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Daguerrotipos,
fotografías y fotógrafos
Recopilación de Alvaro Kröger
Sobre
un texto de José María Fernández
Saldaña |
Si se han
de juzgar por las preguntas frecuentes que se hacen y por
las muchas consultas evacuadas sobre el asunto, existe una
gran confusión general no sólo respecto a lo
que podría llamarse época - o mejor - "reinado
del daguerrotipo" sino a lo que era el daguerrotipo en
sí mismo.
Se dice
de esta clase de fotografía primitiva una serie de
cosas inverosímiles, siendo corriente también
adjudicarles una absurda vejez antojadiza.
Un físico
francés Nicéforo Niepce dedicado desde 1814
a investigaciones y pruebas tendientes a fijar de algún
modo las imágenes, obtenidas en cámara oscura,
logró después de 10 años de trabajo solucionar
virtualmente el problema.
Asociado
al pintor Luis Joaquín Daguerre, pudo Niepce llevar
a terreno más práctico sus métodos y
luego su socio - muerto de muerte repentina el inventor -
tuvo la suerte, prosiguiendo en el camino de perfeccionar
el procedimiento heliográfico, de llegar hasta la obtención
de imágenes fijadas en claro oscuro sobre una placa
metálica.
El 9 de
enero de 1839 Arago anunció el descubrimiento en la
Academia de Ciencias de París y 5 meses más
tarde el estado francés mediante una renta vitalicia
de 6000 francos anuales asignada a Daguerre y otra de 4000
a favor del hijo de Niepce adquiría el invento haciendo
públicos de inmediato los métodos.
Bautizado
el invento por su perfeccionador con el nombre de daguerrotipo,
el descubrimiento tuvo una difusión rapidísima
en Europa y los Estados Unidos.
En América
del Sur fue al concluir el año 39 que se hicieron los
primeros ensayos en Bahía, luego en Río de Janeiro
y después en Montevideo a principios del 40.
Una corbeta
belga "La Oriental" que en función de "Colegio
Hidrográfico", viajaba por estos países
con un conjunto de muchachos rebeldes a la corriente disciplinaria
escolar fue la portadora del invento.
Cierto abate
Luis Conte, capellán de la original expedición
era el encargado de manejar uno de los nuevos y admirables
instrumentos de que estaba provisto el buque "destinado
a sacar con la exactitud que los caracterizaba las vistas
más notables de las ciudades y lugares que se debían
visitar".
El navío
arribó a nuestras playas en el mes de febrero, y aquí
como en Brasil el abate dispúsose a ilustrar el itinerario.
Decíase
Conte discípulo del propio Daguerre que le tenía
confiado las últimas perfecciones, instruyéndolo
de ciertos secretos del "modus operandi".
Aunque es
verosímil que se hubiese hecho algún anterior
ensayo en privado, la primera prueba oficial del daguerrotipo
se realizó entre nosotros la mañana del 29 de
febrero de 1840.
Hubo lugar
el experimento en el palacio del Cabildo, sitio de reunión
del cuerpo legislativo, en presencia de una selecta concurrencia
donde figuraba el vicepresidente de la República Luis
Eduardo Pérez, el presidente de la Cámara de
Diputados Manuel Basilio Bustamante, el Decano del Superior
Tribunal, miembros del cuerpo médico, cónsules
extranjeros, etc.
Dióse
comienzo a la tarea pulimentando con piedra pómez una
lámina de cobre plateada que debía recibir la
imagen y luego de lavarla con una solución acidulada,
calentarla y sensibilizarla con vapores de yodo - maniobras
hechas en la oscuridad - el abate la adaptó a la cámara
oscura previamente enfocada hacia la Iglesia Matriz frente
por frente al Cabildo y bañada totalmente por el sol.
Un cuarto
de hora duró la exposición.
Pasando
luego a las prácticas de la revelación y fijación
a base de vapores de mercurio y baño de hiposulfito,
Conte "ofreció a la admiración de los circundantes
una hermosísima lámina que representaba el frontispicio
de nuestra iglesia principal, en la cual desgraciadamente
por la demasiada proximidad en que estaba colocado el aparato,
las reducidas dimensiones de la lámina y sobre todo
por la elevación de las torres, aparecieron éstas
como truncadas en su cúspide".
Al fondo
veíase el mar y la fragata francesa "Atalante".
La concurrencia quedó pasmada frente a aquel portento.
A la tarde,
con público semejante al de la mañana el operador
instalando su máquina en la casa de Santiago Vázquez
(calle Sarandí donde está ahora más o
menos el Club Uruguay) enfocó la fachada del Cabildo
obteniendo otra excelente prueba que regaló al Dr.
Teodoro Vilardebó, el cual seguía de cerca y
con real interés, desde hacía tiempo, el curso
del descubrimiento en el viejo mundo.
De estas
dos primeras placas de daguerrotipo sacadas en Montevideo
no hay noticias ni probabilidad - sino remotísima -
de que se conserven.
Una litografía
de la Iglesia Matriz publicada en el periódico "El
Talismán", en 1840, está copiada verosímilmente
del daguerrotipo que obtuvo Conte, según lógicas
y ponderas deducciones. Pero es lo más que puede decirse
al respecto.
No obstante
el porvenir suele reservas inesperadas sorpresas en casos
análogos.
"La
Oriental" prosiguiendo su viaje desembarcó en
nuestra capital al capellán cuya salud precaria no
le permitía afrontar los riesgos del mar, y el 13 de
junio la corbeta naufragaba en Valparaíso salvándose
todos sus hombres.
