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Año V Nro. 344 - Uruguay, 25 de junio del 2009   
 
Informe Uruguay

 
 
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Visión Marítima

 
Fernando Pintos

Understanding, People!
por Fernando Pintos

 
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         Los clubes del fútbol uruguayo, principalmente los todavía denominados grandes, ostentan una sorprendente similitud con los protagonistas de alguna opereta grotesca y ridícula… Pero, pensándolo mejor, diríase que la semejanza mejor encaja con alguna de aquellas radionovelas trasnochadas de los años 50 y 60, que ya estaban harto pasadas de moda y escuálidas de audiencia en los años 70… Aunque, tras un análisis detenido, se puede encontrar la perfecta similitud, casi un calco con papel carbónico, en uno de esos innumerables teleteatros —reciclados, repetitivos, predecibles y más ridículos todavía que patéticos— que producen los mexicanos, o los venezolanos, con la misma abundancia con que se elaboran los chorizos o las butifarras en una fábrica de embutidos…

          En fin… Sé bien que más de alguien se estará preguntando acerca de la trama («Plot», en inglés)… Pues, ¡el argumento es muy sencillo! En un barrio antaño aristocrático y ahora depreciado, sobrebrepoblado por una mayoría lamentable de planchas, punguistas, lúmpen variado y cascarriaje surtido, sobreviven todavía dos casas vetustas que en algún momento fueron de gran lujo y por ello conservan, ¡incluso a estas alturas!, un cierto aire de deteriorada distinción (aquello que los tatarabuelos gustaban calificar como «señorío»). Y en cada una de esas casonas habita una familia antaño copetuda que, hogaño y en tiempos de posmodernidad, sobrevive con más o menos las mismas apreturas, penurias, dificultades, privaciones, apuros, escaseces, semiplenas indigencias, desposeimientos y estrecheces que caracterizaron el espinoso devenir de aquel hijodalgo arruinado que supo ser patrón del Lazarillo de Tormes («¡Debéis mudar propósito, donos traidores ratones, que en esta casa mala medra tendréis!»… ¿alguien se acuerda cuando menos de esto?)… ¡Pobres ex ricachones muy venidos a menos! Pero, como es de todos bien sabido, el abolengo y la clase no pueden tirarse así como así por la ventana… Y entonces, aquellas dos cuasi famélicas familias viven haciendo su numerito —pour la gallerie— de gente bien… ¿Qué digo? Más bien, ¡gente bian! Entonces, encienden luces de más, que después sudarán la gota gorda para pagar a la maldecida UTE cuando aterrice en su puerta el recibo del mes… ¡No se privan de organizar, para envidia del vecindario, unas fiestas rumbosas! ¡Y hasta brindan con champagne!… El cual, para situarnos en la estricta realidad (siempre tan antipática, por cierto), no es más que una sidra barata que se quedó de clavo cuando cerraron «Manzanares» junto con sus «no-sé-cuántas-sucursales» pero que, ¡eso sí!, todavía tiene un buen colorcillo y hace suficiente espuma (ciertas veces no muy blanca que digamos y con unos sospechosos tintes que unas veces son fungosos y otras hasta alquitranados) cuando se le sirve en las copas, desparejas y astilladas pero, ¡de marca!… Nuestros héroes se visten a plazos, pretendiendo casi siempre trapos de última moda (aunque sean muchas veces usados y adquiridos en la Feria de Tristán Narvaja, ¡y hasta con regateo para rebaja!)… Y organizan puntual colecta, una vez por semana, a fin de ponerle pocos litros de nafta a la venerable forchela destartalada que todavía agoniza por entregas anuales en el garaje, junto con muchos otros desechos y desperdicios inusables… Para después montar, acomodarse con calzador lo mejor posible, ajustar la pose, enderezar el perifollo y salir, ruidosamente (la pobre forchela que tose, que ruge, que protesta y que tartajea), con rumbo al Centro de la City o a quién sabe dónde (digamos que algún mall de clase B)…

         Como se apreciará con una claridad prístina y meridiana, de lo que aquí se trata es mantener a toda costa el estatus y al mismo tiempo demostrar, a toda esa plebe envidiosa y chismorrera, que «uno» (igualito que en el tango homónimo), a pesar de todos los pesares (y las deudas, y los juicios por impagos, y el sastre Popoff que no deja de acosarnos), ¡sigue siendo gente Bian! Y eso que lo escribí bien: «Bian», nomás…

         Understanding, People!… Understanding, please!

© Fernando Pintos para Informe Uruguay

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