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A esta nota, usted, lector…
¡Póngale el título que más le guste!
por Luis Tappa
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Otro año que se va, otro año que llega, con aquel culminan los breves 12 meses transcurridos desde los últimos festejos y tantos deseos de buena venturanza y prosperidad deseados para los amigos y familiares, pero también recibido de ellos. Con este llegan nuevamente las mismas esperanzas y también los mismos mensajes y deseos que desparramaremos por ahí y recibiremos por allá, un acto meramente protocolar pero vacío de todo contenido.
En el año que pasó quizás en algunos se hicieron realidad esos buenos deseos, quizás en otros no… Quizás para algunos haya sido un año de felicidad y prosperidad, quizás para otros haya transcurrido lleno de contratiempos, ni tanta felicidad ni tanta prosperidad… Tal vez para muchos solo fue un año de angustias y sufrimientos… Pero en cada año que termina, junto al nuevo que llega, se repetirá incansable e inevitablemente el rito de los festejos y los buenos deseos… ¡Casi como una obligación!
En la mesa de muchos sobrarán los tradicionales alimentos que se acostumbran a consumir por estas fechas y que se regarán con abundantes dosis de Champan y Whisky…en la mesa de otros, con mucho sacrificio se podrá poner una Pan dulce de los baratos y alguna botellita de sidra. Concomitantemente suben todos los artículos, ¡Claro! Hay que aprovechar la bolada.
Pero también habrá lugares en los que no habrá nada, y las fechas pasarán casi desapercibidas, solo escuchando el tronar de bombas y cohetes que, como extraño mensaje de felicidad pasajera en la parafernalia imponente del bullicio general, traerá hasta nuestros oídos el sonido estremecedor de las explosiones, como triste remedo de guerras y bombardeos. Yo, cuando los escucho, nunca he podido dejar de pensar ¿Cómo serán las guerras y los bombardeos?... ¡Si esto es así!
Personalmente odio la hora fatídica de las explosiones de cohetes y petardos, me molestan terriblemente esos atronadores ruidos. Jamás he logrado entender la causa ni los motivos, tampoco logro comprender cual es ni donde está la satisfacción de pararme en la puerta de mi casa a tirar bombas como un energúmeno. A veces pienso si no será la forma de decirle al vecino que… ¡Nosotros sí que podemos quemar la plata!... Qué bueno sería si en vez de quemarla se la diéramos a alguien que la necesite simplemente para comer.
Por lo general solo se trata de una exhibición, o un concurso para ver quien tira más y mejor.
El mundo entero se estremece ante tanta pólvora quemada… ¡Pólvora!… una mala palabra para mí... ¡Porque con la pólvora se festeja, pero también se mata!
Llegarán los infaltables discursos de navidad o fin de año, llagarán las promesas de un futuro mejor y años de abundancia, pero serán todas mentiras. El Papa lanzará sus “bendiciones” a los cuatro vientos, y serán mentiras también.
Yo no puedo hablar de felicidad y esperanza, y tampoco de cosas lindas y emotivas solo porque se acercan las fiestas clásicas, ¡Estaría mintiendo! Hay que ser muy zonzo para creer que el mundo tal como lo conocemos actualmente puede durar mucho tiempo más.
Tenemos dos enemigos a la vista, uno que ya está acá, y es la naturaleza que se ha revelado en forma feroz ante tanto atropello, e irá en aumentando su furia hasta hacernos la vida imposible sobre este planeta; y el otro, aunque suene demasiado fuerte decirlo y muchos no quieran creerlo, es que tenemos la tercera guerra mundial a la vuelta de la esquina. En ambos casos, el hombre, depredador por naturaleza, será el causante de la hecatombe final.
Ustedes dirán, ¡Que tipo loco! ¿Esto es lo que tiene para decirnos en su nota de fin de año?... ¡Es un amargado!
¡Error!, no soy un amargado y vivo muy feliz. Solo que no me llamo a engaño ni permito que me engañen.
Todo el mundo está loco de la vida porque Obama será el nuevo presidente de USA, todo el mundo espera maravillas de este hombre negro, ¡Pero quien así lo cree divaga totalmente! ¿A alguien, con un poco de sentido común se le puede ocurrir pensar que la política externa de los Estados Unidos de Norte América va a cambiar en algo? ¿A alguien se le puede ocurrir pensar que ellos, por el simple cambio de un presidente, van a dejar de ser el país prepotente y agresor que siempre fueron?, ¡Políticamente hablando por supuesto!
Obama podrá retirar parte de las tropas en Irak, Obama podrá retirar parte de las tropas en Afganistán, Obama podrá hacer muchas cosas y prometer otras, pero Obama no va a cambiar un ápice la política exterior de los EU, porque de lo contrario, donde quiera hacer algo que moleste a los grandes poderes económicos le va a pasar lo mismo que JFK… ¿O acaso alguno de ustedes se tragó la píldora de Lee Harvey Oswald?
Casi a finales de la primera década del siglo XXI las perspectivas de futuro no son nada agradables que digamos; el mundo y la gente están envueltos en una espiral ascendente de locura y violencia jamás vista.
Cuando terminaba el siglo XX se hablaba de que el nuevo iba a traer la paz tan deseada por todos, pues, fue exactamente al revés, y el siglo XXI solo nos trajo más guerras, muertes, desastres y desolación.
