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Año V Nro. 344 - Uruguay, 25 de junio del 2009   
 
Informe Uruguay

 
 
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Visión Marítima

 
Fernando Pintos

Revelaciones inéditas
sobre la campaña de Mujica…

por Fernando Pintos

 
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         Ahora que tenemos las Internas de los partidos políticos en plena marcha, están saliendo a luz algunos detalles que demuestran, bien a las claras, que Mujica no las tiene todas consigo. Y todo el problema se ha dado por lo que un analista político ha catalogado como «la desesperada necesidad de añadir afinidades». En efecto, desde un principio, los asesores de campaña de Mujica trataron de hacerle ver, aprovechando los cada vez más escasos episodios de lucidez que lo atormentan, la necesidad de incluir fórmulas y personajes que exhiban la mayor afinidad posible con su persona. Mujica les dijo que «¡Sí!» «¡Claro!» «¿Cómo no?»… Y de inmediato, como es de costumbre, se olvidó de todo y pasó a seguir desbarrando. Los asesores, entre tanto, pusieron manos a la obra.

         El primer problema —iban a ser muchos— surgió cuando pretendieron inscribir una lista que tuviese un número altamente emblemático… De la misma manera que algunos números estaban descartados desde un principio, como el 33 o el 69, había uno que todos coincidían en indicar como el ideal. Era ni más ni menos que el 666… Pero, antes de que pudieran ir corriendo a registrarlo, ¡sorpresa! Un telegrama colacionado de un señor Louis C. Pher, redactado en estos misteriosos términos: «Ya estoy suficientemente desprestigiado, como para que ustedes me embarren más todavía. Ni se atrevan a usar mi número, porque entonces, cuando los tenga aquí conmigo —que tarde o temprano los voy a tener— los voy a hacer rechinar por el resto de la zafra».  El telegrama fue entregado por un muchachito de aspecto inquietante y sonrisa mefistofélica, quien dijo llamarse «Damien».

         Ya huérfanos de número y en tanto el divo seguía repartiendo rebuznos a diestra y siniestra, los asesores comenzaron la delicada tarea de buscar un compañero de fórmula para el momento de disputar (con el perdón de la palabra) la Prescindencia de la Res Pública. ¡Y tenía que ser alguien completamente afín! ¡Alguien que complementara, debidamente, la personalidad cautivadora y carismática del heroíno! Pero nuevas amarguras aguardaban a la vuelta de la esquina. El primero de los consultados, el celebérrimo Caníbal de Rotemburgo, se negó de plano, aduciendo que estaba «todavía convaleciente de una severa dolencia digestiva». Y de ahí en más, todo se convirtió en un verdadero desastre.

         Y vean si no. El Conde Drácula se negó enfáticamente, esgrimiendo un pretexto más bien ridículo: «la sangre de Transilvania tiene mucho mejor sabor que la de cualquier paisito sudamericano de morondanga. Además, yo no promuevo carreras políticas de quienes no son más que mis vulgares imitadores». El Hombre Lobo eludió el compromiso aduciendo que se le estaba por venir la temporada de luna llena y que, por esa razón, necesitaba pasar agotadoras jornadas en manos de su peinador y su manicurista. Consultado en su retiro londinense, Jack el Destripador esgrimió argumentos demoledores: «al igual que Greta Garbo, me he pasado los últimos años de incógnito y en el ostracismo dorado… Sí, ya sé que Mujica podría enseñarme dos o tres cositas que no están en mi variado repertorio criminal… Pero, ¿qué le vamos a hacer? ¡En alguna otra ocasión será! Eso sí: ustedes y el Pepe tienen mi irrestricto apoyo moral. Después de todo, la solidaridad gremial obliga».

         Muchos otros personajes célebres reiteraron el mismo rechazo sistematizado. La Momia Egipcia, por ejemplo, se negó de plano y con un argumento en verdad irrefutable: «¿Pero ustedes qué se creen? ¿Acaso pretenden depreciar mi Look aristocrático, poniéndome al lado de tamaño adefesio impresentable?». La Mujer Reptil se limitó a silbar de manera harto reprobadora y de inmediato salió, a toda prisa, arguyendo que «tenía que cambiarse de piel». La Gorgona se les rió en la nuca y les espetó las siguientes y misteriosas palabras: «Ése sí que tiene una caripela de piedra maciza. ¡Ni que yo se la mirara durante cien años seguidos se le podría endurecer un poco más!». Y en cuanto tiene que ver con el Monstruo del Doctor Frankenstein, tampoco hubo mayor suerte… Consultado al respecto, señaló que nunca le ha gustado la política, y que tiene demasiado buenos sentimientos y un alto sentido de responsabilidad cívica, todo lo cual lo inhibe de andar con tan malas juntas.

         Y bueno… No siempre se gana en esta vida (yo, más bien, espero que NUNCA ganen, ni tan siquiera a la bolita)… Pero, ¡ánimo! ¡Miren que sí quedan opciones en el paisito! Por ahí tienen a Gargano, que por lo ga-gá haría un perfecto tándem con el líder. También podrían reclutar a la Daisy, que por ahí anda, toda mojada. Y no se olviden de Paco Casal, uno de los criminales más perfectos de las últimas décadas… En fin, ¡anímense un poco! ¡No está muerto quien pelea!

© Fernando Pintos para Informe Uruguay

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