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¿Somos los uruguayos religiosos?
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| por R.P. Fernández |
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A través de la prensa escrita y una serie de entregas en Canal 10, se está haciendo público el resultado que en Uruguay ha tenido el Estudio Mundial de Valores. En el diario El País del sábado 3 de noviembre aparece un artículo que interpreta los resultados de la encuesta en lo relativo a la religiosidad de los uruguayos.
No voy a analizar las conclusiones del matutino, sino que expresaré las mías propias.
Primero algunos números y aclaro que, como la religión es fe y dogma, tomaré las respuestas de "no sabe" como "no cree".
Si bien el 83% dice creer en Dios y el 57% en el alma, por el contrario el 61% no cree en la vida después de la muerte, el 75% no cree en el diablo, el 78% no cree en el infierno, el 50% no cree en el cielo y el 50% tampoco cree en el pecado.
Otros datos interesantes de la encuesta indican que el 51% tiene confianza en la Iglesia, el 54% sostiene que la religión es poco o nada importante y el 52% opina que dependemos demasiado de la ciencia y poco de la fe.
La construcción gramatical de la pregunta y la forma de realizarla tienen mucha influencia en la respuesta y es bastante común que el encuestado no encuentre en las opciones que se le presentan la que realmente refleja su postura y termine eligiendo la que más se parece, pero que no es la que realmente refleja su pensamiento.
En primer lugar, me parece es que es posible confundir (y de hecho el periodista de El País lo hace) fe con religión y ciencia con tecnología.
La religión exige fe de sus seguidores, pero se puede tener fe sin practicar ninguna religión. La ciencia, por su parte, es mucho más comprensiva y abarcativa que la tecnología. Esta última es una derivación de la primera a través del desarrollo de aplicaciones prácticas, partiendo de conocimientos científicos.
El diablo, el infierno y la vida después de la muerte (eufemismo utilizado para preguntar sobre la resurrección), constituyen entidades cuya existencia, además de tener connotaciones negativas, desafían abiertamente la razón y la lógica más elementales o rudimentarias.
Sólo se puede creer en ellas profesando una fe religiosa que acepte el dogma de su existencia más alla de toda necesidad de comprobación científica o simplemente empírica.
El alma no es necesariamente asociada con la religión y muchos encuestados pueden haber asumido que la pregunta apuntaba a la espiritualidad como contraposición a lo simplemente material o sensorial.
Pienso también que buena parte de ese 83% no cree en Dios como el creador supremo y todopoderoso, que con Jesucristo y el Espíritu Santo forman la Santísima Trinidad que la religión católica enseña como dogma indiscutible.
El creer en Dios refleja, en mi opinión, la necesidad de mucha gente de la existencia de una entidad superior en la cual refugiar la razón y la lógica cuando no encuentran explicación (o justificación) para determinadas situaciones, hechos o padecimientos.
El 51% que dice tener confianza en la Iglesia es menor que el 56% de hace 10 años. Pero, además, tengo la certeza que la confianza es en cuanto institución terrenal y por la labor social que algunas congregaciones llevan adelante y no por su papel meramente religioso o teológico.
Nuestra idiosincracia y tradición de rebeldes irreverentes ante la autoridad, en especial una que nos pretenda dictar normas de conducta más allá de la leyes, nos hace rechazar la religión en tanto y cuanto nos quiere indicar cómo vivir nuestras vidas. Son realmente muy pocos los uruguayos que conozco que viven cotidianamente de acuerdo a lo que manda la fe católica. En realidad, son más los pecadores que los virtuosos y muchos más los hipócritas que "agitan religión para la tribuna" pero que en la intimidad no se privan de algún que otro placer pecaminoso.
Hay además amplios y difundidos estudios que confirman que los uruguayos somos cristianos por herencia y tradición cultural pero que al mismo tiempo somos el pueblo con menor "militancia" religiosa del continente. Esto no nos convierte en una sociedad materialista, sin espiritualidad o desprovista de fe. Es sólo que no nos gusta que se metan en nuestras vidas o que nos digan cómo vivirlas y además somos un poco desconfiados para creernos así nomás todo el asunto de cielos, infiernos, diablos, ángeles, resurrecciones y ainda mais.
Creo que en general somos más racionales que religiosos. Pero también creo firmemente que esta "predominante racionalidad" nos ha ahorrado, como sociedad, no pocos sufrimientos terrenales que son los que cuentan… por lo menos para mí, que creo que la muerte sólo será una "flor de siesta".
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