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El mayor riesgo
por Jorge Avila
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El clima político nacional ha cambiado casi milagrosamente en los últimos treinta días. Hace un mes, la gente de la calle, los periodistas, los observadores y los consultores se preguntaban ¿cuándo se caen? Pero hacen ya unos quince días que los Kirchner gobiernan sin sobresaltos. Lo milagroso del caso es que no hicieron nada para que la situación se estabilizara. Este fenómeno demuestra que la gente y la dirigencia no quieren que se caigan; tienen terror de los cambios institucionales y económicos que podrían sobrevenir.
Con la excepción de errores políticos, como el que cometieron con el campo, o de un desmoronamiento de los precios mundiales de la soja y otros commodities, el gran riesgo que corre el gobierno es el default. Los Kirchner saben que un default tendría un impacto demoledor sobre la estabilidad del gobierno. Los dejaría en ridículo, además. ¿Imaginan el escenario? ¡En default a sólo tres años y medio de aplicar una quita sin precedente histórico! Ya han perdido mucho del respeto político que inspiraban. En ese escenario perderían todo el respeto financiero que lograron por su manejo de la "caja".
Según el consenso de los consultores, el gobierno argentino honrará sus obligaciones sin problemas en 2008. El domingo pasado, José Luís Espert, un reconocido consultor cuyo fuerte es el seguimiento de la situación fiscal, publicó un artículo en La Nación cuyo mensaje es que el gobierno, raspando por cierto el fondo de la olla, estará en condiciones de pagar tanto los intereses como los vencimiento de capital de 2009. Hasta donde yo sé, Espert es el primer consultor que se anima a hacer tal pronóstico. Sepan que raspar el fondo de la olla significa ponerle bonos a las AFJPs por 70% de la recaudación previsional privada, colocar bonos en gran cantidad en el Anses, que es la fuente de la jubilación estatal, y encajarles más bonos a las aseguradoras, entre otras piruetas que asegurarán nuestra calidad de vida a partir de los 65 años de edad. No debería extrañarnos que también haya algún bono especial para los bancos. ¿Se dan cuenta ahora por qué propongo una banca y un sistema jubilatorio off-shore?
La Nación publicó otro artículo que ayuda a poner en perspectiva mi post sobre el pago al Club de París. Este artículo contiene un par de cuadros interesantes. El primero ilustra el cambio de "prestamista de última instancia" implementado por el gobierno desde el año 2006. Canceló la deuda con el FMI de u$s 9.500 millones, que en la actualidad nos costaría apenas un 4% de interés anual, y se endeudó con el gobierno venezolano en u$s 9.200 millones, a una tasa que ha pasado de 8.5% anual en 2005 a 15% anual en 2008. En la mente delirante de los Kirchner este swap debe estar dejando ganancias de todos los colores. Pero en la de la gran mayoría de los observadores ya no queda lugar para un gramo más de perplejidad. Por varias razones: a) la tasa que cobra el FMI es mucho más baja; b) la auditoría del FMI habría dotado de transparencia a las cuentas púlicas argentinas y evitado locuras como las del Indec y el tren bala; c) la cancelación de las deudas con el FMI y el Club de París es interpretada por la comunidad financiera más como el portazo de un adolescente que como un paso en pos de la independencia financiera y de política económica. Quiero decir que este acto nos aleja de la reapertura del crédito internacional en vez de acercarnos.

El segundo cuadro muestra una estimación independiente de las necesidades de financiamiento del gobierno hasta 2011. Este concepto es la diferencia entre los compromisos por intereses y vencimientos de capital de la deuda pública y una estimación del superávit fiscal. En números redondos, el gobierno enfrenta pagos de intereses de u$s 5.000-6.000 millones por año y vencimientos en el orden de u$s 10.000 millones por año en el período 2009-2011. Con un superávit fiscal de 3% del PBI, similar al que el gobierno cree que conseguirá y más alto que el superávit que se estimó para construir el cuadro, todavía faltaría cubrir cerca de u$s 6.000 millones por año. Sin acceso al mercado de crédito internacional, y una vez raspado el fondo de la olla, habrá default. En esta expectativa se funda la sugerencia de frenar el crecimiento del gasto público, normalizar el Indec (para blanquear el default encubierto sobre los bonos que ajustan por el índice de costo de vida) y reestructurar la deuda en default con los bonistas.
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