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Año V Nro. 356 - Uruguay, 18 de setiembre del 2009   
 
Informe Uruguay

 
 
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Visión Marítima

 
José Luis Pomi

Evocaciones líricas
por José Luis Pomi

 
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         Quienes tenemos más de 40 años dentro del Teatro Lírico de nuestro país mantenemos vivo, el recuerdo de muchos artistas desaparecidos, que contribuyeron con su presencia y capacidad, a imprimir a las temporadas en las que actuaron, un permanente y renovado interés artístico.

         En este primer artículo, recordaremos al bajo JORGE ALGORTA, la soprano ROSITA LISTA, al tenor LUIS GIAMMARCHI, al barítono JUAN RODIRGUEZ, al bajo JUAN CARBONELL y al barítono JORGE BOTTO..

         En la década del 40 debutó en el SODRE, una de las más auténticas voces de bajo que ha producido nuestro país: me refiero a JORGE ALGORTA.

         Estudió canto con Víctor Damiani. Realizó una extensa carrera, durante mas de 30 años, actuando entre 1945 y 1961 en los centros musicales más importantes de Europa y America, tales como: Teatro La Fenice de Venecia, San Carlo de Napoles, Opera de Roma, Scala de Milan, San Carlo de Lisboa, La Monnaie de Bruselas, Liceo de Barcelona, Municipal de Rio, Colon de Bs Aires, Argentino de La Plata, Municipal de Santiago, entre otros.

         De regreso al Rio de la Plata en 1961, se integra por dos décadas a la escena lírica argentina, formando parte del elenco estable del Teatro Colón, donde puso al servicio de ese coliseo, un gran bagaje de experiencia adquirida en aquellos escenarios. Su debut en ese Teatro, ya se había producido en 1945 con la ópera Lucia di Lammemoor.

         Durante ese misma época, participó en las temporadas líricas del SODRE, donde cantó: La Sonambula, La Boheme, Aida,El Barbero de Sevilla, Fausto, La Favorita, Misa de Requiem de Verdi.

         Fue un cantante de indudable capacidad profesional, poseedor de una voz opulenta, aunque algo rígida, pareja en el color y en la sonoridad, con gran sentido musical y justa expresión.

         Su línea de canto, de neto cuño clásico, su condición de interprete inteligente y culto, y su musicalidad, le permitieron abordar una amplia gama de roles, entre los que se recuerdan: Ramfis, Banco, Fiesco, Colline, Timur, Ferrando, Ivan Khovansky, Fafner, etc.

         ¿Quién no recuerda su "Don Basilio?, Ninguno que haya asistido a las representaciones de Barbero, ha olvidado su alta figura, donde con maestría y dignidad interpretativa, diseñaba ese característico personaje de la obra rossiniana.

         No solamente en el campo de la ópera tuvo destacada actuación. Su sensibilidad artística y su gran capacidad de estudio, conjugaron para abordar con significativo éxito: música de cámara y obras sinfónico corales, y tambien Zarzuela, de las que se recuerdan, sus grabaciones en las obras del compositor español, Pablo Sorozabal.

         En las postrimerías de su carrera, le vimos en una obra que es a nuestro juicio, la culminación en la carrera de un bajo: Boris Godunov. Alli logró una interpretación vibrante y conmovedora, que complementaba con una sorprendente gesticulación de sus manos y de sus largos brazos, donde demostraba, sin lugar a dudas, un profundo espíritu analítico de ese fascinante personaje ruso.

         Recordamos nuestras actuaciones a su lado, en la ópera LA FAVORITA y en la MESSA DE REQUIEM de Giuseppe Verdi.

         El 5 de febrero de 1971, fallecía a un temprana edad, una de las voces más hermosas de soprano de la lirica nacional: ROSITA LISTA.

         Estudió canto con la Mtra Maria Piccioli. Poseía una voz lírica celestial, de discreto caudal, con un buen centro, presentando ciertas limitaciones en el registro agudo. Su timbre aterciopelado, era particularmente bello y cálido, Su línea de canto era seductora y expresiva.