El fin de un año, o comienzo de otro, solo es una fecha ficticia en el derrotero de nuestro pequeño mundo por el espacio, en nuestro caso, o sea, el almanaque por el que nos regimos actualmente, fue un invento de Luigi Lilio aprobado por el Papa Gregorio XIII, y no solamente es imperfecto, sino un mamarracho donde solo se buscó acomodar fechas religiosas. En astronomía se usa otro tipo de calendario, otras religiones usan diferentes fechas y van en años numéricamente bien distintos.
El año Gregoriano
“Constantino, además de establecer el descanso semanal, decretó varias fechas fijas para celebrar fiestas, como Navidad. Pero se planteó un problema para determinar la fecha de la Pascua de Resurrección, y es que había sido durante la pascua judía, y esta, al depender de un calendario de base lunar, era una fiesta móvil en el calendario solar. La cuestión de la determinación de la Pascua de Resurrección se trató de resolver en el primer concilio de Nicea (325), el primer gran concilio de la cristiandad, y el de la creación de una Iglesia universal (católica) que estuviese ligada al Estado. Entre todos los dogmas y doctrinas que salieron del concilio, a nosotros nos interesa la solución que dieron para fijar la fecha de la Pascua de Resurrección: el primer domingo posterior a la primera luna llena después del equinoccio de primavera, excepto si coincidía con la pascua judía. Ante la imposibilidad, para la época, de precisar cuándo se produciría el siguiente equinoccio vernal se decretó que fuese, invariablemente, el 21 de marzo. Esta solución planteará un problema muy grave para los cristianos, cuando se haga evidente que el calendario juliano pierde un día cada 128 años, y por lo tanto cada año se hacía más notorio que la fecha de la Pascua de Resurrección se atrasaba con respecto al equinoccio. Además, hubo dos fórmulas para calcular la fecha de la Pascua; la de los astrónomos de Alejandría, que tomaba como referencia el 21 de marzo y la de la Iglesia de Roma que tomaba como referencia el 25 de marzo. Con el tiempo se celebraría la Pascua en fechas diferentes. Se hacía necesaria una reforma.
El nuevo calendario surgirá de la reforma que el papa Gregorio XIII (1502-1585) ordenó hacer para compensar las desviaciones del calendario juliano y hacer coincidir el año civil con el año trópico. La tarea recayó en una comisión, que dirigida por Cristóbal Clavio que basándose en los cálculos Luigi Lilio (el auténtico artífice de la reforma), presentó el nuevo calendario al papa. Los cálculos supusieron un día medio de 24 horas y un año medio de 365 días, 5 horas, 49 minutos y 20 segundos (26 segundos más que el año real). Para ello se alternarían años de 365 días, años de 366 días. El calendario gregoriano intercala un año bisiesto cada cuatro años, pero no cuenta como bisiestos los años seculares (los que terminan en doble cero: 1800, 1900, 2000), excepto cuando las dos primeras cifras son múltiplo de 4, como el 2000. Esta excepción se produce porque con los cálculos de Luigi Lilio se produce un error de un día 134 años, o lo que es lo mismo 3 días cada 402 años. Había, pues, que suprimir tres días cada 402 años. Como esta cifra está relativamente cerca de 400 se acordó que no fuesen bisiestos los años terminados en doble cero (100, 200 y 300) pero sí el 400 y sus múltiplos. De esta manera se produce un error de sólo un día cada 3323 años. No obstante, si se suprimiese un año bisiesto cada 128 años, el error acumulado sería menor a un día cada 100.000 años”
Fuente: http://club.telepolis.com/pastranec/interesantes/calengre.htm
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El tiempo
El tiempo no existe, porque no tiene fin, en al libro de José Hernández, “Martín Fierro”, encontramos la mejor explicación, ¡Hasta científica si se quiere! “El tiempo lo inventó el hombre, pa’ saber lo que ha vivido y le resta por vivir, el tiempo solo es tardanza de lo que está por venir”… ¡Esto es una exquisitez intelectual!
En esta época de recesión, donde la situación económica está haciendo estragos, donde las economías se vienen abajo, donde las grandes empresas merman sensiblemente y donde cada vez cuesta más poder vivir decorosamente, los propios gobiernos y la gente gastarán y quemarán billones y más billones de dólares en festejos indignos. Dinero que bien podría solucionar mucho de los problemas del mundo.
Mi mesa será la de todos los días, ni cosas extras ni esos regalos inútiles que generalmente terminan durmiendo el sueño de los justos en algún estante u olvidados en algún rincón de la casa.; ni bombas ni cohetes, solo paz adornará mi casa en este nuevo año Gregoriano. Esa será mi forma de festejar, de rendirle culto a la naturaleza y, honor y respeto a mi propia familia.
Lo demás, como el dicho popular, solo es “camelo”
Así que disculpen si no hablo de cosas lindas o poéticas para finalizar el año, la felicidad y la prosperidad tenemos que hacerla cada uno de nosotros, con los buenos deseos… ¡No alcanza!
Y eso se logrará cuando entendamos definitivamente que solo estamos de paso, un instante apenas en la inmensidad del espacio y del tiempo sin fin, que el egoísmo, pero sobre todo la ambición desmedida, nada nos soluciona, y que… ¡Como dice el viejo tango!... “No hay mortaja con bolsillos a la hora de partir”
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