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¿Diálogo o trueque?
por Marcelo Ostria Trigo (Perfil)
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La preocupante situación en Bolivia, que estuvo al rojo vivo se ha aplacado con un publicitado diálogo entre el gobierno y los prefectos departamentales de Santa Cruz, Tarija, Beni y Chuquisaca, –la prefecta de este último, se retiró del diálogo porque se excluyó un tema crucial para su departamento: la “capitalidad plena de la República” de la ciudad de Sucre. La ausencia notable es la del prefecto de Pando, arbitrariamente apresado. Pero, como van las cosas, la tensión y la violencia pueden volver con una nueva y más nerviosa confrontación.
Ahora, luego de la tragedia del departamento de Pando con muertos, heridos, confinados, presos –incluida la ilegalidad en la “captura” del prefecto de Pando, Leopoldo Fernández– y asilados en el Brasil, hay un nuevo diálogo en curso. Es en Cochabamba, rodeado de hordas que el populismo insiste en llamar “movimientos sociales” como paramilitares organizados por el gobierno. Hay campesinos, también organizados y armados por el gobierno, que se acercan a Santa Cruz, como la antesala de nuevos enfrentamientos, seguramente cruentos y dolorosos, con el apoyo del autócrata Hugo Chávez y con la complicidad de ciertos gobernantes en la Unión de Naciones Sudamericanas, Unasur, aún no nacida, pero que ya pretende constituirse en la virtual mini OEA de los populistas.
Las noticias son insólitas y preocupantes. Se ha confirmado que Evo Morales ha ofrecido, en el dialogo con los prefectos, “revisar la autonomía a cambio de aprobar la CPE” (La Razón, 19.09.2008, página A 10), o sea, aprobar el texto constitucional masista parcializado y sectario, ilegalmente adoptado en el cuartel, que ocasionó tres muertos y cientos de heridos y “conceder” el reconocimiento de las autonomías departamentales.
¡Vaya trueque político! Cambalache entre dos protagonistas: gobierno y prefectos, con árbitros comprados. Y, pese a que se trata de delinear el futuro de la nación, hay importantísimas ausencias: organizaciones de la sociedad civil, partidos, dirigentes ciudadanos, etc.. Y, en este limitado espectro de dialogantes, el gobierno propone que los problemas que agobian a la ciudadanía, como avasallamiento del estado de Derecho, el fraude electoral, la sumisión al tirano de Venezuela, la injerencia de cientos de extranjeros que ya conforman una suerte de brigadas internacionales, la inflación que agujerea los bolsillos de los pobres, la corrupción, la intervención militar violenta en la dilucidación de cuestiones políticas, los sainetes que se montaron en el país y en el extranjero, se pretende reducirla a un toma y daca entre la revisión de la autonomía, aprobada por la ciudadanía vs..el texto constitucional masista. Y, en el medio, una increíble cantidad de observadores y “facilitadores”, a diplomáticos, a enviados de organismos internacionales, a representantes de la Iglesia, proclive ser abofeteada y luego ofrecer la otra mejilla al virulento oficialismo, todos arremolinados y curiosos, empeñados en comprender la maraña política montada groseramente por el populismo, cubanos y venezolanos incluidos.
Y, cuando no, la presencia sectaria del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, el que pretende enterrar la OEA, impulsando la UNASUR del populismo y de su mentor Chávez.
El simplismo de “te doy y tú me das”, en este caso el trueque del texto constitucional del oficialismo por las autonomías, no resulta tranquilizador para quienes tienen convicciones democráticas. Las autonomías tienen el respaldo del voto ciudadano, mientras que el texto del MAS es la versión populista y parcial de un estado basado en el racismo y el populismo desenfrenado.
Conformar un país, requiere aceptar las diferencias en una sociedad diversa. Hay visiones divergentes, y convicciones firmes para que las instituciones respondan al equilibrio y la equidad. Por ejemplo, que el parlamento sea la expresión de un ciudadano un voto, que la administración de la justicia sea moderna y aplicada en forma general y no parcelada por grupos “originarios” que pretenden seguir imponiendo anacrónicos castigos corporales de la época del incario. La demanda es que se consagren claramente los derechos individuales y con instituciones no contaminadas por la intemperancia populista.
Al fin de cuentas, la constitución es la que fija el modelo de un país. Es la que debe asegurar la democracia y la vigencia de la justicia. Esto es ajeno, al proyecto de constitución sectaria del populismo.
Se ha llegado, entonces, al simplismo, que va a comprometer la libertad de los bolivianos.
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