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Año V Nro. 344 - Uruguay, 25 de junio del 2009   
 
Informe Uruguay

 
 
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Artistas en los barrios y Ricardo Schoua en Montevideo

bandoneon
por Amilcar Legazkué
 

   
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         EN FORMA GRATUITA los artistas recorren escenarios diversos. Mientras Forlán visita, en nombre de Unicef, el cerro y se dedica a los niños, los olvidados adultos mayores son desempolvados de sus morideros y puestos a bailar con chocolate caliente.

         Hace falta Omar Gutiérrez que no solo los visitaba el Día de los Inocentes.

         Es que el Vilardebó y las colonias de ancianos viven o sobreviven todo el año.

         No te lo olvides, hermano.

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Desde los bares al patrimonio cultural
Montevideo, ida y vuelta. Aniversario


El anfitrión
"La Institución Cultural "Perfiles del Tango" llevó adelante en el Ateneo de Montevideo,  una calificada actividad tanguera, ya que recibimos la grata presencia de Ricardo Schoua, director de Tango y Cultura Popular, quién brindó una estupenda conferencia, sobre el Tango en Rosario, provincia de Santa Fe. Hombre de sólidos y firmes conocimientos, un académico de verdad, habla porque sabe.
La conferencia, la cual la modestia de nuestro amigo califica de charla; versó sobre la realidad del tango, la propuesta rosarina y las perspectivas del género cultural más representativo de esta zona del mundo. Con firmes y fundamentados conceptos, este hombre de tango nos mostró, panorámica y didácticamente, la situación del tango en su región y en la Argentina, la cual, no difiere, sustancialmente, de lo que sucede en el Uruguay.
Ricardo Schoua tuvo la atención de un público que, colmando la Sala Laura Cortinas, siguió atentamente sus expresiones y justas valoraciones.
Para recibir a nuestro ilustre visitante, se realizó un espectáculo artístico, encabezado por el brillante bailarín y profesor Juan Carlos "Coco" Lema, junto a su compañera Alicia Carballo. También el cantor Irineo Germán se hizo presente, y la cantante Marta Malena llegó desde la ciudad del Chuy, del departamento de Rocha, para presentarnos su CD "Rememorando tangos".
Una velada que quedará grabada como una calificada actividad de "Perfiles del Tango", en el camino del desarrollo de nuestro querido tango".
Miguel Gadea Sandler

LA RESPUESTA
Este comentario viene bien para ejemplificar una costumbre bastante difundida, y criticable, entre los tangueros: la del elogio desmedido. Como la persona elogiada soy yo, nadie podrá decir que me motiva la envidia. No es falsa modestia, no soy un académico y se trató de una charla, no una conferencia. Trato de ser un difusor que se expresa desde el punto de vista del hombre común, combatiendo los prejuicios, los míos y los de los demás. No siento que exagerar mi papel ayude en ese camino. El elogio sobredimensionado tiende a comprometer al elogiado y yo pretendo mantener mi libertad de opinión, sin compromisos.
Así que, gracias Miguel por invitarme, pero paremos con los adjetivos.
Durante la charla mencionada, hice escuchar dos temas para ilustrar  lo que entiendo por renovación del tango: Encanto rojo, de Fabio Hager y Ponele la firma, de Bernardo Monk. El público, en su gran mayoría de la tercera edad, no los conocía y, para mi satisfacción, ambos temas gustaron muchísimo. No me extrañó con Encanto rojo, que agrada a gente de todas las edades, pero me llevé una grata sorpresa con Ponele la firma, algo más complejo y con el saxo en primer plano, que fue ovacionado.
Hago extensivo mi agradecimiento a la gente de "Perfiles del Tango", dos de cuyos integrantes tuvieron la amabilidad de acompañarme a la milonga de Joventango, bastante concurrida y con buena música.
Al día siguiente me comuniqué con Arturo Dorner, fiel lector de TyCP, que se había enterado que yo estaría en Montevideo. Fuimos a tomar un café y me invitó a un concierto en la Universidad Católica, en el que descubrí otro aspecto de la actividad tanguera en el Uruguay.
La dirección de Cultura de la Universidad Católica del Uruguay ha programado una intensa temporada musical, en la que convoca a los mejores artistas uruguayos y del mundo, y en la que el tango tiene destacada presencia. Llama la atención la cuidada organización y adecuada difusión del ciclo.
En esta oportunidad, el concierto se realizó en la hermosa capilla de la Universidad, convertida en Aula Magna, con una entusiasta concurrencia de unas quinientas personas de todas las edades. Se presentó el Trío Los Cigarros, con "Tangos de la guardia vieja", interpretados con mucha fuerza, calidad y originalidad. Como invitado especial actuó el Quinteto La Mufa, de sonido exquisito, realzado por la excelente acústica del lugar, que hizo innecesaria la amplificación. Todos jóvenes intérpretes que brindaron un espectáculo de categoría. Mil gracias a Arturo por sus atenciones.

