Miembro de apdu
   
Año V - Nº 270
Uruguay, 25 de enero del 2008
separador Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

Buscar en el WWW Buscar en Informe Uruguay

ha

historia paralela

2012

humor político

apdu

 
Julio Dornel

Cabo Polonio: Casos y Cosas
por Julio Dornel

 
separador
 
mail
mail Contactos
notas
Otros artículos de este autor
pirnt Imprimir Artículo
 
 

            En la nota anterior hicimos referencia al origen de Cabo Polonio, señalando que nunca existió una embarcación con ese nombre y que José Poloni  se llamaba el capitán  de un barco que naufragara  en esa zona el 31 de enero de 1753.

            En la presente crónica nos vamos a referir a los primeros pobladores, las matanzas de lobos  y los barcos piratas  que a principios de siglo amenazaron con exterminar la especie.

            Para ello contamos con el invalorable aporte del periodista castillense Julio Bianchi que tuvo la oportunidad de entrevistar hace 35 años   a don José Fausto Cruz, representante de una familia que ha estado permanentemente vinculada al Cabo.

            En el transcurso del relato que fuera publicado en un diario capitalino don José señalaba que “los primeros pobladores  de Cabo Polonio vivíamos como ermitaños  y en algunas oportunidades ni siquiera contábamos con un caballo para cruzar los arenales en casos de emergencia. Los hombres que fueron mi ejemplo eran duros, con nervios de acero. Mis primeros recuerdos datan desde que yo tenía 8 años  de edad y los faeneros de lobos marinos me llevaban escondido  en la ballenera porque mi padre  que era el capataz  no me dejaba acompañarlos. En aquellos tiempos se utilizaban viejas embarcaciones a vela poco indicadas para el mar y que eran hábilmente conducidas por hombres que como José Francisco Cruz, Dámaso Cruz, Nicomedes Acosta y  Jacinto Pereyra se quedaron grabados para siempre en la mejor historia de la zona. En aquellas pequeñas embarcaciones iban  las islas cercanas donde se faenaban hasta 11.000 lobos para obtener sus pieles, en viajes que duraban entre 3 y 4 horas según el viento. Permanecíamos en las islas hasta 20 días cuando el tiempo lo permitía y en algunas oportunidades al agotarse los víveres debíamos alimentarnos con aletas de lobos. En los primeros años las faenas eran muy difíciles, había que desafiar los temporales y en algunas oportunidades teníamos que tirarnos al mar para agarrar lo lobos. Hubo una época en que los piratas casi exterminaron a los lobos y luego costó muchos años reponer ese valioso capital. Hace tanto tiempo que no recuerdo exactamente la nacionalidad de estos piratas, pero estoy casi seguro que eran españoles. Venían a cualquier hora del día  y operaban sin que nadie los molestara  y aunque los veíamos  desde la tierra nada podíamos hacer. Mataban los lobos a tiros y hasta llegaron a usar dinamita, colocándola donde estaban los cardúmenes y provocando una visión dantesca. Luego los cargaban en botes y los transportaban hasta el barco pirata que los esperaba aguas afuera. Refiriéndose a los lobos don José señalaba  que tenían un promedio de 16 años y llegaban a medir más de 2 metros y pesar aproximadamente a los 500 kilos”.

            En la parte final del reportaje concedido al periodista Bianchi señaló que “en realidad Cabo Polonio empezó a poblarse  en la década del 60 pero los años anteriores fueron de enormes dificultades para los pescadores de la zona. Allá por 1950 Romeo Ferri que era el telegrafista  del radio faro, noto en una noche invernal y de intensa niebla que su hijo de tres años se encontraba enfermo y que estaba empeorando. Angustiado y desesperado trató de comunicarse por telégrafo  con todos los centros para pedir un médico porque su pequeño se moría.  Finalmente se puso en contacto con el Dr. Juan Carlos Pertuzo en la ciudad de Rocha quién utilizando un jeep se dirigió al Cabo llegando tres horas más tarde junto al niño agonizante que falleció poco después. En el Polonio por aquellos años vivían solamente cinco familias  a las que se les sumaban 24 faeneros que llegaban para la zafra lobera. Cuando ésta terminaba se marchaban nuevamente y nos quedábamos en completa soledad.”

            El relato de don José Cruz nos permite conocer un poco más este maravilloso lugar de la costa rochense y la titánica lucha que debieron sostener aquellos hombres con “nervios de acero” para convivir en armonía con la naturaleza que se ofrecía en toda su magnitud entre el atlántico y los extensos médanos circundantes.
 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer. Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
Estadisticas Gratis