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Año V Nro. 326 - Uruguay, 20 de febrero del 2009   
 

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Don Jeremías
por Pedro A. Lemos

 
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         La respuesta que don Jeremías, le daba al gaucho preguntón, en el cuento que hiciera popular Don Luis Landricina, pareciera una hipótesis actual en la política uruguaya, sostenida por muchos miembros del actual gobierno.

         El cuento en sus párrafos finales:
Gaucho Preguntón: "Don Jeremías, ¿que el viento de anoche le ha volao el rancho?"
Don Jeremías: "No, si lo he desarmao, pa’ sacudirlo."

         Da la impresión que existe esa concepción en muchos de los legisladores del Gobierno y en ciertos grupos que apoyan directamente a los aspirantes a candidatos presidenciales, del Partido de Gobierno.

         Sin considerar si es perceptible de mejora, si es ideal o malo, el parlamento tiene en sus manos un Proyecto del Poder Ejecutivo para construir una segunda Terminal de Contenedores. El Proyecto propone que el Estado Licite o Subaste el 100 % de las acciones del emprendimiento.

         Las visiones de los parlamentarios están encontradas. Para muchos sería mejor dilatarlo, porque  reconocen que existe en éstos momentos divergencias internas entre los parlamentarios del partido en el Gobierno. Al igual que cuando existe un planteo serio de transformación de los Entes Monopólicos, los diputados lo consideran una decisión estratégica.

         Lo cierto es que está en manos de los Diputados, que se venda el 100% o el 49 %, o el 25%.

          Muchos Legisladores, consideran que el Estado debe de participar como accionista minoritario en alguna medida para monitorear y controlar su funcionamiento.

         La pregunta de rigor es: ¿Qué empresarios desean hacer una fuerte inversión, con el Estado metido en el Directorio?, ¿no habrá que desarmar la mentalidad de los diputados, para sacudirlos decididamente?

         El Estado debe de estar fuera, controlar y regular, pero dejemos de soñar con un Estado empresario. Más que nada no debemos desaprovechar la oportunidad que está en las manos y que es una considerable mejora para el Puerto, para el País y para el propio Montevideo y sus habitantes.  La propia crisis Internacional que se avecina, exige de mentalidades abiertas, para generar  nuevas Oportunidades  e incentivar a los inversores.

         No hay necesidad de desarmar todo, para sacudirlo.

         Dado que realmente hoy hay que desarmar toda la terminal de trenes que bien puede incluirse en el área, porque los legisladores sin previsión y la Intendencia sin importarle, han permitido que se convierta en un triste basural.

         Esto que podrá tener diversas aristas, denota una de las tantas fallas, hasta de la propia Justicia. Tampoco es necesario desarmarla para sacudirla, pero se debe sacudir profundamente.

         Otro tema que está en boca de cada ciudadano es la inseguridad que se vive, no es un tema solamente de campaña sino de buscar consensos  para sacudirlo. Quizás habría que desarmar y sacudir al Ministerio del Interior. No ya por las actitudes, acciones y expresiones de los titulares ocasionales, sino para consensuar una verdadera política donde el más desposeído tenga la vida en paz, con sus hijos fuera de la pasta base, con educación e igualdad de oportunidades, como quienes hoy ocupan la mayoría de los sillones y hasta el propio sillón Presidencial. Muy pocos de ellos, son producto de centros de enseñanza privados, sino de la ‘’laica, gratuita Escuela uruguaya’’. Por más que actualmente prefieran para sus hijos la Escuela Privada y se pongan ‘’Capa de Caperucita Roja’’.

         No hay que desarmarlo, pero decididamente hay que sacudirlo, no ya de la retrospectiva ideologizada ni mucho menos, con la idea de emparejar hacia abajo haciendo más pobre a los propios e indefensos pobres.

         Uruguay tiene unas excelentes posibilidades comparativas con respecto a los demás países del mundo. No es necesario realizarle una cirugía estética, ni mucho menos cargarlo de maquillaje agresivo, simplemente debe primar la coherencia y sentar la bases para que se vea como es, natural pero fundamentalmente seguro.

         Nadie es más feliz, que al tomar un subte, un tren o caminar por las calles de una Ciudad o un Pueblo, sin temer por su propia seguridad. Los ejemplos estúpidos de las grandes  Ciudades que se ofrecieron como inseguras,  son problemas de sus propios gobiernos y es problema de la clase política uruguaya dar inmediata solución a los problemas del Uruguay.  Si los septuagenarios memoriosos revisan sus dichos, no hace mucho tiempo, a sólo 500 kilómetros al sur de San Paulo, se congratulaban con un modelo de trenes y seguridad en las calles de Curitiba.