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DE BARRIO "Sábados al mediodía, tango en vivo. Como en las viejas cantinas de La Boca , pero acá en Uruguay". Así se presenta el Tango Bar Victoria, en Emilio Romero y Conciliación, (teléfono 304 86 28). También ofrece tangos al mediodía el restorán "El viejo amigo", en San Martín esquina Fomento, (teléfono 204 47 81).
TRADICIONALES Los principales referentes de la noche tanguera están en Centro y la Ciudad Vieja, como Lo de Margot (Constituyente 1812), con milonga martes y jueves de noche; el almacén El Hacha (Buenos Aires y Maciel), que ofrece cena-show los sábados de noche, o el Mercado de la Abundancia (San José y Yaguarón), con parrilla y tangos los viernes, sábados y domingos. Más detalles de agenda en www.ciudaddetango.blogspot.com.
BARES Y CULTURA El ciclo "Tango en Bares y Cafés de dos Orillas", un programa integrado organizado por los municipios de Montevideo y Buenos Aires, busca preservar y enriquecer las comunidades tangueras del Río de la Plata y legitimar a los bares como ámbitos de integración cultural y de creación. Bajo esta propuesta, artistas tangueros de Montevideo y de Buenos Aires tocan y cantan en bares típicos de ambas ciudades. Las próximas fechas de espectáculos programados en Montevideo son: el jueves 18 de junio, a las 20 horas, Trío Boero - Gallardo - Gómez (Buenos Aires) en el Mercado de la Abundancia ; el jueves 2 de julio, a las 20 horas, Tabaré Leytón (Montevideo) en El Hacha; y jueves 16 de julio, 20 horas, Nancy Ávalos (Buenos Aires) en La Giralda (Bulevar Artigas 1597).
PATRIMONIO El tango fue propuesto por los gobiernos de Buenos Aires y de Montevideo para ser incluido en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad elaborada por Unesco. La propuesta fue presentada a fines de septiembre del año pasado. En una primera etapa de evaluación, realizada en mayo, se examinaron las 111 nominaciones presentadas a consideración, provenientes de todo el mundo, y se comprobó que la propuesta rioplatense cumple con los criterios de postulación. La definición sobre qué manifestaciones culturales ingresarán a la lista de patrimonio inmaterial será tomada en la Cuarta Reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que se realizará en Emiratos Árabes, del 28 de septiembre al 2 de octubre.

Testimonios de clientes

Luz: "Venimos en verano de noche y en invierno de día"

"El sábado cuando nos vamos ya reservamos para la otra semana", dijo la señora Luz Neida, ubicada en una larga mesa llena de veteranas en el restaurante "El viejo amigo". "Con algunas nos conocemos del barrio. Otras son de lugares distintos, y nos conocimos acá, de venir todos los sábados. En verano venimos de noche, y en invierno al mediodía. Ya nos saludamos, nos damos un beso, levantamos la copa... Hasta escribí un poema de eso, sobre cómo nos sentimos acá. Somos como hermanos", contó.

Diego: "Llegué a almorzar y me encontré con el tango"

"Vine por un almuerzo y una cerveza, pensé que era un bar común, y me encontré con esto", contó Diego Barrios, que fue a "El viejo amigo" para almorzar con su hijo el sábado al mediodía. "A mí me gusta mucho el tango, y el espectáculo está muy bueno. Yo soy más del estilo de (Astor) Piazzolla, pero esto me gusta también", señaló. "A mí no me gusta el tango, me gusta más el reggaeton", declaró su hijo, pese a lo cual no dejó de acompañar el ritmo de la música con la cabeza mientras comía.

Raúl: "Uno se va de aquí y ya tiene ganas de regresar"

"Venimos bastante seguido desde Pocitos", comentó Raúl Piaggio, que acudió al bar Victoria junto a su pareja Isabel Iglesias, ambos bailarines de tango. "Es un lugar en el cual hemos visto los mejores cantores de Montevideo, siempre recalan por acá. La comida es casera, el ambiente sumamente familiar, hicimos amistad con los cantantes… Acá conocés a todo el mundo. Cada lugar es único, éste lo que tiene es la calidez del dueño, Roberto, que ha logrado formar una especie de familia. Uno siempre se va con ganas de volver", señaló.

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Los sábados. Se codean aficionados, cantantes,
bailarines y vecinos de diversas zonas

