Protocolo
de Kyoto
Dos
lados de la historia
* Eduardo
García Gaspar
Quizá
la versión más común es la que dice que
el Protocolo de Kyoto salvará al mundo del calentamiento
global, a lo que suele añadirse que los EEUU son los
villanos de la historia por negarse a aceptar ese compromiso.
Ésa es la versión más común de
la historia, pero que lo sea no significa que se trate de
una verdad demostrada.
Siendo de
naturaleza escéptica, suelo dar la bienvenida a las
ideas que con información y razonamientos presentan
los lados opuestos de lo tomado como cierto. Por eso resulta
interesante una pequeña nota del Calgary Herald, del
15 de mayo y que llegó a mis manos gracias a un buen
amigo. Los datos principales de la nota reportan lo siguiente.
De acuerdo
a los datos del tratado mismo, en el caso de que todos los
países cumplieran con sus compromisos, el efecto neto
estimado sería una reducción de 0.07 grados
centígrados. El cambio es tan pequeño, que resultaría
difícil medir, me parece, además de tratarse
de pronósticos de modelos que no son perfectos. La
causa del bajo efecto es debido en buena parte a que a él
no están obligados China, ni India, naciones que producen
casi la mitad de las emisiones.
El problema
se complica con otro dato, el del costo de cumplir con los
compromisos que implica el tratado a los países comprometidos.
Existe un estimado de reducción de crecimiento para
EEUU de hasta 5 por ciento en su economía en 2010.
Esto dañaría a México como efecto colateral,
es decir, debe alegrarnos que ese país se negara a
firmar tal protocolo. Otros estimados calculan la elevación
de la gasolina en más de un 50 por ciento y de la electricidad
en más de 85.
El costo
es elevado para tan pocos resultados. Adicionalmente, el protocolo
presenta otro problema, que es el de no ser la única
manera de resolver problemas ambientales. Puede dedicarse
dinero a crear nuevas tecnología, lo que ya se está
haciendo en EEUU, dando créditos fiscales por ejemplo.
Se estás sembrando más árboles y usando
dióxido de carbono para elevar la producción
de pozos petroleros marginales, según ese periódico
canadiense.
Mi punto
no es tanto el atacar al Protocolo de Kyoto como el mostrar
que en casi todos los asuntos de la política y las
cuestiones humanas, existen al menos dos lados en la historia.
Y que inclinarse por uno sin haber oído el otro es
un error común, demasiado común. No hace mucho
que la carta de un lector a un periódico decía
que los EEUU eran los culpables de los cambios climáticos
por negarse a aceptar el tratado y que esos compromisos, de
realizarse, salvarían al mundo de una inevitable catástrofe.
Pues bien,
la cosa no es tan sencilla. Los resultados esperados de Kyoto
son extraordinariamente reducidos y tienen un costo elevado.
De entrada, por tanto, no puede verse como una buena inversión.
El protocolo no salvará al mundo, pero sí lo
puede meter en una crisis económica mayúscula,
con severos impactos en la elevación de la pobreza.
Sin embargo, en mi percepción, domina la opinión
de Kyoto como salvador del planeta y de los EEUU como el villano
de la película. Todo en una situación en la
que al menos puede decirse que las cosas no son nada claras.
Digo que domina esa percepción por una razón
principal entre varias: las posiciones políticas están
más sujetas a campañas de relaciones públicas
que a análisis profesionales y diálogos objetivos.
Es una desgracia
que no creo que pueda ser solucionada. Existen medios que
honestamente creen que Kyoto es la salvación y dan
prioridad a lo que lo apoya, sin publicar el otro lado de
la historia. También hay organizaciones de ese tipo,
como la ONU que promovió el protocolo y no va a ver
con facilidad los argumentos opuestos. El terreno de la ecología
es especialmente sujeto a este fenómeno que hace de
lado a los razonamientos científicos, como en el caso
de los alimentos genéticamente modificados.
En el fondo
está también un par de variables de importancia.
Una es eso que se ha llamado lo políticamente correcto
y que tiene como efecto el sostener opiniones aprobadas por
la mayoría y no por razonamientos ni análisis.
La otra es el acaloramiento del que son víctimas algunas
personas que confrontan datos y razonamientos opuestos a ellas
y que reaccionan con insultos y calificativos.
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