         Tenía los atributos propios de una excelente y deliciosa cantante. Su simpatía, su gracia contagiosa, su bohemia, su desenfado como actriz, contrastaban con las adversidades de su vida.

         En su breve carrera que arranca en la década del 50, demostró que se trataba de una cantante de gran talento. De los papeles que interpretó, ninguno la mostró tan brillante y encantadora, como la Mimi de La Boheme, que tuve el honor de compartir en mi debut operístico., bajo la direccion del Mtro Juan Protasi.

         Un cantante cuya presencia en el escenario fue garantía de eficiencia, fue el tenor LUIS GIAMMARCHI.

         Tenor lírico de apreciable valor, abordó una variada gama de roles, con singular éxito: La Boheme, La Traviata, Rigoletto, Lucia, Un ballo in maschera, Tosca, etc. Su voz era cálida y generosa; su línea de canto demostraba una natural y rica musicalidad.

         Aparte de ser un espléndido cantante, fue un intérprete nada indiferente, por el contrario, demostraba fuerza emotiva junto a autoridad en su expresión. Jamás rebasaba los límites de la discreción y del buen gusto.

         Recuerdo con particular emoción, su fraternal y conmovido abrazo que me brindó, ya retirado de las tablas, al final de una función de Lucia, en el viejo ESTUDIO AUDITORIO DEL SODRE en 1970, rol que había cantado con espectacular relieve, muchos años antes.

         Además de cantante, abrazó otro arte con notable acierto: la escultura.

         Con gran vocación y talento, desarrolló esta actividad, siendo sus obras de primer nivel que hoy día están en varios panteones de nuestros cementerios y algunas en la PARVA DOMUS. Ambas actividades hicieron de él, un artista de una estirpe que tiende a desaparecer: disciplinado, refinado y puro.

         Entre los cantantes nacionales que más gozaron de respeto y consideración, fue el barítono JUAN RODRIGUEZ.

         Su hermosa voz baritonal ha sido de las mas importantes surgidas en nuestro país, por su color y por su pastosidad, se acercaban a la de Leonard Warren.

         Alumno de Ambrosio Pedemonti, su canto era franco, y sus agudos eran fáciles, seguros y brillantes. No fue un cantante de medios especialmente depurados, pero decía con gran intención y buen gusto.

         Después de integrar durante muchos años el Cuerpo Coral de SODRE, y haber intervenido en papeles de comprimarios, donde su solvencia era de lujo aristocrático, fue llamado a desempeñar roles protagónicos, cuando ya sus medios vocales no proyectaban la frescura y vitalidad de su voz.

         Dentro de sus actuaciones merece destacarse, su Rigoletto. En esta obra, quizás mas que en ninguna otra, Rodríguez demostró que era dueño de una sólida formación profesional, junto a una interpretación justa e inteligente, en la composición de ese personaje verdiano.

         Poseía singulares condiciones de comediante, que lo llevaron a realizar actuaciones memorables, tales como: Don Pasquale, Dulcamara, Don Bartolo y un Gianni Schicchi de antología.

         Cantamos juntos: Rigoletto, La Favorita, I Pagliacci, Lucia, L'Amico Fritz

         Quienes le conocimos muy de cerca, sabemos que vivía sus personajes intensamente y trasmitía sus emociones con real talento teatral.

         Durante muchos años, las temporadas líricas montevideanas, contaron con un notable artista: el bajo JUAN CARBONELL

         Poseía una voz poderosa de gran calidad y refinada expresividad. De sólida formación cultural, Carbonell era un artista estudioso, que reunía un loable espíritu de disciplina y responsabilidad, difícil de conseguir en aquellas épocas.

         La labor desplegada en todas las temporadas donde participó, fue en calidad y cantidad, muy importante, siendo su repertorio increíblemente extenso.