El abate
hizo venir de Francia un aparato semejante al de la escuela,
el mismo que fue sacado a remate cuando se ausentó
del país en 1847.
Pero ya
para aquellos días había personas curiosas,
como el mismo Dr. Vilardebó, que, poseedoras de máquinas
de daguerrotipo, las manejaban con éxito, aplicándolas
a reproducir edificios u objetos en reposo.
Aunque los
15 minutos de exposición que Conte dio a sus placas
el año 40 pudieron disminuirse un poco, la posibilidad
de reproducir modelos vivos estaba excluida en absoluto pues
no se conseguía una inmovilidad tan prolongada.
A despecho
de la certeza de estas experiencias en edificios públicos,
calles, etc., todavía no se había visto ninguna
vista de Montevideo o sitio de la República tomada
al daguerrotipo.
En Buenos
Aires existe una serie obtenida por el Ing. Pellegrini, aunque
no tan hermosa ni tan perfecta como las que se sacaron en
Paraguay en 1859, para ilustrar el libro de Du-Graty.
Mientras
tanto, Claudet, en París, en 1841, exaltando con cloruro
de yodo la sensibilidad de las placas a la vez que introducía
el uso de lentes cortos de foco, lograba obtener imágenes
humanas por heliograbado.
El desiderátum
del método estaba descubierto y su difusión
inmediata sobrepasaría todo límite.
En Montevideo
se conoció el nuevo sistema entre fines de 1842 y principios
de 1843 siendo Juan A. Benet, operador inglés con galería
en la esquina de Solís y Cerrito quien introdujo el
invento.
De aquí
dedúcese que no puede existir retrato daguerrotipo
anterior a 1841 y, si se trata de planchas obtenidas en nuestra
capital el límite tiene que fijarse en los dos últimos
meses del 42.
Los daguerrotipos de esa primer época artística
están sacados sobre una chapa metálica que hace
espejo obligando a "buscarles la luz" para conseguir
visión perfecta de la imagen.
Los contrastes
son tenues y en algunos sacados en años próximos
se nota una leve coloración en las carnes y retoques
de oro hechos a mano sobre las alhajas.
En 1857
un cambio de métodos perfeccionó el heliograbado
con la obtención de retratos de vidrio o sea daguerrotipos
en que la placa metálica venía a sustituirse
por un vidrio sensibilizado.
No obstante su fragilidad, el nuevo sistema tenía la
ventaja de ser invulnerable a las influencias atmosféricas
que oxidaban el metal. Además los retoques de oro que
solían dañar el retrato podíanse realizar
impunemente.
Los heliograbados
en metal o en vidrio se acondicionaban en estuches forrados
de piel o con interior de terciopelo, que les presentaban
a la vez que un aire de delicadeza cierta especial factura
artística.
Algunos
estuches con tapas historiadas y bajos relieves eran piezas
de arte de indiscutible gusto.
Otros retratos
se colocaban en marcos de prolija labor y cuando entró
la competencia de precios se entregaban sencillamente con
un paspartout y un vidrio fileteado de papel negro.
La fotografía
en papel que no tardó mucho en descubrirse, y fue conocida
entre nosotros en la segunda mitad del año 1853, trajo
como consecuencia el abandono total de los viejos sistemas
en planchas o vidrios.
Las casas
del ramo - que ya abundaban - aumentaron considerablemente
y los operadores en largas giras por la República divulgaron
el retrato accesible a todos, desde ese momento en adelante,
por unos pocos patacones.
También
los aparatos de daguerrotipo tenían hecha su cosecha
y su época en el litoral y el interior.
Gregorio
Blanes, en carta que escribe del Salto a su hermano Mauricio
con fecha 29 de enero de 1851 le dice refiriéndose
a un grupo de familia: "....con motivo de haber sido
favorecido este pueblo de una máquina de daguerrotipo,
hemos entrado por la moda, etc..."
Fructuoso
B. Alburquerque con un equipo volante sacaba daguerrotipos
en Minas, Florida y Durazno, más o menos en esa época.
Las fotografías
en papel obedecieron primitivamente a un tipo uniforme, en
tarjetas pequeñas que se conocían por tarjetas
de visita.
A éstas
siguió, incrementándose tanto que hubo que dominar
el mercado, la tarjeta álbum de triple formato aproximado
a los anteriores.
La variación
de títulos comenzó y en 1882 la clasificación
profesional de las tarjetas era: chica, grande, boudoir, imperial,
promenade y extra promenade.
Finalmente,
en la actualidad, la anarquía es completa en lo que
se refiere a tamaños y no obstante el perfeccionamiento
de los métodos de labor, en lo que toca al trabajo
más bien hemos retrogradado que avanzado.
El convencionalismo,
el apuro y la inseguridad de los preparados esenciales no
permiten, en la hora que vivimos, obtener fotografías
de calidad comparable a las clásicas de Bate y más
adelante a las que trabajaba Fritz-Patrick.
Hay en la
colección del Dr. Fernández Saldaña,
que está actualmente en la Biblioteca Nacional, tarjetas
de visita que tienen bastante más de 100 años,
las cuales conservan una frescura y valor de tonos que no
envidian nada al platinotipo actual.
Rico renglón
de comercio permitió a quienes supieron explotarlo,
alzar verdaderos capitales.
Cuan Rafael
Ruano remató el famoso primitivo establecimiento de
Bate y Cía., en 1867, decía "El Siglo"
que esa fotografía había hecho la fortuna de
tres personas.