciados
en base al poder adquisitivo del cliente, y sólo
gozan de esmerada atención, los comensales
provenientes de los barrios elegantes que usufructúan
el “Salón Carrasco”, que cuenta con varios
mozos para cada mesa, vigilancia privada en la puerta
y vista al mar.
Cabe
destacar, que también reciben una atención
especial, aunque de elevados costos, los clientes
del Restaurante Argentina, sito en vereda de enfrente,
sobre la calle Río de la Plata, que cierra
durante los meses de verano.
Llegados
a este punto y convencida de la inviabilidad del proyecto
comercial, la familia propietaria del local ha hecho
reiterados intentos por rematarlo, pero la oposición
de clientes y el personal, que con reiteradas votaciones
ha impedido el que se concretara la subasta, -aunque
no evitó que algunos de los servicios prestados
a los clientes-, pasaran a manos de terceros a la
vez que otros fueran directamente suprimidos.
Es
por eso, que no parece nada extraño, que el
rumor que corre sobre la venta definitiva del restaurante,
que durante tantos años perteneció a
la Familia Batlle, se concrete en los próximos
meses.
Las
nuevas propuestas:
Tres
empresarios están interesados en la adquisición
del local gastronómico, aunque según
hemos podido saber luego de exhaustivas investigaciones,
sólo dos de ellos contarían con la suma
de dinero necesaria para llevar a cabo la operación.
Hasta
ahora, nuestros sondeos indican que quien está
más próximo a concretar el el negocio
es el popular chef T. Vázquez, quien propone
el retorno a las viejas tradiciones de atención
personalizada, que para algunos de sus competidores
tanto internos como externos, están perimidas
por su elevado costo para la empresa.
Consultado
por nuestro medio, el aspirante afirmó:
“Creemos
que por más que buena parte de los clientes
se haya ido en busca de otros rumbos, no es imposible
presumir que retomando nuestro menú tradicional
a base de carne, atendiendo debidamente a todos los
clientes y equilibrando la atención”
“Nuestro
problema es el adicionista. Estamos buscando una persona
centrada, que aunque no sea absolutamente leal a nuestro
proyecto, tenga una imagen aceptable tanto para clientes
como para proveedores.”
“El
dueño anterior comprometió bastante
el patrimonio de la empresa, por lo que el adicionista,
-que además deberá ser administrador-,
tiene que tener buenas cualidades negociadoras, tanto
para que los clientes no me lo miren torcido como
para que los proveedores no nos cierren el crédito”.
“Habíamos
pensado en el Gallego Iglesias, que tiene una importante
trayectoria así como un currículo impecable,
y que por otra parte ya ha trabajado anteriormente
en este mismo local.“
“Pero
como se encuentra trabajando para una cadena internacional
de proveedores, hemos decidido no hacerle propuesta
alguna de momento. Nos sirve más donde está,
ya que el Restaurante Uruguay mantiene importantes
adeudos con la cadena en la que el Gallego presta
servicios.”
“obviamente,
tenemos entre nuestro círculo de amigos, otros
administradores versados, pero los proveedores no
miran con confianza a la gran mayoría de ellos.
Por eso pensamos que optaremos por Danilo, con quien
hemos tenido en el pasado, en el presente y en el
futuro, algunas diferencias mínimas, chiquitas,
ínfimas, en lo que se refiere a la óptica
empresarial pero que tiene extensa fama de buen pagador
y no está mal mirado tampoco por los clientes.“
“A
diferencia de otros administradores, Danilo es también
un chef aficionado, contándose entre sus más
maravillosas creaciones culinarias, platos como los
“Nicolinis Envueltos”, las “Ancaparras asociadas con
salsa brasilera” y su última creación,
los “Proyectos fritos”
Su
abuso de una salsa de su invención llamada
“nibola al frente” lo ha expuesto más de una
vez a críticas, y otro tanto le ha generado
su preferencia por el “Vino Ajoder” en su variedad
rosada que bebido en demasía genera no pocos
dolores de cabeza a sus amigos, seguramente por exceso
de añejamiento.”
“Con
estos excelentes antecedentes como chef, confiamos
en mantenerlo lo mas lejos posible de la cocina”,
nos confesó el candidato con un gesto ambiguo
en el que se mezcló una amplia sonrisa y un
par de lagrimones.
Salinas
15 Julio de 2004.