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Año V Nro. 344 - Uruguay, 25 de junio del 2009   
 
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José Luis Pomi

Víctor Damiani – Barítono uruguayo – 1893/1962
por José Luis Pomi

 
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         Entre los nombres gloriosos que tiene la Historia Lírica del Uruguay, figura el de Víctor Damiani.

         Nació en Montevideo, el 23 de Diciembre de 1893. Cursó sus estudios primarios en el Colegio Salesiano. Contando apenas 11 años se trasladó a Bélgica para proseguir los estudios secundarios e iniciar en Lovaina, los cursos preparatorios de medicina. Su gran pasión por el canto, sedujo a Damiani, alejándolo de las disciplinas médicas e iniciando el estudio vocal con un famoso tenor de la época.

         A partir de su debut en 1919, en  el Teatro Municipal de Santiago y en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, donde protagonizó el rol de Amonasro de la ópera Aída, los empresarios bonaerenses, le ofrecen actuaciones en Chicago, Nueva York, Barcelona, Roma, Milán, Florencia, Rio de Janeiro, por lo que rápidamente se consagra como el gran barítono americano.

         Definido como barítono absoluto, poseía una voz timbrada y generosa. Su conducta artística, su inteligencia y su temperamento interpretativo, todo ello unido a una alta escuela de canto, fueron las características de este cantante.

         En 1927, debuta en el Teatro Alla Scala, con la ópera de Wolf Ferrari “SLY” bajo la dirección del Mtro. Hector Panizza, junto a la soprano Rosa Raisa y el tenor Aureliano Pertile.

         Fue por sobre todo, un artista moderno, un adelantado a su momento, por su seguridad vocal, como pocos, y con un énfasis interpretativo, que su sola presencia, al decir de los líricos: “llenaba la escena”.

         Basta recordar, las interminables ovaciones en La Traviata, después de Di Provenza, donde debía bisar obligatoriamente, y donde su señorío daba vida a un Germont lleno de dignidad en la acción y de nobleza en el canto.

         Junto con el tenor Tito Schipa, fueron los cantantes extranjeros que más años actuaron en el Teatro Colón de Buenos Aires (25 temporadas), y donde se registran las más variadas expresiones de estilo, de géneros y de épocas, como ningún otro barítono lo representó en ese famoso coliseo. Asumió todos los papeles importantes de su cuerda, principalmente del repertorio italiano, pero también cantó en francés, alemán, ruso y español.

         Sus grandes creaciones fueron: Scarpia – Germont – Renato – Marcello – Ford – Yago – entre otros, a los que sumaba personajes que sus colegas de la época no aceptaban, pues eran a menudo huesos duros de roer. Damiani cantó todos los roles que se le ofrecieron,  sin tener en cuenta el factor éxito, fue un artista estudioso y comprensivo de los personajes que desempeñó.

         Alternó con los más grandes cantantes: Beniamino Gigli, Miguel Fleta, Tito Schipa, Georges Thill, Ramon Vinay, Giacomo Lauri Volpi, Ferruccio Tagliavini, Mario del Monaco, Maria Callas, Claudio Muzio, Ninon Vallin, Lily Pons, Victoria de los Angeles, Zinka Milanov, Ebe Stignani, Gabriela Besanzoni, Delia Rigal, Bidu Sayao, Fedora Barbieri, Giulio Neri, Nicola Rossi-Lemeni . Salvatore Baccaloni, Leonard Warren, etc.

         Fue dirigido por eminentes directores de orquesta: Arturo Toscanini, Gino Marinuzzi, Erich Kleiber, Fritz Busch, Franco Ghione, Tulio Serafin, Ferruccio Calusio, Vicenzo Bellezza, Hector Panizza,etc.

         Fue Damiani, además de cantante, maestro y compañero, pero por sobre todo un gran caballero. Decía don Cyro Scosería, uno de los grandes críticos musicales del Uruguay, “Y nuestro público, que invariablemente tributa una ovación cuando aparece en escena, siente no sólo la presencia del artista eximio, sino la del caballero integral, cuya dignidad irradia desde el palco hacia la sala”.

         Como maestro, y luego de un intenso viajar por más de 40 años, se radicó en su Patria para dedicarse a la enseñanza, donde sus discípulos contaron con su autorizado consejo y su sabia orientación. Su principal enseñanza la dictó, actuando, mostrando cómo se debían preparar las obras y los personajes, fue enemigo acérrimo de las improvisaciones.

         Bregó incansablemente por la creación de una lírica nacional estable. Su proyecto sigue vigente hoy día, pues su alto sentido artístico que adquiriera en el gran mundo de la ópera, le impuso de experiencia, de conocimientos e ideas que transformaran, nuestros incipientes balbuceos en la materia y que siguen hoy día.

         Compañero leal de todos sus colegas, incluso de aquellos principiantes, donde era junto a ellos, uno más en el escenario. Recordemos a nuestro querido tenor José Soler, en su debut en el Teatro Colón, en 1945, cuando Damiani era el artista ya consagrado, recibió su palabra de aliento y su apoyo desinteresado en el cuidado de la voz del debutante, junto a detalles de caracterización y vestuario. Como esto, se podrían recordar múltiples pruebas de su generosa colaboración artística.

         Su señorío musical, su temperamento vigoroso, son las mejores enseñanza y ejemplos que debemos recordar de este gran artista uruguayo.

         Su inteligencia, su honestidad y su perseverancia, son las mejores enseñanzas y ejemplos para todos los estudiantes.

         Al cumplir 40 años de su debut en Santiago de Chile, en 1959, el Gobierno de esa nación hermana, le confirió la máxima condecoración “Bernardo O’Higgins”

         A los 68 años de edad murió cantando un mensaje de amor y fraternidad entre los hombres. Después de decir las últimas palabras del monólogo de Gerard del 3er acto de la ópera Andrea Chenier de Giordano,” in un sol bacio e abbraccio tutte le genti amor” se desplomó en el escenario del Teatro al aire libre de la localidad de Cerro Colorado (Florida), un 28 de Enero de 1962, donde había concurrido con sus alumnos a ofrecer un recital, por invitación de su amigo, el distinguido ciudadano uruguayo y empresario, el Dr Alberto Gallinal Heber.

         A pesar de que su carrera artística abarcó más de 40 años en los principales teatros líricos  de Europa y América, es muy poco lo que dejó grabado. Existen grabaciones comerciales de las composiciones del compositor Eduardo Fabini, existen grabaciones privadas efectuadas por él junto al Mtro. Juan Protasi, existen grabaciones de representaciones en nuestro país y en Buenos Aires, por lo que es de esperar que algún día, se editen para señalar a las nuevas generaciones, que el Uruguay tuvo una gran figura lírica internacional, y que fue su mejor Embajador Artístico por el mundo.

         Carlos Cruz-Coke Ossa, escribía el 25 de Febrero de 1962, en EL DIARIO ILUSTRADO de Santiago de Chile, con motivo del fallecimiento de tan ilustre cantante uruguayo:
“Tu recuerdo nos da a la juventud, un imperativo más para luchar por el retorno de aquello que supiste hacer tan grande “

         En su última representación del Yago del OTELLO de Verdi, ese mismo diario, decía:
“Es Damiani el mejor Yago y el más completo, incluso en esta década cuando Tito Gobbi, Aldo  Protti y Giuseppe Taddei, han hecho composiciones magníficas de este personaje. Con Ramón Vinay elevan la categoría del espectáculo, es la lucha de dos artistas con mayúscula. Su personaje ha pasado a ser casi una leyenda.”

© José Luis Pomi para Informe Uruguay

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