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Año III - Nº 178
Uruguay, 21 de abril del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 

 
Montevideo Colonial
* Luis Tappa
 

Montevideo colonial, así me definió un señor que junto conmigo esperaba un ómnibus en una parada de Bvar. Artigas y Palmar.

Se refería a los famosos carritos tirados por caballos, en esta oportunidad, el animal, mientras esperaba que el semáforo habilitara la circulación hacía sus necesidades básicas sobre el pavimento, cosa muy natural por cierto y que a nadie le llama la atención.

Montevideo está lleno de vehículos de tracción a sangre, los carritos se cuentan por miles, independientemente de los residuos que levantan y la suciedad que dejan alrededor de los contenedores, es una locura total que en pleno siglo 21 sigamos recurriendo a este antiguo sistema.

Colaboran en el desorden del tránsito, causan accidentes y entorpecimientos, además de obligarnos a soportar la ignominia de ver como esos pobres animales, guiados por otros de su misma especie, muchas veces son sometidos a brutales castigos mientras los hacen cinchar hasta reventar, tremendas cargas.

Hablamos de un Uruguay moderno y progresista, pero esto es la antítesis del progreso, se dice que no se les puede quitar el trabajo ya que de eso viven, por eso se permite la circulación de este tipo de vehículos.

Hay dos clases de ciudadanos que conforman ese conglomerado humano que son los cinturones de pobreza que bordean la ciudad.

Uno es el que viene desde el mismo inicio del proceso, lentamente desplazados y acuciados por la extrema pobreza fueron armando estos grupos, sus hijos se criaron y a la vez tuvieron sus propios hijos dentro de este ambiente y por consiguiente son hereditarios de este "modus vivendi".

Si bien es cierto que muchos de ellos vive de la recolección y clasificación de residuos, me atrevería a afirmar que casi ninguno cambiaria el carro y el caballo para ir a trabajar en un empleo municipal, por ejemplo.

Viven como viven porque nacieron así, se acostumbraron así y así seguirán.

El otro es el que corrido del interior del país por falta de trabajo, desalojos y los cada vez menos recursos de supervivencia que encuentran en el campo se trasladan a la gran ciudad tras la quimera de encontrar aquí lo que les fue negado en su lugar de origen, pero terminan completando el heterogéneo grupo de marginados que se agrupan en los alrededores de la capital; sin posibilidades de trabajo estable y sin recursos deben adaptarse como pueden a este nuevo estilo de vida, que disgrega, discrimina y mata lentamente mientras transitan por la vida en la más absoluta miseria y abandono, es también el lugar donde se vuelve mentira aquello de que la esperanza es lo último que se pierde.

Mientras tanto, en nuestra calles y avenidas exhibimos orgullosos lo que ya es parte de nuestro folklore, el carro cargado hasta "la manija" tirado por un pobre caballo, que más de una vez han caído muertos en la calle, reventado el corazón de tanto esfuerzo, cinchando a fuerza de palos insoportables cargas.

Causa indignación soportar estas cosas, y suceden a vista y paciencia de personas, adultos y niños, que ocasionalmente transitaban por el lugar.

Mientras esto sucede en Montevideo, en el interior de nuestro país existen enormes porciones de tierras improductivas o en manos de extranjeros.

El estado tiene suficiente tierras fiscales como para intentar reacomodarlos y sacarlos a todos de las calles, lo mismo que familias y niños abandonados a su suerte en esa especie de pueblos de ratas donde viven.

Solo hace falta un poquito de voluntad y visión para hacer de Montevideo una cuidad más humana. Si al estado le faltan tierras que las compren, siempre va a ser mejor que permitir que se vendan a esos mismos extranjeros que lentamente se van adueñando de nuestro territorio.

Lo siguiente fue tomado de una nota de Isabel Viana en la página que abajo menciono, donde encara este tema, que a mi criterio, lleva el camino de agudizarse.

"…el desorden proviene de la falta de un proyecto contemporáneo de país, sostenido por sus recursos territoriales y por una sociedad integrada, que ocupe la plenitud del espacio nacional y que requiera y justifique la modificación del orden extractivo que creó y gestionó el capital inglés en el siglo XIX"

"Sin embargo, el país vive y ha vivido de espaldas a su territorio, un ''afuera'' real. Historia y cotidianeidad se han construido sin conciencia de la necesidad de conocer y administrar debidamente los recursos territoriales. La gestión territorial coherente no aparece como tema de debate y con mucha frecuencia aplicamos las riquezas que genera el territorio a inversiones que le son ajenas y frecuentemente no reproductiva"

"Conocemos muy poco acerca de cuales son nuestros recursos territoriales y menos aún acerca de su capacidad para sostener procesos de desarrollo alternativos. País cultural y tecnológicamente dependiente de formas y productos ajenos, no asumimos el desafío de la creatividad para elaborar las adaptaciones imprescindibles de otras culturas a nuestra realidad"
http://www.montevideo.com.uy/ndosmil30_17810_1.html

Los enormes latifundios y la extranjerización de nuestras tierras, que ocupan enormes extensiones de nuestro territorio, han corrido a la gente del campo, les han quitado espacio e inevitablemente hicieron que estos terminaran formando parte de ese engendro de ciudad que tenemos en los alrededores de Montevideo, esto sucede mientras varias localidades del interior del país están condenadas a desaparecer, como les va a suceder a todos esos pequeños pueblitos que quedaron al costado de las vías muertas de estaciones de trenes abandonadas, o aislados en el medio del campo.