XIMIENA AGUIAR
Aunque esté alejado del circuito turístico y de la noche milonguera, en las mesas del bar familiar se codean aficionados al tango, cantantes, bailarines y vecinos, formando una pequeña comunidad que se da cita todos los sábados al mediodía.
La madre cocina, los hijos sirven las mesas, el padre atiende la caja, y con timidez prefiere que hable por todos el presentador y cantante de tangos, que conoce su historia. El bar Victoria "era `un boliche como tantos`, como dice el tango", cuando un mediodía un muchacho vecino tomó una guitarra y comenzó a cantar tangos, en plena crisis de 2002, contó Armando Tovagliare. "Estuvo tan lindo que dijeron de hacerlo el próximo sábado", y los asistentes volvieron a acudir, relató.
Actualmente, cada sábado entre las 13 y las 17 horas, los autos estacionados en Emilio Romero y Conciliación muestran que hay gente de otros barrios que se acerca a La Teja para disfrutar de ese ambiente en el que las largas mesas son compartidas por comensales, apretados entre el mostrador y los ventanales, mientras los cantantes profesionales se turnan en el micrófono.
"Vienen de Pocitos, Punta Carretas, del Barrio Goes… Van rotando, porque el tango tiene unas 400 o 500 personas que lo siguen, que se van turnando. Los que vienen siempre y tienen su mesa reservada pasan a ser parroquianos de la casa", contó Tovagliare.
En las mesas se comparten jarras de vino y botellas de refresco, mientras se escucha con atención a los cantantes y se aplaude calurosamente cada intervención.
"Venimos desde hace 7 años. Él es de Jacinto Vera, yo de Cerrito, y hoy faltó otro matrimonio que siempre viene con nosotros. Porque hay una camadería y un compañerismo... es como una familia", dijo una señora del público, a la que apodan "la caza-autógrafos".
"Los músicos y los cantantes son los mejores de Montevideo, y además al mediodía generalmente no hay tango en ningún lado. Te tiene que gustar mucho escuchar, porque acá no es para bailar, es para oír", comentó Isabel Iglesias, bailarina de tango y habitué del lugar.
Junto a la puerta trasera se acodan dos vecinos que van al bar todos los días después del trabajo, cuando el fuerte son las pizzas, y también acuden los sábados a escuchar los tangos. Se consideran a sí mismos "socios vitalicios" del Victoria.
El bailarín de tango y pintor Tomas Blezio comenzó a adornar el lugar hace tres años. Tres veces Gardel, Tita Merello, Matos Rodríguez y hasta la orquesta filarmónica ya están terminados en los muros. Una pareja de bailarines enlazados está en proceso. En el muro junto a la puerta de entrada, integrándose a los representantes de la tradición tanguera, están pintados la esquina y los árboles que se ven desde el mostrador.
Parrilla y nostalgia. San Martín y Fomento es "la esquina del movimiento" por los antiguos bailes de Colón. Así lo recuerdan dueños y comensales del bar "El viejo amigo", ubicado en el recordado cruce del barrio Atahualpa.
El olor de la parrilla y los tangos que se imponen por sobre los cubiertos hacen pensar en algún restaurante del Mercado del Puerto, pero a una escala más modesta y sin turistas. Una larga mesa de señoras mayores que se conocen del barrio o del propio bar-tanguería, tararean las canciones entre bocado y bocado. Un par se animan a bailar cerca de la pequeña tarima donde se ubican los músicos, junto a las heladeras de refrescos, y nadie les presta demasiada atención. También hay parejas, y un par de padres con sus hijos pequeños almorzando en el lugar. Algunos van todos los sábados al mediodía y antes de irse ya hacen su reserva para el próximo; otros buscaban algo para almorzar y llegaron al tango casi de casualidad.
"Se llama `El viejo amigo` porque los dos socios, Mario y Javier, son amigos desde la niñez", contó Susana Soria, esposa de Mario. "Queríamos un lugar con este tipo de propuesta, un ambiente familiar, buena cocina, siempre atendida por los dueños", dijo. En un principio había espectáculo de noche, con noches de tango y otras de música de los 70. "Si quieren y hay espacio bailan, se da siempre", afirmó.
"La especialidad es la parrilla, pero también hay pastas caseras, chivitería, pizzería...
La idea de implementar tangos al mediodía surgió el invierno pasado, y tuvo rápidamente una buena concurrencia, explicó el cantante lírico y tanguero Fernando Amilivia. "El público de tango es un público mayor. Por el frío, o por la inseguridad en la calle, a veces no se animaba a salir", explicó.
Entre el público hay quienes van expresamente a ver cantar a Amilivia, y su madre es una de las infaltables. Hay gente aficionada al tango y otra que disfruta de un espectáculo con el almuerzo. "Es un lindo ambiente, la gente viene a escuchar", señala uno de los comensales, frente a un abundante plato de carne con guarnición.