         No hay que pensar como armar  un rompecabezas nuevo, que al desarmarlo y entreverar las fichas, se le presenta al individuo como un gran desafío, el desafío es abrir la mente de quienes tienen en sí mismo una mentalidad retrógrada.

         No es necesario que cada Gobierno desarme el rancho para sacudirlo, lo ideal, lo lógico y hasta lo racional, es sacudir la modorra de sesudos intérpretes de intereses encontrados. Utilizando los cimientos sólidos ya creados.

         Estos que tuvieron como única oportunidad ocupar algunas bancas y se exhibirán a futuro, ya sin votos, podrán optar por entender o seguir soñando con que el Estado debe ser el dueño de la razón y el pensamiento.

         A esto seguramente es necesario, desarmarlos y sacudirlos a los cuatro vientos.

         No obstante, el cuento inicial tiene en sí mismo una interrogación interesante. Conocida por los efectos devastadores del viento que había volado muchos ranchos, y sin referirme a los ‘’quinchos’’ superpuestos en calvas cabelleras.

          ‘’¿Es que el viento de anoche le ha volao el rancho?”

         Mirando los millones de años que el ser humano viene construyendo la humanidad, habiendo pasado por milenios aberrantes, es interesante pensar si vale la pena avanzar en el calendario y retroceder en la calidad.

          Si escuchamos la defensa del PBI  que se hace por el actual gobierno, debemos tener en cuenta, así lo indica el propio Ministro, que por extrema necesidad se consumió energía por  500 millones de dólares extras para cubrir el déficit energético, lo cual es totalmente cierto.  El Estado uruguayo compró en emergencia para solucionar un problema. Lo que no dice, o no quiere decir, es que a su vez otro Ente generó o contrajo una deuda por similar valor al comprar petróleo y retener un 15 % de la compra, que usted, su hijo o su nieto pagará, por vivir en un País que debe cumplir con sus compromisos y que ninguna de las caras actuales estará en ningún sillón cuando se haga, así lo espero.

         No hay que desarmar al Uruguay, el terruño necesita de todos para construirlo. Si hubo cosas buenas nadie va a demolerlas para sacarle el polvo y reconstruirlas. Pero por favor, dejemos de vivir en campaña y vivir peleando intereses demasiados pequeños, desde  los actuales legisladores o responsables, hasta el propio visitante en Suárez es temporario, la ciudadanía lo sentó sólo por cinco años.

         Es la ciudadanía, la que le desarma el rancho y no los vientos de anoche…

         La peor dificultad ‘’de los vientos de anoche’’, son sin lugar a dudas  la fisura que se ha generado en la propia sociedad. Hoy ya no es una fractura superficial del revoque, es sin lugar a dudas una fractura contractual que denota desprendimiento de las partes.

         No son los vientos de anoche, son los vientos que por más de cuarenta años han realizado una prédica incansable  de los que están, llegaron y usufructúan el poder, dividiendo a un País al que le ofrecían mágicas recetas y si no fuera por las extraordinarias condiciones internacionales de los últimos cuatro años, hoy estarían apartando ladrillos rotos, despuntados, partidos a la mitad.

         Si fueron los vientos los que prometían un Gobierno del Pueblo, al tomar posesión bajaron las órdenes para bien y para mal, demostrando que las promesas de los vientos, se transforman en huracanes de personalismos.

         Esa aberrante prédica de desarmar el rancho, sacudirlo, apartar los rotos, los partidos y los sanos, para reconstruir, ha sido una prédica incansable. Pero hoy el individuo tiene información, puede comparar, tiene capacidad de reconstruir,  sin necesidad desarmar el rancho.

         Si han sido los vientos de muchas noches, los que han desarmado, confundiendo ladrillos rotos, cemento, arena y hasta el hierro, los que van destruyendo los valores.

         Don Jeremías seguramente sacudiría con energía, sin dejarle resto de polvos, a los ladrillos con los cuales han construido una corporación partidaria, que defiende proyectos ideológicos y atiende de soslayo su verdadera función.

         El soslayo no significa un reojo, un mirar desinteresado, todo lo contrario, ellos están muy interesados en ser parte de un proyecto político, sustentado por trabajadores que cumplen sus ocho  horas y dejan unos pesos de su salario, para que los iluminados hagan política abierta y hasta en contra  del propio laburante y los jubilados, que hoy sufren  las consecuencias del  IRPF.

         La fractura superficial de los vientos de anoche se va acrecentando con los temporales del ayer, hasta convertirse en resquebrajamiento estructural con las consabidas consecuencias, por los temporales del hoy.

         No hay que desarmar el rancho, para sacudirlo, hay que barrer la tierra, para que el viento se la lleve y fertilice tierras muy pobres, en las que nada germina por la gran confusión mental  de Legisladores y  Sindicalistas.

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© Pedro A. Lemos para Informe Uruguay
 
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