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Año V Nro. 379 - Uruguay, 26 de febrero del 2010    
 
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Fernando Pintos

Películas contrapuestas
por Fernando Pintos

 
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         En el año 2005, se estrenaron dos películas de temática contrapuesta. La primera fue «Cinderella Man», de Ron Howard (la protagonizaban Russell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti). La segunda fue «Brokeback Mountain», de Ang Lee (los protagonistas eran: Heath Ledger, Jake Gyllenhaal, Anne Hathaway y Michelle Williams). A las dos las vi el mismo día del respectivo estreno. «Cinderella Man» me dejó aturdido, por su extraordinaria calidad cinematográfica, por la calidad de su elenco, por la soberbia escenificación de época y caracteres, por sus múltiples cualidades como filme de acción, por su espectacularidad, por haberse basado en una historia real y, mucho más que todo lo anterior reunido: por los valores y la calidad humana que la historia traslada al público. Me gustó tanto, que volví a verla varias veces en cine, y no bien salió a la venta el DVD la compré. Nunca dejaré de pensar que es una joya de la cinematografía y una cinta perdurable.

         «Brokeback Mountain» llegaba, por su parte, precedida de un prolongado trabajo de lobby desarrollado por la comunidad gay de Estados Unidos. Había recibido en los meses anteriores una promoción desmesurada y se habían creado muchas expectativas al respecto. En parte, se buscaba con ella reeditar el éxito que muy pocos años antes había merecido «Philadelphia», una historia sobre las problemáticas combinadas de la homosexualidad y el sida, que le había valido un Oscar a uno de sus dos protagonistas principales: Tom Hanks. Una vez en pantalla, «Brokeback Mountain» se tradujo en una historia morosa acerca de los claroscuros de un amor clandestino entre cowboys. Mediocre, barata y desagradable. Una verdadera baratija cinematográfica, filmada en honor de la homosexualidad norteamericana y respaldada por toda la parafernalia perversa que siempre sirve de cortejo a la «corrección política», esa abominación posmoderna que, invariablemente, tiene costumbre de convertirse en incorrección moral.

         Debido a que durante algunos años había sido crítico cinematográfico y ese ejercicio me había capacitado para predecir a qué películas, directores o actores podía corresponder un Oscar de la Academia de Hollywood, desde un principio abrigué la convicción de que «Cinderella Man» tenía que llevarse como mínimo una media docena de estatuillas doradas. Pero mis cálculos, más que nada basados en la extraordinaria calidad del producto, habían pasado por alto los aspectos adicionales: el lobby de la comunidad homosexual, las pretensiones de «corrección política», la decadencia vertiginosa de la sociedad americana, etcétera. Nominada a tres premios Oscar, ganadora de 12 premios internacionales y con otras 22 nominaciones a cuestas, «Cinderella Man» derrapó en la entrega de los Oscar. No consiguió ni tan siquiera uno. Por otra parte, la detestable «Brokeback Mountain», aquella musa favorita del Establishment liberal americano, alcanzó ocho nominaciones y tres premios. Para agregar el escarnio a la infamia, otra morosa inmundicia con trasfondo homosexual, «Capote», recibió cinco nominaciones y ganó un Oscar. Y la repulsiva «The Constant Gardener» (debió titularse, para mayor precisión, «El cornudo abyecto y vocacional») tuvo cuatro nominaciones y una estatuilla… Pero «Cinderella Man», la que debía haberse llevado premios a granel, obtuvo nada. Y nadie protestó por ello. Después de todo, era una historia que exaltaba el amor heterosexual y remarcaba los valores familiares. Poca cosa, para esta época desquiciada.

Artigas Barrios

         Este año, dos películas tan contrapuestas como en su momento lo fueron «Cinderella Man» y «Brokeback Mountain», compiten en la carrera por los premios Oscar. Y esta vez, la confrontación se asemeja mucho a la bíblica batalla entre David y Goliat. Por un lado, está esa cinta de ciencia-ficción que tanta promoción ha conseguido y taquilla ha recaudado, en los últimos meses: el «Avatar» de James Cameron, historia perversa que lleva, como sello de fábrica, incitaciones a la traición y el derrotismo —al mejor estilo de los liberales americanos—, al presentarse como una metáfora encubierta de crítica contra la intervención americana en Afganistán e Irak. Esta malévola historieta ya batió el record histórico de recaudación (arriba de US$2 mil millones), superando inclusive a «Titanic». Pero «Avatar» no es otra cosa que aquello que en su momento fue «Independence Day»: el producto propagandístico de una ideología disolvente, convenientemente camuflado como historieta de acción en un planeta lejano y hostil. Aquélla, con el propósito de asegurar la reelección de Bill Clnton… Y ésta, para desarmar al mundo occidental frente a la histeria criminal del fundamentalismo islámico… He ahí, en toda su dimensión, una verdadera asquerosidad, que ha conseguido nueve nominaciones al Oscar.

Artigas Barrios

         Como contrapartida, otras nueve nominaciones le han caído a una historia sobria, realista y mesurada, que se rodó bajo la dirección de la ex esposa de James Cameron, Kathryn Bigelow. Ésta es «The Hurt Locker», cuya trama se desarrolla en pleno conflicto de Irak y que tiene como protagonistas a los destacamentos especiales del ejército americano que están destinados a desactivar bombas. Aunque «The Hurt Locker» no haya conseguido acercarse al enorme éxito de taquilla y la consiguiente promoción global de «Avatar» (su recaudación estará, en estos momentos, superando por no mucho los US$20 millones), sí se apuntó algunos éxitos significativos frente a su poderoso oponente: igual número de nominaciones al Oscar y, para colmo, haber arrasado en la reciente premiación de los Bafta (británicos), donde «Avatar» apenas consiguió un par de premios de sus ocho nominaciones. Cuando menos en apariencia, la realidad podría superar a la ficción este año sobre la alfombra roja. Algo que resulta a todas luces reconfortante.

© Fernando Pintos para Informe Uruguay

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