         Su impagable vis cómica, era tan sólo una de sus armas donde definía su carácter.

         Se granjeó el afecto de sus discípulos y amigos, por su bonhomía y personalidad artística. Si a ello le agregamos que vivió intensamente, ayudando a los niños desvalidos, seguramente en su vida actual, habrá logrado ganar un sitio de honor.

         Cantamos junto a él: La Boheme - Rigoletto - Fidelio

         Dejamos para el final de esta primera parte, la evocación de uno de los cantantes uruguayos más calificados de su generación: el barítono JORGE BOTTO.

         Sus primeros pasos los realizó en el Coro Universitario que dirigía la Prof. Nilda Muller. Estudio canto con la famosa soprano Ninon Vallin, y el no menos famoso Victor Damiani. Fue alumno egresado de la Escuela de Opera del SODRE.

         En el año 1955 debutó con LA NOVIA VENDIDA, en un espectáculo organizado por el Centro Cultural de Música.

         Durante mas de 20 años, intervino en las temporadas líricas de Montevideo, donde abordó un buen numero de grandes roles, a veces recorriendo un repertorio de fuerza que no era el medio más adecuado para su voz.

         Su voz era de gran belleza, y poseía una línea de canto de notable pureza, que desarrollaba con gran autoridad musical y estilística. Esto no fue lo único admirable de este artista.

         También sus condiciones de actor, lo mostraban evidentemente con un estudio profundo y sicológico de los personajes a interpretar. Su prestancia y su elegancia escénica, fueron rasgos muy salientes en su carrera. Su figura se adueñaba del escenario. Fue también, un distinguido liederista e intérprete de oratorios.

         Quizás la caracterización más saliente fue la disciplina que se impuso.

         A partir de 1973, integró el elenco estable del Teatro Colon de Buenos Aires.

         De su variado repertorio, recordamos sus mejores actuaciones: Silvio de I Pagliacci, Enrico de Lucia, Sharpless de M.Butterfly, Ford de Falstaff, Conde de Luna de Il Trovatore, Don Giovanni, Germont de La Traviata...

         Pero sus grandes éxitos, fueron Orfeo y el Marcello de La Boheme, su ópera consagratoria.

         Como cantante sobresaliente, poseía un talento histriónico formidable; de alli que dentro de la extensa lista de roles, desempeñó un personaje bufo que fue su preferido y más querido: PIMPINONE. En esta obra, que realizó junto a su esposa la soprano DIANA LOPEZ ESPONDA, y con la dirección escénica de JUAN JOSE BRENTA, Botto demostró una deslumbrante batería de recursos actorales con un grado de refinamiento excepcional, y con una musicalidad admirable y sincera. Recordemos a los partiquines que hicieron la delicia del espectáculo, el tenor Juan Carlos Taborda y los mtros. Miguel Patron Marchand y Fernando Puiggros.

         Luchó durante más de 10 años con una cruel enfermedad, a la que se imponía con tesón y valentía.

         Le vimos sus últimas actuaciones: La Vie Parisienne y Crispino e la Comare, en el Teatro Alvear de Buenos Aires, le encontramos con un desgaste verdaderamente doloroso. Sabía que llegaba su final.

         Se cumplen en el 2009, 30 años de su desaparición. Con ella la Lírica Nacional perdió a unos de hijos mas ilustres y más completos.

         En lo personal, su alejamiento nos arrebató: al maestro que nos enseño los primeros pasos en las tablas, al luchador e incansable propulsor de las temporadas líricas; al hermano como mutuamente nos tratábamos; al noble y leal amigo que estuvo a nuestro lado en momentos difíciles con acrisolado desinterés; al ser humano al cual trasmitíamos nuestra fe cristiana, ayudándolo a sobrellevar tan injusto destino.

         Sea éste nuestro recuerdo más sincero, para quienes contribuyeron a escribir parte de la Historia Lírica del Uruguay.

© José Luis Pomi para Informe Uruguay

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