|
|
Uruguay y la crisis
por Lobo Gris de Lothlórien |
| |
|
|
Una de las pocas cosas --aunque no se me ocurre otra-- que ha hecho relativamente bien este gobierno, al menos en comparación con gobiernos anteriores, es la política monetaria: intervención mínima en el precio del dólar, y tasas altas de interés del banco central (7.25%, comparar con la actual tasa de la reserva federal, 2.00%), es decir, limitada intervención en las tasas de interés de mercado que evitan un consumo excesivo de los bienes de capital y su consecuencia: la caída de la economía. Esta contención se manifiesta también en un dólar bajo que evita una expansión equivocada de las exportaciones, las cuales se hubieran desinflado con consecuencias catastróficas para la economía, durante la actual fase depresiva mundial. Con lo cual me desalineo totalmente contra toda presión u opinión, en favor de intervenir en el mercado cambiario para subir el precio de la divisa, que provienen del sector exportador y de la oposición política, tradicional protector de los privilegios del empresariado exportador.
Sin embargo, otras medidas del ministerio de economía van a contramano de esto. El problema es que el gobierno no ha aplicado una política monetaria contractiva con el objetivo de contener la expansión más allá de lo que el capital disponible puede soportar, sino con el objetivo de contener la inflación, que no es más que un síntoma. Y por lo tanto el resto de la política económica no se dirige en absoluto en fortalecer la economía contra los embates de la crisis global. Muy al contrario, el excesivo gasto público y la rigidez laboral que ha impuesto este gobierno no va a permitir ni a la economía pública ni a la privada adaptarse a los cambios que va a imponer tarde o temprano la crisis global.
El presupuesto del estado está pensado para una situación eterna de vacas gordas, sin pensar en absoluto en la posibilidad de tiempos difíciles. Una ceguera total que va a conducir al estado a la misma situación a la que llegó la intendencia de Montevideo: incumplimiento de acuerdos salariales, peores servicios por falta de recursos que fueron dirigidos a aumentar salarios en lo que se pudo, mayores impuestos para la ciudadanía, y más poder de las burocracias sindicalizadas --a los que podríamos llamar verdaderas mafias--.
Lo mismo habrá de suceder con el sector privado, con salarios incrementados por decreto en lugar de permitir que los salarios suban como suben en los países con los salarios más altos: por el efecto de la libre competencia y la ausencia de regulaciones.
Cuando la crisis llegue a Uruguay, si bien en parte contenida por la política monetaria, el presupuesto no va a poder ser sostenido, y las leyes laborales no van a dar margen suficiente a muchas empresas --las más pequeñas-- a mantener la rentabilidad. Sólo las grandes empresas, con grandes márgenes de ganancia, van a poder sostenerlos. Pero las pérdidas de puestos de trabajo en las pequeñas y medianas empresas no va a poder contenerse. Estas pérdidas también implicarán más costos para el estado, sumados a los ya excesivos.
Es posible que frente a esta situación, el gobierno opte por abandonar la política contractiva y bajar la tasa de interés de referencia intentando generar una expansión artificial de la economía para estirar la crisis para más adelante, es decir, posiblemente para que caiga en el próximo período de gobierno, con lo cual la crisis queda temporalmente tapada y no afecte la popularidad del gobierno frente a las ya muy próximas elecciones.
Esto al mismo tiempo va a provocar una suba del dólar en plaza que sostenga una de las principales fuentes fiscales tradicionales del estado uruguayo, las exportaciones, cuando los impuestos a la clase media se van a ver mermados por la crisis.
Y tal vez se opte por aumentar los impuestos a los sueldos, como hizo el gobierno anterior en la crisis del 2001.
Un problema político de estos procesos es que como sus efectos destructores se gestan a largo plazo, quienes pagan los costos políticos suelen ser los gobiernos que vienen después, en lugar de quienes lo provocaron. Y no lo digo por indicar una injusticia --todos los gobiernos siempre contribuyen a la crisis cíclicas--, sino porque la mentalidad cortoplacista de políticos y votantes lleva a diagnosticar erróneamente las causas de las crisis y establecer falsas relaciones causa efecto, y así cometer una y otra vez los mismos errores, y adjudicar a la falta de intervencionismo el origen de las depresiones cuando las causas son precisamente el intervencionismo y en particular, como dije en otras ocasiones, la socialización del sistema monetario.
Pues las crisis cíclicas no son un problema del capitalismo como muchos quieren hacer creer y como la gran mayoría cree, sino al contrario, del socialismo. Sino, díganme en qué lugar del mundo no existe un banco central que tenga el monopolio de la emisión de dinero. Díganme en qué lugar del mundo existe la libertad de que una empresa cualquiera emita su propio dinero.
La emisión de dinero está totalmente manejada por los estados. Socialismo puro del sistema monetario.
» Arriba
| Comentarios en este artículo |
|
|
|