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Historias,
ricas historias de nuestras vidas, de nuestros Pueblos y Ciudades |
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Historias
del Candombe
La
Clásica descripción de Isidoro De-Maria.
En
1888 Isidoro De-María publica el segundo tomo de sus célebres tradiciones
y recuerdos "Montevideo antiguo", en el cual figura un capítulo
intitulado "El Recinto y los Candombes" que sirvió de base a
todas las supuestas reconstrucciones que se han intentado sobre el antiguo espectáculo
coreográfico.
De-María, testigo presencial de los mismos en épocas
lejanas, establece el período de auge de lo que él llama Candombe
entre los años 1808 y 1829.Extractamos en su parte puramente musical y
coreográfica, la descripción de nuestro memorialista: "La costa
del Sur era el lugar de los candombes, vale decir la cancha o el estrado de la
raza negra, para sus bailes al aire libre. Si la raza blanca bailaba al compás
del arpa, del piano, del violín, de la guitarra o de la música de
viento, ¿por qué la africana no había de poder hacerlo al
son del tamboril y de la marimba?
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Si
la una se zarandeaba en el fandango, el bolero, la contradanza y el pericón
con sus figuras y castañeo, bien podía la otra sacudirse con el
tan-tan del candombe. Los domingos, ya se sabía, no faltaba el candombe,
en que eran piernas lo mismo los negros viejos y mozos, que las negras, con licencia
"de su merced el amo o la ama", salvo si eran libertos o esclavos de
algún amo de aquellos que los trataban a la baqueta, sin permitirles respiro.
Cada nación tenía su canchita de trecho en trecho, media alisada
a fuerza de talón, o preparada con una capita de arena, para darle al tango.
Los Congos, Mozambiques, Benguelas, Minas, Cabindas, Molembos, y en fin, todos
los de Angola hacían allí su rueda, y al son de la tambora, del
tamboril, de la marimba en el mate o porongo, del mazacalla y de los palillos,
se entregaban contentos al candombe con su calunga, cangüe... eee llumbá,
eee llumbá, y otros cánticos, acompañados con palmadas cadenciosas
de los danzantes, que movían piernas, brazos y cabeza al compás
de aquél concierto que daba gusto a los tíos. Y siga el tango, y
el chinchirín chidá, chinchi, y el tan-tan del diviertimiento de
las clases y dé la multitud que siguiendo la costumbre, iba a festejarlo
en el paseo del Recinto"... "El tango se prolongaba hasta la puesta
del sol, con sus variantes de bebe chicha, para refrescar el gaznate, seco de
tanto, eee llumbá; eee llumbá, y paseantes y danzantes se ponían
en retirada.
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¡El día
de Reyes! ¡Oh! en ese día de regia fiesta, era lo que había
que ver. Vamos a los Reyes, a las salas de los Benguelas, de los Congos y demás,
por el barrio del Sur, era la palabra de orden del ama de casa, y apróntense
muchachas; y los chicos saltaban de contentos. Y como la soga va detrás
del caldero, allí iba también el padre del brazete con la señora,
y toda la sacra familia por delante"... "En cada sala un trono, con
su cortinaje y el altar de San Antonio o San Baltazar, y el platillo, a la entrada
para los cobres o pesetas, con el capitán de guardia de la puerta y de
la colecta. En el trono aparecían sentados con mucha gravedad, el rey tío
Francisco Sienra, o tío José Vidal, o tío Antonio Pagola,
con su par de charreteras, su casaca galoneada y su calzón blanco con franja,
y sus colgajos con honores y decoraciones sobre el pecho. A su lado la reina tía
Felipa Artigas, o tía Petrona Durán, o tía María del
Rosario, la mejor pastelera, con su vestido de rango, su manta de punto, su collar
de cuentas blancas o su cadena de oro luciendo en el cuello de azabache: y las
princesas y camareras por el estilo"... "La fiesta no paraba en eso.
Los Reyes y sus acompañantes asistían en corporación a la
Matriz a la fiesta de San Baltazar, cuyo altar pertenecía a doña
Dolores Vidal de Pereira, quien por de contado, lo preparaba todo con magnificiencia
para la función del Santo. Concluida ésta, salía la comitiva
africana con su vestimenta de corte por esas calles de dios a hacer la visita
de regla al Gobernador y demás autoridades, quienes la recibían
muy cortésmente y la obsequiaban"...
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Esta
lúcida descripción de 1888 es algo así como el canto del
cisne del Candombe. Los cronistas posteriores -y ya lo veremos en un próximo
artículo- hablan de la danza negra con un acento nostálgico de cosa
desaparecida. Cuando muere el último africano se lleva consigo esas danzas
rituales secretas y estas otras al través de las cuales da su versión
pigmentada de lo que ve bailar a los blancos. La nueva generación que surge
en ese entonces sigue el ritmo de la época, libando -como dice el cronista
precitado- "en la copa envenenada de las emociones europeas" ...
El
folklore musical uruguayo
Lauro Ayestarán
Bolsilibros
Arca
Montevideo - 1967
Gentileza de "Librería Cristina"
Material
nuevo y usado
Millán 3968 (Pegado al Inst. Anglo)
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/ayestaran/candombe.htm