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Año V Nro. 404 - Uruguay, 20 de agosto del 2010 
 
Informe Uruguay

 
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Visión Marítima

 
Marcelo Ostriga Trigo

Cambio por el cambio
por Dr. Marcelo Ostria Trigo

 
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         Se dice que la historia debe ser la gran maestra que nos enseñe a ir edificando, sin los errores del pasado, una sociedad que satisfaga las expectativas crecientes de los pueblos. Esto, por supuesto, procurando que, por lo menos en lo negativo, la historia no se repita.

         Uno de esos errores colectivos del pasado fue el endiosamiento de caudillos erigidos en mesías que prometieron, a cambio de recibir apoyo irrestricto, un futuro de bienestar, de igualdad, de justicia y de libertad. Así se iba formando un verdadero culto –llamado de la personalidad- que se exteriorizaba en desfiles y juramentos y en la promesa de defenderlo, inclusive a costa de la vida, para que el iluminado siga conduciendo al pueblo hacia la felicidad.

         Una característica común de esos caudillos fue –y es– impulsar cualquier transformación de la sociedad –hasta hace poco llamada revolución y, ahora, con el advenimiento del neopopulismo, proceso de cambio. Así, se va imponiendo la idea de que todo lo pasado fue perverso. Se hace cuestión vital la consigna de cambiarlo todo: nombres, instituciones, símbolos, etc. En suma, nada de lo pasado sería rescatable, pues todo fue parte de un sistema opresivo; no importa, entonces, si las proposiciones de cambio son razonables y si éstas pueden ocasionar desastres.

         Por supuesto que toda obra humana –el diseño de una sociedad es producto de la imaginación y de la acumulación de experiencias– es perfectible. Pero hay experimentos que se orientan simplemente por una suerte de fobia a lo establecido, así se trate de lo probamente beneficioso. Se comienza, entonces, a escribir una nueva historia, a edificar un nuevo esquema político, frecuentemente improvisado, pero que lleva el prurito de la transformación. Así, hay que adoptar nuevos nombres: el de república, por ejemplo, supuestamente no basta o no refleja la nueva organización de la sociedad constituida en Estado, y se le agrega un adjetivo: bolivariana, socialista, popular, democrática, o simplemente se la elimina, con un esfuerzo de imaginación que a veces cae en la incongruencia.

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         Otro afán desenfrenado de cambio se centra en las instituciones y en las leyes. Es una constante de los caudillos de las revoluciones –o de los “procesos de cambio”– impulsar nuevas constituciones cuya finalidad esencial sea garantizar la continuidad indefinida del caudillo, es decir su perpetuación en el poder, lo que se considera esencial para la continuidad de la revolución o el cambio. Nadie podía imaginar que Hitler, Stalin u otro caudillo parecido, podía ser sustituido en procesos que sean la expresión de la voluntad ciudadana.

         Así se iba conformando una “nomenklatura” encargada de preservar los privilegios de una nueva clase, aunque se vaya proclamando que se marchaba hacia la organización de una sociedad sin clases. Estos experimentos dramáticos, que terminaron agotados, no impidieron nuevos intentos de entronizar caudillos mesiánicos; en nuestra región bajo el signo del populismo. Y como denominador común todos los regímenes que conforman la ALBA, han forzado o están en camino de hacer aprobar nuevas constituciones, claro está con el propósito de su continuidad indefinida en el poder, lo que conduce a una dictadura populista que proclama la revolución socialista –la del socialismo del siglo XXI la llaman– buscando la solidaridad militante entre los aliados, así sea con oportunismos ostensibles, como la alianza con regímenes que se sustentan en el oscurantismo confesional.

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© Marcelo Ostria Trigo para Informe Uruguay

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