Año II - Nº 78 - Uruguay, 21 de mayo del 2004
Sí, quiero
El hogar de una nueva familia
Educación Pública ¿Tolerancia y reflexión?
Nos contaron una historia de amor
Barbarie en la frontera
INFORME ESPECIAL: Buscando las causas en lugar de los efectos
ENTREVISTA: Gas Vehicular, tarifas, crisis social y financiera

Comenzó el invierno...

¿A dónde va tanta sangre derramada?
Sucedió en España
Y va otro... pero...
Rondan Martínez y "Artigas Compañero"
Un tiempo de hipócritas
Así somos
Hurgando en la web
La guerra del petróleo
Una introducción a la investigación de la Fé y la Religiosidad - Conclusiones
De Internet a Bruselas
Un policía rural del paraje Sarandí de los Amarales
Desde las cenizas...
Información Ciudadana
La Cocina Uruguaya
Rincón de Sentimientos
El Interior también existe
Olvidémonos de las Pálidas
Las Locuras de El Marinero
Correo de Lectores

 

 

Mi primer psicoanálisis

Entré al consultorio, me quité el piloto, lo colgué en el perchero, miré durante unos segundos cómo se iba mojando la alfombra y avancé hasta el diván. Me senté; no estaba en condiciones de acostarme.
Si en esta sesión no miraba la cara de mi analista, no hubiera sido capaz de emitir una palabra. Sabía que los que había descubierto podía cambiar el curso de mi terapia. Percibía que por primera vez estaba a punto de descifrar por qué me afectaba tanto no entender la realidad, algo que les pasa también a muchos políticos sólo que a ellos no les importa.

Mirándolo a los ojos, le dije a mi terapeuta: "Mi mamá y mi papá me engañaron todo el tiempo". Y sin dejarlo pestañear fui desarrollando el nudo de mi angustia. Y no fueron mentiras así nomás.

Yo puedo perdonarles que me hayan asegurado que si tomaba toda la sopa iba a crecer, pero no esas calumnias que afectaron mi vida para siempre. Con la carga adicional de saber que no estaba recordándolas todas, comencé a enumerar las que aún resonaban en mi atormentado cerebro:

Si te pasa algo en la calle, llamá a un policía, él te va a ayudar. Los ladrones le tienen miedo a la Policía.
 
Juez no es cualquiera, primero tiene que demostrar su honestidad y que es el mejor en lo suyo.
 
Para integrar un partido político tenés que tener la misma línea de pensamiento que el resto de tus compañeros.
 
Si querés ganar mucha plata tenés que trabajar muy duro.
 
Las Fuerzas Armadas son las encargadas de defendernos en caso de una agresión extranjera.
 
Los periodistas tienen que ser objetivos y en ningún momento mostrar su ideología, sólo tienen que informar y eso sirve para formar. Si lo dijeron por la tele es verdad.
 
Al final siempre ganan los buenos.
 
El Uruguay es un país rico, vos plantás un palo de escoba y crece una planta, por eso acá nadie se muere de hambre.
 
Acá no trabaja el que no quiere.
 
Este es un país de inmigrantes, el que llega no se quiere ir más.
 
El banco es el lugar más seguro para guardar la plata.
 
El cliente siempre tiene razón.
 
Si sos honesto siempre te va a ir bien en la vida.
 
Mis derechos terminan donde comienzan los de los demás y viceversa.
 
Los políticos son los representantes del pueblo.
 
La escuela pública es la mejor, a las privadas van aquellos a los que no les da la cabeza para estudiar.
 
Un presidente, cuando asume, declara su patrimonio, y cuando termina su mandato no puede tener más que cuando asumió.
 
Después de las elecciones, el candidato que perdió se pone a disposición del que ganó para ayudarlo.
 
Ningún país se puede inmiscuir en asuntos internos de otro.
 
Todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y obligaciones.
 
Nos tienen bronca porque somos los mejores.
 
Como se come acá no se come en ningún lado.
 
Los países ricos ayudan a los países pobres.
 
La esclavitud se terminó hace rato y está prohibido que los chicos trabajen.
 
Después de trabajar toda la vida, el premio es que podés jubilarte y vivir sin laburar

Al llegar a este punto, me arrepentí de verle la cara a mi terapeuta, él también estaba llorando mientras hacía añicos el retrato familiar que hasta ese día cuidaba como un tesoro.