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Driving Miss Daisy
por Oscar Almada
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En oportunidad de una reunión de su grupo político, la ministra de Interior efectuó manifestaciones desafiando al que se le cruce a que demuestre que alguna vez ha despreciado el temor que la ciudadanía siente por la crisis de seguridad que aflige a nuestra sociedad. Bien: para que no se crea que este artículo es fanáticamente adverso a la gestión de esta persona, vamos a expresar primeramente una serie de asertos que concurrirían en su favor: a) el problema de la inseguridad ciudadana NO ha nacido con el actual Gobierno, sino que se viene produciendo de varios años a esta parte con progresiva virulencia. b) se trata de un problema sumamente complejo tanto en su origen como en las posibilidades de erradicarlo, controlarlo o preverlo, y que requeriría una fuerte inversión del Estado a través de un período bastante largo. c) es natural y legítimo que un Ministro defienda su gestión y llame la atención acerca de lo que ha hecho o procurado hacer, protestando asimismo por una presunta falta de elementos suficientemente probados de crítica.
Pero a su vez, es necesario, objetivamente, destacar otra pequeña serie de hechos que innegablemente son una realidad: a) ante un problema que ya venía recrudeciendo, el actual Gobierno no ha tenido, en los hechos, transcurridas ya las tres quintas parte de su período, éxito alguno en cuanto a irlo enfrentando con cierta eficacia y reduciendo al menos el peligro ciudadano, pese a que en su prédica opositora anterior fue particularmente amarga en su crítica al respecto y prometió, como para todas las demás cosas, villas y castillas. b) la complejidad del tema NO excusa, por supuesto, que se le enfrente con la debida energía y sin temor a la represión, que es el primero aunque no único paso. Por demagogia o apego irracional a sus dogmas, tanto el anterior Ministro como la actual han sido omisos, aunque el tono y el estilo del sr.Díaz fueran bastante más potables. c) la natural defensa que cada funcionario puede y debe realizar de su gestión, no debe llevarlo a formular desafíos agresivos ni a tener desplantes públicos. Cuando la ministra señala que no “ofendió” ni “despreció” el temor de la gente, se olvida de que sus repetidas manifestaciones tratando de quitar entidad al hecho del número de denuncias y del propio fenómeno de la inseguridad, y de atribuirlo constantemente a una sensación fomentada por oscuros complots de la oposición y de la prensa adversa, constituyen de por sí una total falta de respeto, que no necesita ser objeto de probanza.
Por lo tanto, y tratando de ayudar a una gestión que a todo el mundo interesaría que fuera sólida, eficaz y exitosa, hemos de expresar algunos conceptos que pueden contribuir, porque, en ausencia de Morgan Freeman, hemos de tratar, todos los ciudadanos, de “conducir” a Miss Daisy por el mejor de los caminos:
En primer término, y por encima de ese derecho de defensa que le corresponde a todos los ciudadanos y especialmente a los que tienen responsabilidades, debería la Ministra dejar para después los reproches, los desafíos y las rabietas, y dedicarse a un estudio más desprejuiciado y menos ideologizado de su tarea. Piense alguna vez en que al fin y al cabo es posible teóricamente al menos que el contendor tenga razón, y busque encuestas y estadísticas reales y no edulcoradas para la propaganda. Admita aunque sea para sus adentros que el fenómeno de la inseguridad existe y no ha disminuido un ápice.
En segundo lugar, olvídese por un momento de la Prensa y la oposición y también de lo que hacía ella misma cuando era de la minoría, y estudie a fondo el tema con criterio de buscar una política de Estado y no de este Gobierno. Apóyese y asesórese en quienes saben del tema aunque no sean de su sector, que no son los únicos. Y trate de lograr éxito, pues entonces los aplausos vendrán solos.
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