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Año V Nro. 300 - Uruguay,  22 de agosto del 2008   
 

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Raúl Seoane

Es la delincuencia, estúpida
por Raúl Seoane

 
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         Permítaseme parafrasear a Bill Clinton cuando durante su campaña dijo la famosa frase “Es la economía, estúpido”, para titular este artículo sobre la violencia en Uruguay. Y no es casual, sino causal, que la estupidez de muchos dirigentes del gobierno sea la principal culpable del incremento de la delincuencia y de la violencia en nuestro país.

         Sin embargo, ésta parece ser una constante en los gobiernos progresistas del Cono sur. De similares características, pero en mucho mayor escala, es la violencia y el incremento de la delincuencia en Argentina, la cual está pasando de ser un país de tránsito para convertirse en fabricante de alcaloides, habiendo sido invadida por narcos mexicanos y colombianos.

         No podemos negar que, quiérase o no, vivimos atados económica, social y culturalmente a nuestros hermanos argentinos, y ahora también al populismo político, lo que apareja la complacencia con los derechos humanos esgrimidos de una forma tan nefasta que en ambos países han conseguido aumentar el incremento de los delitos.

         A tal punto llega la similitud que, al preguntárseles a los políticos de ambos países sobre el incremento delictual, en ambas márgenes del Plata aseguran que “sólo es una sensación” y continúan desentendiéndose sobre las causas y la forma de combatirla.

         La verdadera causa del aumento del delito se encuentra en la caprichosa tergiversación de los derechos humanos en los gobiernos progresistas. Las cortas sentencias por delitos graves, la excarcelación y la permisividad en nombre de esos malhadados derechos humanos representan la principal causa del fenómeno.
Hace poco leí que un importante político del gobierno aseguraba que el bajar la pobreza y la marginalidad no necesariamente representaría una baja en los delitos. Es probable que en parte pueda tener razón, pero eso unido a una mala calidad de la educación y un total irrespeto por la autoridad fomentada por la izquierda, unidos a la pobreza SÍ son los verdaderos culpables.

         Es muy común que los gobiernos progresistas de izquierda, muy probablemente por la propia esencia revolucionaria de la cual surgieron, confundan la autoridad con el autoritarismo, y al no ejercer esa válida autoridad, el propio gobierno y no permitirlo en las escuelas, en la policía, en los jueces, etc., el incremento del delito comienza su auge.

         De la misma forma en que existe la delincuencia entre los diferentes estratos políticos, también existe en la policía, los arquitectos, contadores, etc., incluyendo a los pobres, pero dentro de esta última categoría la desesperación y las necesidades insatisfechas pueden llevar al individuo hacia el camino del delito y lo único que puede evitarlo es una buena educación y el conocimiento de saber que tiene igualdad de oportunidades para que, con su esfuerzo, pueda salir de la situación extrema en la que se encuentra.

         Pero si en lugar de ayudarlo a esforzarse y adquirir conocimientos, repartimos dinero graciosamente entre los pobres, lo único que se consigue es fomentar la vagancia y las expectativas de crecer sin esfuerzo y redunda, indiscutiblemente, en mayores delitos para alcanzarlas.

         Es cierto que este tema tiene muchas aristas que conforman un todo y que deben ser analizadas en su conjunto y no una por una, pero no es menos cierto que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y eso le está sucediendo a nuestro gobierno, por lo tanto, es la delincuencia, estúpida.

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