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Los instrumentos sirven al canto
HUGO GARCÍA ROBLES
El sábado pasado en el Aula Magna de la Universidad Católica , el barítono Carlos Carzoglio acompañado por Laura Dearmas desplegó un interesante programa. No sólo porque las obras interpretadas cubrían un arco de tiempo desde Dowland y J.S. Bach hasta Charles Ives, sin omitir a Schubert, también por los instrumentos elegidos para el soporte de la voz.
Cuatro teclados, virginal, clave, fortepiano y piano se sucedieron en una didáctica y placentera exposición de los instrumentos destinados al acompañamiento.
El maestro Eduardo Gilardoni hizo una jugosa intervención explicando el virginal e interpretando dos obras en él, una de Martin Peerson y otra proveniente de la colección que alberga el famoso The Fitzwilliam Virginal Book, verdadera biblia de la música Isabelina. En realidad el recital estuvo signado por una feliz combinación de placer y pedagogía, sumada la oportuna información: Diego Bernabé dio noticia del plan de programas que la Universidad Católica y la Fundación Zonamérica han previsto para este año. Se ve con beneplácito que no falta en la Sala Jackson la presencia del tangoCarlos Carzoglio cantó con su solvencia habitual un repertorio que, en muchos casos, se alejaba del ámbito que habitualmente cultiva. Salvó todos los escollos de estilo pero, a pesar de las nobles versiones de Dowland y Bach, cuando cantó el aria de Papageno de La flauta mágica, desplegó una presencia escénica que puso de manifiesto su estirpe de cantante operístico.
En este sentido era visible el esfuerzo de adaptar su caudal de voz a Dowland y Bach, en busca de una intimidad que logró gracias a disciplina y a la comprensión del estilo que correspondía.
El otro aspecto que es importante subrayar es el acierto en la utilización de distintos instrumentos de teclado. Resultó útil comprobar la importancia que reviste la calidad de los timbres acompañantes. El hecho de brindar Schubert y Mendelssohn alternando el fortepiano con el piano cumplió con su objetivo. La sonoridad algo menos brillante del fortepiano, comparada con la del piano, estableció la diferencia que marca un camino hacia el romanticismo del salón decimonónico, con su pianismo protagónico.
La segunda parte del recital fue la más amplia de estilos y autores, revelando un inesperado Ropartz que no se encogía junto al maravilloso Fauré. Conjuntamente con Poulenc configuró una pequeña muestra de la canción francesa que suele ser una asignatura pendiente en los recitales de cámara, más inclinados, en general, al repertorio alemán, por razones válidas y obvias.
En todo momento Laura Dearmas fue la acompañante sensible y versátil que el programa requería, con igual penetración del barroco como los románticos o modernos.

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Homero Manzi en Montevideo 
Por Dr Nelson Sica
La Biblioteca Nacional presentó en su sala Acuña de Figueroa, un homenaje a Homero Manzi al cumplirse cien años de su nacimiento. La cantante Mónica Navarro cerró este evento que tuvo en su primera parte la disertación del escritor Álvaro Ojeda. A continuación, transcribimos lo expuesto:

Homero Manzi

LUNA Y ALMACÉN. CIEN AÑOS DEL NACIMIENTO DE HOMERO MANZI
por Álvaro Ojeda

El año de la muerte de Homero Manzi es también el año de la muerte de Enrique Santos Discépolo. A pocos meses uno del otro, casi dentro de la misma muerte, Manzi escribe este poema, luego musicalizado por Aníbal Troilo, internado, agonizando. Vale como homenaje al otro poeta -Discépolo- el autor del tango Cambalache, poeta de preocupación social, por momentos pequeño burgués, escéptico, amargo, de parte del lírico Homero Manzi, por contemplativo, por evocador, por poeta de baldíos románticos y de ciudades en expansión indiferente, por poeta social también, con la consigna del pueblo como fuente y destino. Homenaje al fin, guarda el tono del homenajeado más que el propio.

Sobre el mármol helado migas de desayuno
y una mujer absurda que come en un rincón
tu musa está llorando y ella se desayuna
el alba no perdona no tiene corazón.
Al fin ¿quién es culpable de la vida grotesca
y del alma manchada con sangre de carmín?
Mejor es que salgamos antes de que amanezca
antes de que lloremos viejo Discepolín.
Conozco de tu largo aburrimiento
y comprendo lo que cuesta ser feliz
y al son de cada tango te presiento
con tu talento enorme y tu nariz.
La gente se te arrima con su montón de penas
y tú las acaricias casi con un temblor
te duele como propia la cicatriz ajena
aquél no tuvo suerte y ésta no tuvo amor.
La pista se ha poblado al ruido de la orquesta
se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín
¿No ves que están bailando no ves que están de fiesta
Vamos que todo duele, viejo Discepolín.

Alejandrinos y endecasílabos del arrabal para imaginar otra cultura desde otra cultura. Imaginemos una noche de domingo por los años 40. Tiene que ser temprano porque al otro día se trabaja y la mayoría de los que van a bailar son trabajadores de clase baja y media baja; lo que se podría denominar gente de barrio. Imaginemos un club, una milonga como dicen en Buenos Aires, imaginemos su escenografía bajo techo o al aire libre.
Banderines de papel de colores, bombitas colgadas de un cable muy precario, tratan de resaltar un palco más precario todavía para nuestros ojos acostumbrados a los premios  internacionales de música, a los recitales gigantes, al desenfreno tecnológico amplificado.
Podemos imaginar un micrófono de esos que ahora se emplean para dar un toque romántico -falocentrista- a los bailes exóticos de las bellas rubias de MTV. Los ojos que observan el espectáculo también pueden ser imaginados. Los ojos de mi padre y los de mi madre seguramente estaban allí. Ojos asombrados que custodiaban con admiración a uno de los cantores de la orquesta, el guerrero o el romántico, y a la orquesta, más o menos integrada como sexteto ampliado. A veces una orquesta grande, con toda la barba, 4 bandoneones, 4 violines, un chelo, un contrabajo y el piano. Si el cantor era afamado o estaba de vuelta, ambas posibilidades se daban como ecuaciones equivalentes, podía estar acompañado de guitarras.
Carlos Roldán cantando en el club Dryco de la avenida San Martín y Bella Vista, en el barrio del Reducto, luego de su pasaje por las orquestas de Canaro y Racciatti.
Y el tango.
Y en el tango las letras. Y en las letras los personajes y los escenarios. Todo se fraguaba allí, en ese club de barrio un domingo de noche. Ese todo -escenario, música, cantor, letras- discurría desde un pasado gauchesco; la vieja narrativa en verso en donde doctores cantaban y contaban las penurias del gaucho extinto como forma de protesta por un país perdido; tenía una voz inmigrante, nostálgica, a la sordina y a media lengua, que añora la patria perdida y que se ha establecido con su manualidad en las orillas de las ciudades del nuevo mundo; llevaba a los negros que le dan ritmo y danza y nombre al género y la suma sublimada de estas tres partes mezcladas en las patrias de la segunda mitad del siglo XIX con los criollos, carreteros, hombres de siete oficios, compadres, chinas cuarteleras, agregados a las orillas como futuros votantes, parias del campo, evocadores eternos.

