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Las
guerras del petróleo
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Muchas son
las guerras que han sido declaradas y que aun siguen siendo
desatadas alrededor del mundo para asegurar el control corporativo
sobre el petróleo. Detrás de los nombres de
presidentes y dictadores están los de actores mucho
más poderosos: Exxon/Mobil, Chevron/Texaco, Shell,
British Petroleum, Elf. Estos -y sus parientes cercanos-
son a veces quienes derrocan a presidentes electos o dictadores
para reemplazarlos con dictadores o presidentes más
amigables.
Muchas de
esas guerras ni siquiera son cubiertas por los medios de
comunicación, y cuando lo son, el petróleo
es rara vez mencionado como su causa de fondo. Un gobierno
es derrocado por la oposición armada en un país
africano y la noticia sólo abarca el odio entre ambas
partes y casi nunca a las corporaciones y gobiernos extranjeros
que respaldan a cada una de ellas. En muchos casos, los
actores detrás de bambalinas son las empresas petroleras.
En Venezuela, un presidente electo ha tenido que enfrentar
un golpe y una huelga general por estar sentado sobre un
mar de petróleo y por no parecerle lo suficientemente
amistoso al poder petrolero de los Estados Unidos. También
se han desarrollado estos conflictos en regiones tan diferentes
como las Islas Malvinas, Medio Oriente, Afganistán
o Chechenia, o se han exacerbado luchas armadas internas
como en Sudán, Colombia, Nigeria y Congo.
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Pero
el petróleo no sólo está detrás
de guerras civiles, golpes de estado y campañas
electorales presidenciales. El petróleo es también
responsable de las innumerables guerras "de baja
intensidad", que destruyen comunidades enteras
alrededor del mundo y particularmente en los trópicos.
Muchas comunidades indígenas y otras poblaciones
locales han sido borradas del mapa o han tenido que
enfrentar situaciones terribles debido a la destrucción
ambiental resultante de la |
exploración
y explotación petrolera en sus territorios, así
como de la violación generalizada de sus derechos humanos.
Desde Ecuador a Nigeria y desde Indonesia a Chad, el "oro
negro" ha sido una maldición para los pueblos
locales y su medio ambiente.
Demás
está decir que el petróleo también
ha desatado la guerra contra el aire y el clima del planeta.
La contaminación generalizada del aire afecta a todos
los seres vivos, mientras que el cambio climático
abre una interrogante sobre el futuro de la Tierra. El uso
de combustibles fósiles -y particularmente el petróleo-
es claramente responsable de esta situación.
Los gobiernos
del mundo han hecho algunos intentos de abordar esta última
temática. Han firmado y ratificado la Convención
sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto. En
forma similar a lo ocurrido en el Consejo de Seguridad de
las Naciones Unidas en relación a Irak, un gobierno
-representando los intereses de las corporaciones petroleras-
decidió no ratificar el Protocolo de Kioto porque
afectaría sus intereses. Este país -los Estados
Unidos- resulta ser el número uno en emisiones de
CO2 y sede de las empresas petroleras más poderosas
del mundo.
Estas grandes
empresas también dominan la administración
del gobierno de Bush: el vicepresidente Dick Cheney, la
consejera de seguridad nacional Condoleezza Rice y muchos
otros altos cargos de esa administración han sido
ejecutivos de corporaciones petroleras o tienen antiguos
lazos con la industria.
Basado en
información del Movimiento Mundial por los Bosques
Tropicales- WRM
Material publicado en Choike.org