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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 387 - Uruguay, 23 de abril del 2010 |
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Ocho de diez norteamericanos dicen que no confían en su gobierno de acuerdo a encuestas realizadas por el Pew Research Center.
La desconfianza en Washington no comenzó con Obama, viene de tiempo atrás, pero su gobierno ha incrementado el resquemor como ningún otro. El problema del votante promedio es el problema del ciudadano promedio. Cada persona con la que uno se topa se considera docta en política y vierte su tajante opinión sobre los hechos, por más que su conocimiento se limite a leer esporádicamente los titulares y observar a los candidatos dos meses antes de las elecciones. Los menos profundos, deducen su favoritismo más por motivos aparentes que de fondo. En el caso de Obama, su juventud y su sonrisa fueron más cautivantes que la experiencia y sobriedad de McCain. Algo parecido sucedió cuando Jimmy Carter fue elegido presidente. Las desastrosas consecuencias del gobierno de Obama serán más dolorosas y durarán mucho más que las dejadas por Carter hace 30 años. Aquellos que piensan que cuando acabe su gobierno se acabarán los problemas, están equivocados. Se requiere de mucho tiempo para revertir las desatinadas medidas que está tomando el gobierno norteamericano, no sólo en lo que respecta al sistema de salud, que demorará años en implementarse, y tantos más en modificarse o anularse, sino las reformas impositivas que vienen en camino, que empobrecerán a la clase media más de lo que está.
Adicionalmente, el nombramiento de los nuevos jueces de la Corte Suprema, de tendencia más liberal que sus predecesores, que serán elegidos de forma vitalicia por el presidente, en reemplazo de los que vayan dejando su puesto por su edad avanzada, delineará una tendencia progresista difícil de cambiar, que afectará el funcionamiento de todo el sistema jurídico y su arquitectura moral desde lo más insignificante a lo más complejo. Si la gente en vez de opinar superficialmente de política, escuchara a los que saben, y tratara de instruirse acerca de quiénes son los candidatos, se eliminarían problemas que les afectará su economía, su salud, su educación; y perturbará la vida de sus hijos, sus nietos y el resto de su descendencia por generaciones. La política es transcendental, deja huellas profundas, muchas veces de por siglos.
La tozudez izquierdista, o en un plano más siniestro y paranoide pero no desechable, la conspiración de Obama es de tamaña magnitud, que éste puede ser el comienzo del final de los Estados Unidos como superpotencia. Las grandes civilizaciones que llegaron a su ocaso, nunca más volvieron a levantarse. Los romanos no son los italianos de hoy, lo mismo pasa con los griegos, los ingleses, los españoles, y todos los que blandieron la antorcha de la gloria por un tiempo en el que se creyeron invencibles. El único aspecto a favor de los Estados Unidos, es que su gente es más veloz que la mayoría en darse cuenta de sus errores, reconocerlos y remediarlos. Solamente esa virtud puede hacer que su sociedad posiblemente se recupere de esta nefasta vivencia, siempre y cuando los republicanos recuperen el poder en 2012. Quedan casi tres años de gobierno demócrata por delante en los que es muy probable que vivamos guerras internacionales, violentos conflictos internos y desgracias impredecibles. Y todo por no querer escuchar. © José Brechner Compartir este artículo en Facebook
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