Cuando esta forma social y musical se mezcle con los primeros bardos semicultos y semianalfabetos de la prensa popular de la época, nacerá un nombre: el proto-poeta del tango, el que incorpora el lunfardo a las futuras letras sin saberlo, Evaristo Carriego, y desde allí la fragua poética desarrollará un movimiento cultural y popular que, unido a la danza y a la bella música, dará poetas ilustres, Pascual Contursi, Celedonio Esteban Fliores, José González Castillo y un largo etcétera. Los temas están: el abandono, sea de mujer o de patria; el conventillo y el barrio; el mundo del hampa re significado por medio del lunfardo; ciertos valores esenciales; coraje, recuerdo orgulloso de los orígenes, lealtad.
Desde ese fondo proteico la joven poética se encaminó ineluctablemente hacia un estado de sublimación utilizando un bagaje cultural preciso que le permitió dar un paso más sin perder la raíz, la fuente, el origen. Se necesitaba de un nuevo mestizaje. La ciudad había crecido, esas masas se convertían en electores, la enseñanza se volvía, lentamente, masiva.
Un nuevo mestizaje que permitiera que los ojos asombrados del público en ese club imaginario un domingo por la noche, se reconocieran en una letra de aparente e imposible captación, plagada de recursos técnicos pertenecientes a la gran literatura, una letra culta, en definitiva poética, que sin embargo dijera de ellos lo esencial, lo perdurable, lo humano. Esa empatía de alta cultura y gente humilde es, ciertamente, un fenómeno revolucionario. Reconocerse en la alta cultura es un fenómeno revolucionario. Integrarse a la gran literatura lírica manteniendo la raíz popular de donde proviene toda cultura, es un fenómeno revolucionario y corajudo. Evitar la demagogia de la falsa tolerancia, del facilismo de darle rango cultural a casi todo, es un acto revolucionario.
El hombre que realizó la segunda fundación de ese mestizaje poético que permitió una conexión entre pueblo y alta cultura, desde el llano, sin pedanterías ni esnobismos, con rigor y talento y sensibilidad, se llamó Homero Manzi.
Quizá su condición de provinciano, había nacido un 1º de noviembre de 1907 en Añatuya, Santiago del Estero, como Homero Nicolás Manzione Prestera, le permitió ser un hombre de dos mundos.
Quizá sus lecturas de otro provinciano, Carriego, le dieron un criterio de inserción y de necesidad de superación poética de ese mundo olvidado pero esencial y latente.
Quizá su temprana inserción en el barrio de Boedo a los 10 u 11 años, su casual vecindad con Ovidio Catulo González Castillo, devenido con el tiempo en Cátulo Castillo poeta de excelencia él también, y su relación con el padre anarquista de éste, José González Castillo, le hicieron reconocer la necesidad de la participación política que redundará en el año 1935 con la fundación del grupo FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) para renovar al radicalsimo y con la cárcel antes, cuando el golpe de Uriburu contra Hipólito Irigoyen en el 30.
Quizás el descubrimiento de la figura del caudillo radical le hizo reconocer sus propias raíces de vecino afincado sin participación en el gobierno de un país que le pertenecía, a él y a otros millones, sólo en los papeles.
Quizá por eso su adhesión al peronismo, su necesidad de hacer guiones de películas que retrataran a ese país y a esa historia fuera de las páginas de la revista Billiken.
Quizá por eso mismo la literatura y en especial la poesía, con sus enumeraciones precisas en su imprecisión, con sus preguntas retóricas a un paisaje desvaído y muerto, con su poder evocativo y elegíaco, quizá por todo eso, la poesía fue su medio.
Dentro de la vastísima actividad de Manzi en sus casi 44 años de vida, muere el 3 de mayo de 1951, se pueden enunciar a modo de inventario frágil y torpe y poco frecuentado por estos tiempos, a las glosas, subgénero inventado por Enrique González Tuñón, en su libro Tangos de 1926, que desafiaba al lector comentando, glosando, un texto que previamente el lector conocía. Manzi escribió glosas pero las superó haciendo de ellas un arte poética del suburbio, su arte poética personal.
En la contratapa de la edición de su poema Barrio de Tango, de 1942, escribe que el colegio Luppi al que había concurrido entre 1914 y 1917: "se alzaba, materialmente,  entre pantanos, baldíos bajos, terraplenes y montones de basura o desperdicio industrial. Ese paisaje de montones de hojalata, cercos de cinacina, casuchas de madera, lagunas  oscuras, veredones desparejos, terraplenes cercanos, trenes cruzando las tardes, faroles rojos y señales verdes, tenía su poesía."Desde ese fondo industrial y ciudadano, nacerán todas sus poesías. Del descarte social, de lo que nadie quiere, el poeta hará brotar poesía y la devolverá a la gente más humilde como entraña y pertenencia.
