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Año V Nro. 326 - Uruguay, 20 de febrero del 2009   
 

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Darío Acevedo Carmona

Liberaciones e intercambio,
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por Darío Acevedo Carmona - (Perfil) - Medellín/Colombia -

 
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         A pesar de los golpes recibidos en el último año y quizá en razón de los mismos, la guerrilla fariana, bajo el nuevo liderazgo de Alfonso Cano, un hombre con mayor visión política que Marulanda, ha puesto en marcha una estrategia para tratar de salir de su crisis. Impensable e imposible que esta tuviera como núcleo central la acción armada puesto que hace buen rato han fracasado en los diversos intentos ensayados. Sin renunciar a la acción de guerra de guerrillas, como lo afirmó en la entrevista a Cambio-16, Cano no tenía otra alternativa que buscar nuevo juego político y algo de oxígeno apelando a maniobras con los secuestrados “canjeables” que aún están en su poder. Este fue el principio para pensar cómo proceder y en quién apoyarse. El primer paso, entonces, consistía en revivir el interés de la opinión pública por los rehenes. No era fácil habida cuenta de la desconfianza con que son recibidas sus propuestas. Por tanto había que buscar mecanismos y personas que sirvieran al empeño y lo mejor era apoyarse en los rivales y críticos del gobierno. Las Farc rescataron la vieja idea de Reyes de buscar el respaldo de personalidades y movimientos que en nombre de la paz y del humanitarismo hicieran llamamientos y lanzaran propuestas en pro del intercambio humanitario que ha sido su principal bandera en los últimos años.

         No se trata de insinuar que quienes estando por el intercambio acceden a buscar entendimientos con la guerrilla son sus tentáculos civiles o idiotas útiles ni mucho menos. Pero, tampoco negarnos a ver que aquí no hay nada ingenuo ni gratuito. Ni se trata tampoco de que nos alarmemos porque haya quienes obtengan réditos políticos con estas movidas. No, eso está dentro de lo esperado. Lo que se requiere es que exista la mayor claridad acerca de todos los aspectos de este proceso en el que ciertamente no se puede hablar de gestos humanitarios atribuibles a todos los involucrados. Sin duda no es lo mismo la intervención del gobierno de Brasil o del CICR que la de las Farc o la de algunos personajes que desdicen de la función de los periodistas.

         El segundo capítulo se dio tal como era esperado por parte de los captores. Liberaciones espaciadas, espectáculo mediático, lágrimas a montón, felicidad generalizada, opinión pública conmovida y de paso, cuestionamientos directos y velados a la seguridad democrática. Críticas desmesuradas al gobierno de parte de algunos de los recién liberados y de quienes tradicionalmente han sostenido que no se ha hecho nada por los secuestrados, poco despliegue a las palabras de los policías y el soldado, magnificación de los errores del Mindefensa por el tema de los sobre vuelos,  tonos desmesurados de algunos miembros del grupo Colombianos por la Paz. Y en medio de todo el barullo aparece el planteamiento nodal: se impone un intercambio de prisioneros de guerra, pues ya no queda ningún político secuestrado. El problema no es ya el secuestro, como si los cientos de secuestrados por extorsión no valieran la pena, el lío, como siempre, está en el gobierno que se opone al intercambio.

         Entramos así a la tercera fase de la estrategia, en la que todas las energías apuntarán a la promoción del intercambio de prisioneros de guerra. La guerrilla cobrará por ventanilla su “gesto humanitario”, dirá que tiene voluntad para avanzar en acuerdos pero no renunciará a sus objetivos de siempre, conquistar el poder por la vía de las armas ni a secuestrar ni a realizar acciones terroristas en las ciudades. Con ello esperan conquistar un lugar en el espacio de la política de cara a las elecciones presidenciales y de corporaciones públicas del 2010.

         El balance de las liberaciones no deja aún claros ganadores ni derrotados, pero, lo cierto es que el juego está planteado: una guerrilla que pretende salir de su ostracismo y un gobierno que tiene con qué sostener que no se opone a ningún intercambio sino a uno que suponga despeje y reintegro de guerrilleros a las filas y que podría lanzar alguna propuesta negociable. Si quienes están en la intermediación guardan la discreción requerida y respetan los protocolos del garante, habrá posibilidades más ciertas de encontrar alguna salida.

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