La
Plata, 15 de marzo de 2006 SIN
VERGÜENZA Y CON ORGULLO Prof.
Dr. Mario R. Féliz Universidad
Nacional de La Plata Desde
un principio fue posible advertir que el conflicto de las papeleras era un
choque de intereses, que del lado argentino tenía como fogoneros a
un grupo de empresarios de la industria turística de Gualeguaychú.
Al respecto, se puede leer en www.noticias.com.ar
: "Hoy podemos afirmar que otro de los intereses pasa por un emprendimiento
turístico manejado por un íntimo amigo del Gobernador."
De hecho, hoy la intransigencia de estos empresarios, exhibe el conflicto de intereses
económicos en toda su desnudez.
La
construcción de las plantas en la otra orilla alterará el paisaje
que los empresarios venden a sus posibles clientes. El amanecer sobre el río
ya no será como el que muestra la foto tomada desde el balneario Ñandubaysal
(www.nandubaysal.com.ar)
se verá corrompido por las chimeneas de la indeseada industrialización.
Es
obvio, que no se podría obtener el suficiente apoyo "popular"
enarbolando el argumento de la contaminación visual. Para lograrlo era
necesario dotar al proyecto industrial de connotaciones apocalípticas.
El miedo ha sido siempre un arma eficaz en el control de masas. Y en este caso
ha sido utilizado con gran eficacia. ¿Porqué
razón no ha sido posible llegar a un acuerdo? Por la simple razón
que para el grupo de empresarios, que encabezan y financian la protesta, la única
solución es que las plantas no se hagan. Esta es una actitud extremista
que no trata de conciliar intereses, sino imponer los propios. Que
las plantas de celulosa producirán un daño irreparable a la salud
y a la naturaleza es un fraude cada vez más difícil de sostener.
Cualquier interesado en conocer, como esta actividad se desarrolla en el mundo
puede hacerlo, accediendo a la enorme cantidad de información confiable
y disponible a través de la internet . En
las fotos que siguen se aprecia la ciudad de Prince George (más de 70 mil
habitantes) en la provincia de British Columbia, Canadá, y sus tres pasteras
que juntas producen 1 millón de toneladas al año. Industria y turismo
conviven en medio del hermoso paisaje que comparten. (http://bccommunities.ca/princegeorge/index.php)
 
Mientras se violan
sistemáticamente las leyes argentinas y se desconoce el derecho internacional,
con el consentimiento y/o complicidad de la autoridad, se argumenta que el Uruguay
habría violado el tratado del río compartido. Y se convierte este
argumento en sustento de la actividad ilegal de cortar los pasos internacionales.
Veamos que hay de cierto en todo esto. El
tratado dice que la parte que construyera "obras de entidad suficiente
para afectar
la calidad de sus aguas, deberá comunicarlo a la Comisión,
la cual determinará sumariamente, y en un plazo máximo de 30 dias".
(Art.7). Por otra parte, el artículo 9 dice: "Si la Parte notificada
no opusiere objeciones o no contestare dentro del plazo establecido en el articulo
8 (180 días) la otra Parte podrá realizar o autorizar la realización
de la obra proyectada". ¿Se
habrán dado los pasos establecidos en el tratado? Los empresarios piqueteros
dicen que no y el informe del GTAN, del 3 de febrero de 2006, los avala. En el
inciso 1 afirma: "Al autorizar unilateralmente las plantas proyectadas,
la República Oriental del Uruguay vulneró las obligaciones asumidas
en virtud del derecho internacional general y del Estatuto del Río Uruguay
de 1975." Cuando
se lee el punto parece que el asunto estuviera terminado. Uruguay violó
el Estatuto y, por lo tanto, nosotros violamos todas las leyes que
sea necesario para terminar con la ignominia de la industria. Sin
embargo, sorpresivamente, nos encontramos con la
Memoria Anual del Estado de la Nación 2004, que fuera leída,
por el ejecutivo, ante el Parlamento argentino en marzo de 2005. En este
documento, en la parte correspondiente al Ministerio de Relaciones Exteriores,
entre los objetivos respecto de las relaciones con Uruguay, señala: "Avanzar
hacia la libre circulación permanente de personas, simplificando gradualmente
controles sanitarios y aduaneros, teniendo, como base, el Memorando de Entendimiento
sobre la Libre Circulación de Personas, firmado el 30 de noviembre de 2001,
en Montevideo." ¡Política exterior de la Nación
que ha sido modificada, de hecho, por la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú!
Cuando el
documento aborda los LOGROS de la política de relaciones con Uruguay dice:
"En marzo tuvo lugar, en Montevideo, una reunión entre los Cancilleres
Rafael Bielsa y Didier Operti." Y, más adelante, agrega: "En
el mismo mes, ambos países firmaron un acuerdo bilateral, poniendo fin
a la controversia por la instalación de una planta de celulosa en Fray
Bentos". "Este acuerdo respeta, por un lado, el carácter
nacional uruguayo de la obra, que nunca estuvo puesto en entredicho y, por otro
lado, la normativa vigente que regula las aguas del Río Uruguay a través
de la CARU." "Asimismo, supone una metodología de trabajo para
las tres etapas de construcción de la obra: el proyecto, la construcción
y la operación." ¿Cómo
es, entonces, que el GTAN (argentino) dice, dos años después, lo
que dijo? ¡Aquí, una sensación de vergüenza me apretuja
el corazón! Como
hemos visto el Estatuto del Río Uruguay habla de la calidad de las aguas,
y es sobre este aspecto que nuestro país debería prestar atención
y seguramente se podrá acordar un procedimiento para el correspondiente
control. En
efecto, en esta etapa del proyecto el Estatuto prevé que si la parte
afectada (Argentina) tuviera objeciones tendrá que elevar una comunicación
donde "deberá precisar cuáles aspectos de la obra o del
programa de operación podrá causar un perjuicio sensible a la calidad
de sus aguas, las razones técnicas que permiten llegar a esa conclusión
y las modificaciones que sugiera al proyecto o programa de operación."
Cosa que no se ha hecho, ya que el informe del GTAN no es más que
un conjunto de objeciones no fundadas. Por último, corresponde destacar
que el Estatuto nada dice de posibles o supuestos daños a la atmósfera.
Existen
herramientas legales y legítimas en manos del Estado para la solución
del conflicto. Pero tal vez, la verdadera solución esté en manos
del pueblo entrerriano, especialmente del de Gualeguaychú. Se trata
de dar la espalda a quienes nos quieren embarcar en una guerra sin
sentido. Hay
que apostar a la convivencia con los vecinos de toda la vida, buscar la
conciliación de intereses. Hay que trabajar por la región,
donde la industria, que hoy suscita la controversia, contribuya a su desarrollo.
Cuidemos
el río, protejamos la flora y la fauna, pero, fundamentalmente, eliminemos
la pobreza. Entonces, con la pobreza vencida, la belleza natural será
el placer de todos y no de unos pocos. En
fin, tal vez si la mayoría de nosotros comprendiera el valor de la verdad
y la justicia, de la libertad y la democracia, del saber y el progreso,
del honor y el respeto, será posible disfrutar del orgullo de
ser argentinos. |