Dicen que fue durante una conversación con Arturo Jauretche, poeta, ensayista y político, donde Manzi planteó su famosa disyuntiva: ser un hombre de letras o escribir letras para los hombres. De la primera opción existen ejemplos sobrados aunque algo desconocidos. De la segunda opción es necesario elegir, teniendo en cuenta que hablamos de una actitud deliberada de comunicar y comunicarse con el prójimo y de
una multitud de textos poéticos hechos letra y canción o canción de texto, una entidad que soporta la lectura sin necesidad de la música y que unida a ésta, se multiplica hasta el infinito con el simple transcurso del tiempo.
La elección es ardua, pero creemos que Sur del año 1948 con música de Aníbal Troilo, estrenado por Nelly Omar y con versiones inolvidables de Edmundo Rivero y de Julio Sosa; así como "El Último Organito" de 1949, con música de su hijo Acho, con una versión casi taxativa de Edmundo Rivero, son ejemplo suficiente.
Ambos poemas poseen elementos comunes: son poemas de la enfermedad terminal del poeta y de alguna manera dulces elegías de despedida y por ese motivo, además de mostrar una madurez poética indiscutible, se erigen como poemas de liberación de obsesiones, de cifras, de guiñadas, de códigos y de lecturas omnipresentes, son poemas de consumación. Poemas que permiten que un público común gozara de los avatares de su propia vida vuelta poema. También son poemas de la participación.
Sur es un poema de enumeraciones. San Juan y Boedo antiguo, que aluden a Nueva Pompeya aunque el cruce mencionado se encuentre en el barrio de Boedo, misterio poético que resuelve la evocación misma. Se evoca desde ese lugar otro lugar, que es un cielo perdido o casi lo mismo, todo el cielo, hipérbole que sume en la desmesura, desmesura que las enumeraciones aumentan con su argucia de decir mucho sin decir nada en especial, salvo un episodio de amor anónimo, encuadrado en un espacio escenográfico común: mi amor, tu ventana. Y antes, Sur paredón y después, la luz de almacén, veredas, zanjones, la esquina del herrero barro y pampa, herrería que existió y que pertenecía a un tal Musladino y que quedaba en otra esquina que Manzi inmortalizó, Centenera y Tabaré, en otro tango, Manoblanca, en el temprano 1926.
Todo un ciclo que se cierra ante la muerte. Un tango que obliga a cantar los puntos suspensivos que en el poema significan la perduración de un mundo que sólo vive en la
poesía. Y eso también es Homero, y en este caso me refiero al homónimo, al aeda griego. Sur es un poema de puntos suspensivos y de enumeraciones, está dicho, pero es también un poema de despedida mortecina, una letra que asume el dolor de la pérdida convocando y nombrando. Y al nombrar crea, genera, deifica.
El Último Organito, es de alguna manera lo contrario. En lo que dura el pasaje del organito y del organillero moliendo tangos, en ese lapso, en tiempo real, se produce la
despedida, total, definitiva de un mundo. Y con ese mundo los personajes, que sin embargo y paradójicamente siendo evocados como formas extintas de un mundo, del mundo de un pueblo, viven, reviven, como carnadura del duermevela en que el poeta recuerda. Las novias encerradas, que saludarán la ausencia, la empatía en el dolor. Poema de homenajes a sus maestros, Carriego y González Castillo: un caballo flaco, un
rengo y un monito, un coro de muchachas vestidas de percal, casi una formación trágica griega. El elemento evocador es el organito, de ruedas embarradas, símil del tango nacido en el suburbio, el desclasado con vocación de altura, casi una imagen de la poesía que pudo deberse a Baudelaire. Y la vecina muerta que se cansó de amar, el valor brutal de lo implícito, la vieja reticencia que connota más de lo que dice y que si se describiera con precisión sería de una torpeza poética indigna del poeta que Manzi fue. Y nuevamente la utilización de recursos literarios como esa anáfora del ciego que fuma persistentemente en el umbral. Ciego que proviene de Carriego, pero que se ha mutado.
Mientras en el poema de Carriego el ciego al paso del organito llora, en el poema de Manzi, fuma y espera. Ha dejado de llorar, está solo, espera, pero ve con los ojos del alma un porvenir que no lo ha vencido.

