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Año V Nro. 304 - Uruguay,  19 de setiembre del 2008   
 

 
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Visión Marítima

 
Jorge Larrañaga

Educar, crecer y generar oportunidades
por Jorge Larrañaga

 
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         Los tiempos actuales generan nuevas demandas, nuevos requerimientos de formación e información. La posibilidad de generar y trasmitir conocimiento es el aporte principal que una sociedad puede otorgar a las nuevas generaciones. Debemos educar a nuestros hijos para el nuevo milenio.

         Pertenecemos a una generación que pudo recibir una educación de buena calidad, algo que caracterizaba al país, era sello distintivo, motivo de orgullo nacional, pero más importante aún, era creadora de oportunidades; en base al esfuerzo personal se podía acceder a nuevas y mejores posiciones.

         La enseñanza pública no tenía nada que envidiarle a la privada.

         Hoy la situación es otra. La educación pública presenta una multiplicidad de carencias; desde lo edilicio, hasta la sobrepoblación de alumnos, el ausentismo docente y la falta de recursos didácticos. Estas y otras son las insuficiencias con la que nuestros maestros y profesores deben convivir; sólo el esfuerzo y dedicación de los docentes logra mitigar todas estas circunstancias.

         Sin embargo, a pesar de la tarea de nuestros maestros y profesores, la brecha de calidad entre la enseñanza pública y privada, aumenta.

         Un sistema educativo que en el pasado llegó a ser ejemplo y que constituía una garantía de igualdad de oportunidades, terminó ambientando la aparición primero y el incremento luego, de la educación privada, que contribuye sin duda a aliviar las carencias en la educación, pero al mismo tiempo marca las diferencias en oportunidades asociadas a la capacidad económica de las familias.

         Como sociedad no nos podemos permitir “condenar” a unos y “salvar” a otros por provenir de familias de distintas posibilidades económicas.

         Aspiramos a una sociedad justa y solidaria, donde cada uno pueda ser responsable de la construcción de su destino, en base a sus méritos, al esfuerzo de sus capacidades. No queremos escuelas de pobres y otras de ricos; no podemos permitir que algunos “compren” su destino, sino que debemos lograr que todos lo puedan construir con igualdad de oportunidades.

         Este es el gran objetivo de la sociedad, y para generar esa igualdad de acceso a las oportunidades la educación juega el rol principal.

         Es tan relevante el propósito que supone superar a las visiones cortoplacistas, los enfrentamientos partidistas y los corporativismos. Se impone un acuerdo nacional sobre educación, una verdadera política de Estado. El modelo del sistema educativo condiciona la propia conformación de la sociedad. Debemos estar todos convocados a esa tarea.

         Elegir un camino diferente, optar por construir un sistema de educación sin escuchar a todos, sin permitir opinar e incidir sobre él, es un error en la estrategia de país que debemos generar.

         Las nuevas realidades sociales del país hacen que, especialmente en contextos críticos, las instituciones educativas tengan un rol social trascendente como ambiente de la actividad comunitaria, respaldo a la familia y a la comunidad, y punto de apoyo para la logística de la asistencia social.

         Consideramos que la escuela pública de tiempo completo, funcionando los 365 días del año, es el instrumento más efectivo de recuperación social y una expresión muy tangible de la solidaridad. Puede la escuela pública cumplir un triple rol, desarrollando funciones educativas, alimenticias, sanitarias y de contención familiar.

         Consideramos que las políticas de inversión social deben tener su epicentro en la escuela pública. Esto no es excluyente de lo que se ha venido otorgando como planes de asistencia social. A través de la inversión focalizada en la niñez estaríamos combatiendo la pobreza y la indigencia.

         Para recuperar la igualdad de oportunidades educativas para todos los uruguayos, independientemente de su condición social y económica o su lugar de residencia, es imprescindible alcanzar en la educación pública niveles de excelencia compatibles con los de la educación privada y desarrollar y aplicar los mecanismos que permitan el acceso a todos los niveles de educación desde todo el territorio nacional. Esto no va a suceder fácil y rápidamente, y hay que tener claro que no es una cuestión sólo de recursos, sino fundamentalmente de enfoque, metodología, organización y calidad de la gestión.

         Debemos vencer las visiones de corto y mediano plazo, y adecuarnos a los nuevos tiempos, a la nueva velocidad de los cambios tecnológicos, económicos y sociales.

         Efectivamente, los efectos sociales de la globalización; la velocidad de generación, acumulación y obsolescencia del conocimiento y la información; el desarrollo exponencial de los medios informáticos; suponen la necesidad de educar para esas nuevas dimensiones sociales y tecnológicas.

         Debemos educar a nuestra juventud para esos cambios, que impactan en todos los ámbitos.

         El caso del mercado laboral es paradigmático. Algunos roles son sustituidos o directamente suprimidos, generando desempleo en unos casos o la depresión del salario en otros. Las políticas estatales pueden atenuar esos efectos, pero las soluciones reales, sustentables y genuinas pasan por la educación.

         El sistema debe priorizar la capacidad de los egresados para adquirir y actualizar sus conocimientos, de modo de facilitar su adaptación a condiciones cambiantes de la demanda de empleo y de la situación social. Esto requiere de la vinculación lógica e institucional del sistema educativo con el mercado laboral; la diversificación y velocidad de respuesta en la educación media y superior; y la jerarquización de la educación técnica y profesional, orientada directamente a la demanda del mercado de trabajo.

         En definitiva, debe integrarse al sistema educativo con el sistema de empleo y la política social, y priorizar el papel del sistema educativo como formador de ciudadanos y de recursos humanos, y como instrumento de acción social.

         Educar debe ser la forma de crear oportunidades.

         Pensamos a la educación como el diferencial de la sociedad uruguaya; una sociedad equitativa, solidaria e igualitaria en el acceso a las oportunidades. Pretendemos que sea la educación el gran instrumento de justicia e integración social, habilitando a la verdadera libertad, la de construir cada uno, el destino de su vida.

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