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Año V Nro. 360 - Uruguay, 16 de octubre del 2009   
 
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Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez

Reflexionar la democracia
por Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez (Perfil)

 
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         La vieja frase de que los pueblos tienen el gobierno que se merecen, expresa que cualquier gobierno establece una relación en donde la comunidad juega un papel relevante, aunque sea por su pasividad.

         Si no fuera así se diría que el nacional socialismo de Adolfo Hitler fue la expresión de un loco y no la coparticipación de una comunidad corresponsable, como en realidad lo fue. Hitler, igual que cualquier líder político actual, dedicaba mucho tiempo y esfuerzo a planear como dominar bajo su liderazgo a las masas.

         Estudiaba actuación y con gran detalle preparaba sus apariciones en público, verificaba la calidad de  luz y sonido en sus mítines políticos, cuidando gestos y expresiones.

         Para él era muy claro que el dominio político se ejercía en medio de una escenografía que, por su impacto inconsciente, provocaba su legitimidad.

         Hablar de noche con antorchas y estandartes rojos, fueron recetas que desde su libro Mi Lucha, recomendaba para tener mayor penetración en una masa, que si bien adormecida y despolitizada le otorgó un apoyo incondicional para llevarlo y consolidarlo en el poder.

         Una masa que se identificaba y compensaba psicológicamente con su líder. Hitler, fue un ávido lector y conocedor de Nicolás Maquiavelo. El Príncipe fue en su momento, su libro de cabecera y, según él, hasta que lo comprendió, entendió de verdad que era la política.

         En el mundo actual esta compensación narcisista de las masas se da no sólo en la identificación con los poderosos políticamente hablando, sino en un ambiente  que es cada vez más decisivo para el control social: el de los medios masivos de comunicación.

         Allí, atletas, actores, deportistas, cantantes y otros personajes reciben el reconocimiento carismático de un público crecientemente despolitizado y estandarizado en sus gustos y necesidades.

         Frente a esas masas mayoritarias de la sociedad, pero desarticuladas en lo político y controladas a través de los medios, se erigen los grupos minoritarios dominantes: según Mosca, todas las minorías dirigentes, políticas, económicas, sociales, religiosas, intelectuales, tecnológicas, militares, burocráticas,  en donde la clase política es un subgénero  de la clase dirigente encargada del ejercicio del poder.

         John Acton en su libro Las Tres Caras del Poder, sostiene que el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. La democracia vista con la meta  de la búsqueda eterna de la armonía entre justicia y libertad; ese régimen político, en el que el pueblo ejerce la soberanía, es el sistema ideal que no permite el poder absoluto, pero si ha sido utilizado para ello como en el caso del propio Adolfo Hitler y hoy, Hugo Chávez para llegar al totalitarismo.

         Aunque la palabra democracia es un término que históricamente ha tenido un significado aceptado en lo teórico, pero que en situaciones particulares, referidas a sociedades específicas, muestra dificultades para ser precisado.

         Basta recordar que se utilizó durante la Guerra Fría como un adjetivo con el que se autocalificaban tanto los países comunistas como las llamadas democracias occidentales, que tenían sistemas políticos totalmente antagónicos.

         Lo que sí debemos tener en cuenta para reflexionar como ciudadanos es lo que sostenía Albert Camus: “No hay, tal vez, ningún régimen político bueno, pero la democracia es con toda seguridad, el menos malo”.

© Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay

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