Homero Manzi supo esperar su muerte y la hizo texto. La poesía en la vida, hecha vida y arte, y vuelta poesía y arte y vida.

Puedo cerrar los ojos
lejos de las pequeñas sonrisas que conozco
escuchando estos ruidos recién llegados
viendo estas caras nuevas
como si de pronto
los mil lentes de la locura
me trasladaran a un planeta ignorado
Estoy lleno de voces y de colores
que juraron acompañarme hasta la muerte
como amantes resignadas al breve paso de mi eternidad
Sé que hay recuerdos que querrán
abandonarme solo cuando mi cuerpo
hinche un hormiguero sobre la tierra
sé que hay lágrimas
largamente preparadas para mi ausencia
sé que mi nombre resonará en oídos queridos
con la perfección de una imagen
y también sé que a veces dejará de ser un nombre
y será sólo un par de palabras sin sentido
Estoy lleno de voces y de colores
unas veces recogidos en el sonambulismo de la noche
otras inventados tras mi propia soledad
Con ellos se integrará un cortejo final de despedida
se cambiarán en lágrimas y palabras piadosas
Pero, en medio de lo que todavía no he podido amar
evoco a los marinos encerrados en las paredes altas de la
tormenta
A los soldados caídos sobre yerbas lejanas
A los peregrinos que duermen bajo la sombra de árboles
innominados
A los niños que yacen contemplando el yeso de los hospitales
Y a los desesperados
que entregan el último gesto
frente al paisaje final e instantáneo
de la demencia.

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Escribe: Dr. NELSON SICA DELLÍSOLA
 
PEDRO ANTONIO BERNAT FLECHES, nació en Palmas de Mallorca, capital de las Islas Baleares, y vino a Montevideo en 1868, con su numerosa familia, y falleció el 25 de marzo de 1893.- Era un fino carpintero, ebanista, que incluso hizo  la urna para colocar los restos de Artigas, fallecido el 30 de septiembre de 1850, cuando los mismos pasaron al Panteón Nacional recién construido, el 31 de octubre de 1877. - Muy sencilla, con forma de paralelepípedo hexagonal  con pedestal y la tapa en punta de diamante, está construida en madera de cedro, enchapada en Jacaranda, con incrustaciones (festones) de plata, y su correspondiente pedestal. – Su única inscripción dice: “1764-José Artigas-1855”, y encima una pequeña cruz.- 1

Pedro A. Bernat ,como él se presentaba, era además un excelente poeta y también periodista; en 1879 fundó el Diario “La España”, que dirigió hasta su fallecimiento ocurrido el 25 de marzo de 1893;  en 1890 escribió un libro, editado por “Á vapor de La España” calle 25 de mayo 142, titulado “Ensayos Poéticos”, con 63 poesías suyas, escritas desde1871,  ilustrado por Miguel Jaume y Bosch, esposo de su hija Teresa Bernat; que vino a Uruguay en 1871, y falleció el 18 de mayo de 1900.- Era maestro, pintor y periodista, que en 1877 escribió un folleto polémico titulado “La cárcel penitenciaria y la pena de muerte”. - 

Otro Pedro Bernat (a quien llamaban Perico) periodista, y representante artístico de Gardel en Montevideo, era nieto suyo.- Que al morir Gardel asumió otras representaciones en Buenos Aires, entre ellas de Pinocho y de Mariquita Gallegos. -

Pedro Antonio fue siempre un hombre de muy firmes convicciones, que defendió sin arredrarse ante peligros y amenazas de las dictaduras militares de la época.- Recordándose  una contestación que en su oportunidad dio a un General, que en alguna forma lo había conminado,  a través de un Coronel: “Dígale Ud. al Sr. General, que dos veces por día entro y salgo de esta casa y otras dos voy y vengo en el Tranvía del Paso Molino. Puede hacer él lo que le parezca, no cambiaré de itinerario”. –

      Cantaba para que la tierra Americana, fuera patria del derecho, del arte y del saber, y para que nunca fraticidas guerras volvieran a encenderse.-
Fervoroso Republicano, en uno de sus versos nos dijo: “ ¡Cayó la usurpación!, ¡ Plaza al Derecho, del legítimo rey del pueblo hispano! Bajo el hermoso cielo de Castilla, No hay más que un rey...¡El pueblo soberano! ¡ Pueblo Español, recobra tu corona, Colócala en tu frente soberana, Y vea el mundo escrito en tu bandera El credo de la fe Republicana ! ” 2

Los versos que en parte reproducimos en recuadro, son un fiel reflejo de lo que pasaron nuestros antepasados, cuando abandonaron su tierra natal, para buscar nuevas perspectivas para su vida en lo que entonces era “hacerse la América”. -Porque nuestro Continente ofrecía posibilidades de trabajo que no se encontraban en sus países de origen. –
Era, en este caso, la nostalgia de un español, que en esta forma demostraba la pena de estar ausente de su patria, de sus familiares y amigos. Y esa añoranza o “morriña”, la expresa en este caso, a través del verso. Recordando su llanto al partir en barco, que era como venían los inmigrantes en aquel entonces, pidiendo recordar, por lo menos, los campos de su país natal, su clima, su mar y su cielo.-
Lo que sentían, en este caso los españoles, que arribaban a nuestras tierras a “hacerse la América”, como entonces se decía, porque por motivos económicos buscaban oportunidades de trabajo y progreso que no encontraban en su país de origen.-Y que tenía, como consecuencia, la creación de múltiples asociaciones, que agrupaban a los originarios de cada región española, donde cultivaban la música, los bailes, las comidas y demás costumbres de su tierra, y en muchos casos la solidaridad con quien requería ayuda de otros inmigrantes.-  Recordando en sus versos los nevados picos, las verdes colinas, los olivares y la retama en flor, los pinares y naranjales, la parra y el nogal...

