| TRES
HISTORIAS DE TRES EMIGRANTES
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por
Graciela Vera
Periodista independiente
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Dijimos
que no es fácil ser inmigrante en España.
Las
historias de tres latinoamericanos no hacen más
que confirmar que cada día hay más trabas
y que las ilusiones muy pocas veces se consolidan
en realidad.
Emigrar
para encontrarse en una situación igual o,
como es muy común, más mala que la que
teníamos en nuestro país no es lo que
se busca cuando se arriesga al desarraigo que todos
sabemos conlleva toda inmigración.
Manolo
es ecuatoriano. Tendrá unos cuarenta años.
Se va muy pronto de regreso a su país. Nos
dice que no soporta más. Hace tres años
que está luchando por conseguir papeles que
le permitan perder el miedo permanente a ser descubierto
como ilegal.
Daniel
y David son hermanos, colombianos, no pueden volver
porque se endeudaron para costearse el viaje a España
y a más de seis meses de estar acá no
han podido pagar nada de aquella deuda.
A los
tres los conocimos a través de una ONG que
como puede, ayuda a los sin papeles tratando de guiarlos,
de evitar que caigan en las manos de inescrupulosos
que lucran con la desesperación y disimuladamente
ofreciéndoles changas que malamente les permita
subsistir en una sociedad que cada ve habla más
de integración y cierra más las puertas.
YA
NO ME IMPORTAN LOS PAPELES
Es
Manolo el que habla. Nos cuenta que vino para ayudar
a su familia. La idea, como la de la mayoría
era primero enviarles dinero y luego si todo salía
como él había soñado, traerlos
a España; al país que le habían
hecho creer que podía ser la solución
a las carencias económicas que debía
soportar en Ecuador.
"Me
voy; ya no me importa si me dan los papeles, ya no
me interesan… hace tres años que no veo a mi
hija… hace tres años que no veo a mi mujer…
a mis padres… sólo he sentido menosprecio…ya
no me importan los papeles".
Y en
esa repetición, en ese ya no me importan está
la prueba de que sí, que importan pero hay
demasiado dolor, demasiada humillación.
Lo
comprobamos. Dos actitudes que no le serían
recriminadas a un español le fueron enseguida
echadas en cara por ser ¿diferente?; simplemente
un inmigrante ecuatoriano.
No
sabemos si se encuentra aún en España.
No sabemos si "la changa del domingo" le
permitió enviarle a su hija los cincuenta euros
que soñaba con poder hacerle llegar. Tampoco
sabemos si realmente de quedarse no conseguirá
los papeles.
PENSÁBAMOS
QUE PODRÍAMOS ESTUDIAR
"En
mi país daba clases; soy profesor y pensé
que aquí podría seguir estudiando".
Daniel
nos dice que es profesor, que en su país se
gana muy poco y su madre estaba aquí desde
hacía algún tiempo y le entusiasmó
para venirse.
Él
y su hermano pidieron el dinero que necesitaban para
emprender el viaje y hacer todos los trámites
"porque para venir desde mi país se necesita
obtener una visa".
David
ha estudiado inglés y también es bachiller.
Cualquier persona que como él domine muy bien
el idioma de Shakespeare en España puede ganarse
la vida como traductor. Y al decir ganarse la vida
decimos tener un sueldo superior a la media de los
sueldos buenos.
Los
dos pensaban que podían seguir estudiando.
"Trabajar y estudiar, para eso vinimos".
Ni una cosa ni la otra. David para ganarse la vida
como traductor debería homologar el título
de inglés. Imposible sin tener la residencia
otorgada y sin esos papeles tampoco pueden inscribirse
para estudiar en la Universidad.
TRABAJAR
COMO ILEGALES
Saben
lo que es trabajar contratados como ilegales. Daniel
es el que ha llevado la peor parte y nos la resume
en pocas palabras.
"Hasta
hace quince días trabajaba en la recolección
de aceituna en Jaén. El patrón sin querer
me hirió con una piedra… la tiró hacia
atrás y me pegó en el labio… aquí…
tengo tres puntos pero lo malo es que me quedé
sin trabajo".
No
nos extraña lo que nos dice. El hecho fue un
accidente pero la lesión que requirió
atención médica puede dejar en descubierto
al empresario que contrata inmigrantes ilegales.
Se
les paga menos. Se les exige más y no tienen
derecho a reclamo.
Esto
le sucedió a Daniel. "No me pagaron… no
me dieron ni un euro… quise denunciar y el patrón
me dijo que si lo hacía no iba a trabajar en
ningún otro lado… consulté un abogado
y me dijo lo mismo… que al patrón le iban a
cobrar una multa pero a mi no me iban a dar ni un
peso y posiblemente tuviera problemas después
por no tener papeles… y además, que era muy
difícil que alguien contratara a un ilegal
que hace valer sus derechos".
Los
dos saben que como están las leyes en este
momento es muy difícil que puedan obtener los
permisos de residencia y trabajo. Los dos saben que
se les escapan los sueños de estudio y quizás,
los sueños de joven de tener su nombre inscripto
en una nómina que a fin de cada mes les permita
mirar el siguiente con optimismo y un camino que les
lleve al repinto universitario.
Almería
(el sur del norte) 30 mayo 2004