Somos un país de juguete, la irracionalidad de los grandes intereses menoscaba todo posible intento de reordenamiento y trabajo en nuestro territorio. La poca visión de nuestros gobernantes, estos y los anteriores nos arrastra, inevitablemente, a una confusión de la cual no sabemos como salir. Cada vez se agranda más la diferencia entre las distintas esferas sociales, están más ocupados en pagarle al FMI y pelearnos con los argentinos por un par de papeleras que preocupados por el bienestar del pueblo.

La Ley de Katz:
"Los hombres y las naciones actúan en forma racional una vez agotadas todas las otras posibilidades"

Mientras tanto, el señor Ministro de economía sale, lujurioso de felicidad, a contarnos lo bien que hacemos los deberes, nos ahorramos un par de milloncitos y le pagamos religiosamente y por adelantado al FMI el servicio, o sea los intereses, porque la deuda no se achica un dólar y seguiremos pagándola "per saecula saeculorum"

Estamos como locos preocupados por las papeleras como si esto fuera la salvación del país, menuda sorpresa se van a llevar dentro de unos años, cantos de sirenas… ¡solo eso!

Sin que pretenda que se deje de lado la explotación de recursos naturales debemos apuntar a la tecnología y nuestra industria, quienes me han leído saben que hace mucho lo vengo diciendo, podemos exportar mucho y pueden venir empresas extranjeras, pero eso no nos asegura el bienestar de todos los ciudadanos, ejemplos tenemos a montones, existen muchos países ricos llenos de gente pobre, ¿de que nos sirve un país económicamente fuerte si la mitad de su gente no participa de estas riquezas en forma de trabajo decoroso y bien pago?

La gran forestación que se avecina colaborará a un cada vez mayor desplazamiento de la gente del campo hacia la capital.

Tenemos el ejemplo de Finlandia, una de cuyas fábricas se instaló en nuestro país, ¿Vienen a hacernos un favor? ¡No!, vienen a hacer su propio negocio y porque Finlandia desde hace años está abandonando su viejo sistema de país agrícola-forestal por la sencilla rezón de que se estaban quedando rezagados frente a la tecnología de la comunidad europea, y entonces optaron por esta última.

Así nos lo explica Juan Grompone en la nota que titula "Entre Madagascar y Finlandia"

"El caso contrario es Finlandia, que fue tradicionalmente un país agrícola-forestal que hacia 1980 se dio cuenta que eso no tenía más futuro. Esa no era una manera de prosperar en la Comunidad Europea ni en la zona en la cual estaba inmersa. De modo que se decidió a explorar los caminos tecnológicos…"
El subrayado es nuestro.

Esto también fue dicho en el seminario de Cofac, donde Grompone nos propone, con meridiana claridad, un modelo de país totalmente diferente al que apuntamos en estos momentos. Recomiendo leerlo.
http://www.montevideo.com.uy/hnnoticiaj1.cgi?23987,383,383,383,,0,0

Nosotros siempre venimos atrás, somos como los famosos carritos tirados por caballos, recogemos la basura, los desperdicios de otros, levantamos la bandera de la patria y salimos locos de contentos a soplar la tuba.

En la tecnología, en la creatividad (como dijo Isabel Viana) y la reactivación de nuestra propia industria está el futuro, lo demás es cuento chino, o finlandés… ¡no se!
Mientras tanto seguiremos siendo dependientes de costumbre e intereses ajenos, desde que somos país nunca aprendimos a mirar para adentro.

Sin embargo, hace unos pocos días, leí al pasar un titular del diario "La República" que decía que en el primer año de gestión de este gobierno ya hay 50 mil pobres menos.

¡Que maravilla!, esto es el milagro uruguayo, es increíble como en tan pocos meses se puede pasar de pobres a pudientes… ¡así!, ¡chass!, en un santiamén.

Porque, no ser pobre significa ser pudiente… ¿o no?

Y si no que alguien me explique donde está la barrera y la diferencia entre ser pobre y no serlo.

No es dándole limosnas a la gente que se les solucionan los problemas, esa es la solución fácil, el pueblo quiere la otra, la que requiere voluntad, orgullo nacional, amor a la patria, sacrificio, sensibilidad, visión, ideas y por sobre todo… ¡ganas!

Es hora de pasar por el taller de alineado, debemos arreglar la divergencia de nuestro tren delantero porque así no podemos rodar, con una rueda apuntando al sur y la otra al norte, en cualquier momento volcamos.

No debemos preocuparnos demasiado con este diferendo con los argentinos, según se ha dicho por ahí, nuestro bienamado Monseñor Cotugno estaría dispuesto a reunirse con nuestros queridos presidentes; un santiguado, unos Padre Nuestro, algún Ave María, un poquito de agua bendita y todo solucionado, les aparecerán las ideas como por arte de magia…

… y menos mal que vamos a recurrir a nuestros dioses, porque si llegan a recurrir al Dios de Mr. Bush… bueno, ¡ahí si que se arma la gorda!

 
 
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