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Turismo no es relajo
por Luis Alberto Lacalle Herrera
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La industria turística es, en todo el mundo, una actividad tremendamente lucrativa para los países denominados receptores. Nuestro país no es una excepción, por el contrario, lenta pero firmemente ha ido aceptando ese hecho y mejorando - en algo- las prestaciones necesarias para ofrecer algo más que sol y arena a los que nos quieran visitar. Las limitantes de nuestra oferta son conocidas y refieren fundamentalmente a lo corto de la estación estival que concentra el mayor número de clientes, y que por su breve duración no admite inversiones de gran porte por la imposibilidad de que las mismas logren ganancias suficientes para justificar el capital involucrado en el exiguo plazo de sesenta días. Será preciso utilizar la imaginación y alentar la actividad privada para alargar las temporadas, cosa que se ha hecho en otras partes del mundo y que requiere de la combinación de gobiernos lúcidos y conocedores de la materia y de inversores con visión y dotados de las mínimas seguridades.
Pero no es la política turística que nos lleva a inaugurar, PATRIA de verano con esta entrega. Es algo más grave que hemos podido constatar personalmente en la mañana del primer día del año que estrenamos. Nos referimos al vandalismo, la violencia y la aparente impunidad con que se manejan algunos de quienes nos visitan y disfrutan de nuestra hospitalidad. Parece que a esos - por suerte y por ahora pocos - no les cabe en la cabeza que una cosa es vacación, diversión, baile y alegría y otra muy distinta considerar que visitan tierra de “relajo”, en la que parecen creer que están por encima de la ley, en un ambiente en el que todo vale y no de sano descanso. Concedemos que la guarangada y el patoterismo no son patrimonio de quienes nos visitan. El lamentable espectáculo de las batallas campales en el Mercado del Puerto del día 31de diciembre es prueba suficiente de la decadencia nacional en materia de educación, demostración cabal de que no se conoce el límite que separa el festejo de la barbarie. Pero si a los locales debemos de criticar tanto como a los visitantes, una luz de alerta nos tiene que hacer pensar y poner en práctica medidas fuertes y aleccionadoras respecto de quienes si vienen a pasear, tienen que comprender que el respeto por la casa ajena está en la base de la industria turística.
Hay ejemplos lamentables en otras latitudes que tenemos que conocer e impedir que se reproduzcan en estas tierras .Se sabe que partes importantes de las costas de España se convierten, durante el verano boreal, en tierra de nadie, sin ley ni control cuando sobre ellas descienden hordas de borrachos y pichicateros de toda especie cuya única diversión parece ser la de ceder a los más bajos instintos.
No queremos esa clase de turismo. No queremos que se crea el extranjero por encima de las normas, y menos queremos que algún compatriota - para el que sí hay comisaría y sanción - , considere que al otro se le tolera porque tiene dinero o porque es “turista”. Las autoridades deben de ser igualmente severas con unos y otros, diríamos que hasta más firmes con quien debe de divertirse y descansar sin destruir ni violentar a los que le sirven o le reciben. El capitulo de faltas del Código Penal debe de ser puesto en verdadera vigencia. Fuertes multas, obligación de presentación a la autoridad, trabajo comunitario o, simplemente, expulsión e inclusión en un listado de quienes no puedan volver.
La enorme mayoría quiere disfrutar. Que no arruine este hecho la pequeña minoría de los mal educados y abusadores.
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