Pero hoy las cosas se han invertido, y ya no son los europeos que vienen, sino que por el contrario son los uruguayos y nativos de otras naciones americanas, que emigran a Europa, a los Estados Unidos, o a otros lugares más lejanos como Australia, por ejemplo.- Buscando allí lo que no pudieron encontrar en nuestra tierra: trabajo y como consecuencia mejores condiciones de vida.- Sin olvidar tampoco los muchos que debieron emigrar por razones políticas, por ser perseguidos de dictaduras de nuestras tierras. –

Y esos emigrantes tienen allá el mismo sentimiento, recordando con afecto, lo que aquí dejaron, como se aprecia en estos versos de VÍCTOR AVERO, que también transcribimos parcialmente, un uruguayo radicado en Sydney hace   treinta y tres años, de profesión tornero actualmente jubilado, gran comunicador del tango, con una audición en Radio Río de Sydney, titulada “Champagne Tangó”.- Que recuerda las calles de Montevideo, la tradicional esquina de 18 y Andes, la Ciudad Vieja, la Playa Ramírez, la calle Ansina y los negros bailando candombe,  con el deseo de “despertar de nuevo, gritar y decirte que quiero otra vez sentir alegría... bailar algún tango con la mujer mía y abrirle las puertas a estas penas mías”...

      Y en otro de sus temas pregunta: “¿Sabes mi Montevideo?”, para contestar: “Difícil que pase un día sin que me acuerde de vos... tengo todo tan presente... ”
Concluyendo en que: “Estas cosas que te cuento, simples cosas solo son... pero al tenerte tan lejos, me llegan al corazón”. –

Esto explica el deseo de los uruguayos que andan por el mundo de contactarse con el “paisito” (término no usado en forma peyorativa, sino cariñosa), que dejaron sí, pero manteniendo vínculos familiares o de amistad, el recuerdo de nuestra música folclórica (ya sea ciudadana o de origen campesino), el mate, el truco, Gardel y los asados.- El lunfardo, el “che”,  el “vos”, el  “chau” y “¡TA! . – Y el interés por conocer los procesos políticos en nuestro país,  y la situación de los uruguayos que aquí quedaron.- 
Son “Los hijos de Gardel”, como en su título los llamó Laura Canoura, en un tango ya impuesto.-  Y una poesía muy hermosa, del Dr. Raúl Iturria, que tenemos el gusto de incluir, se refiere justamente al tema motivo de esta nota, en este caso referida a los vascos, pero por cierto a todos los inmigrantes, como lo dice su título.

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Buzón Abierto

 

Mercedes, y La Pedrera, Rocha
Así en medio del viento, se rompieron todos los nailon de protección y entraba agua a la sala de la Posada del Barco, se fueron sumando músicos. La bajista sueca, esposa de George, también Ursula, su amiga y percusionista suiza, que vive hace 10 años en La Paloma, más el guitarrista y batero de Pollerapantalón, Juan y Germán, respectivamente, un verdadero combinado de las Naciones Unidas arriba del escenario, y la gente abajo con palmas y bailando. ¡Inolvidable!
Sobre festival en sí, repitieron los chicos de Pollerapantalón que cerraron el encuentro en las dos noches con su ya conocida mezcla de enérgico ska, funk, jazz. También, como siempre desde hace años, se hicieron presentes los amigos de Brasil: François de Lima (trombón), Walmir Gil (trompeta y fiscorno), Nailor Aparecido Acevedo "Proveta" (saxo y clarinete) sumado a Jericó Da Silva en trompeta, también integrante del Grupo Mantiqueira que como el resto dieron la nota con la acostumbrada potencia de los vientos.
Este año estuvo presente por primera vez el cuarteto del festival Jazz a la Calle de Mercedes, ese otro festival realizado en el interior del país donde se derriban las barreras de la música para hacerla popular. Dirigido por el guitarrista Horacio "Macoco" Acosta (guitarra) y con Jorge Rodríguez (batería), Andrea Facciolo (bajo) y Martín Acosta (teclados) este cuarteto unió dos generaciones de músicos dando color y calor a la fiesta.
Participaron junto a ellos los saxofonistas Gustavo Villalba de Uruguay y el argentino Héctor "Costita" Bisignani, que desde hace años está radicado en Brasil.
-Gracias por acompañarme, le dijo Costita a Martín Acosta al bajar del escenario de la Posada del barco.
-No, gracias a usted por permitirme tocar con un maestro como usted; usted no tiene que agradecer nada, somos nosotros los que tenemos el honor de tocar con usted.
Antonio Ladra, La Coctelera.

 

 
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La Yapa

Tango Malena x Claudia Sofía (Uruguay) en Barcelona

Mónica Navarro - Fuimos

Bandoneon Tango "Romantica" vals - Julio Sosa

© Amilcar Legaskué para Informe Uruguay

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