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El mejor presidente de América Latina
por Patricio Navia
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La poca lucida presencia de los mandatarios de América Latina en la Asamblea General de la ONU contrastó profundamente con el creciente liderazgo mundial que ha adquirido el presidente brasileño Lula. Mientras algunos países de América latina hacen noticias por los problemas y dificultades y otros simplemente ni siquiera logran capturar la atención internacional, Brasil se ha convertido en la gran noticia de éxito económico, consolidación democrática y efectiva reducción de la pobreza de América latina.
Reconocidamente, esta asamblea general de la ONU no logró convertirse en el centro de la noticia por la gigantesca y peligrosa tormenta económica que afecta al sector financiero estadounidense. Mientras los jefes de estado del mundo se reunían en las Naciones Unidas, los altibajos de la bolsa de Wall Street capturaban la atención mundial. Las negociaciones en Washington lograban mucha más cobertura de prensa que los anticipables discursos pronunciados por los mandatarios del mundo. Porque muchos discursos están más pensado en las audiencias nacionales que en influir en este foro mundial, la Asamblea General de la ONU a menudo termina siendo una seguidilla de declaraciones que tienen poco efecto posterior.
Generalmente, el presidente de Estados Unidos logra poner algunos temas en la agenda. Pero ya que George W. Bush va de salida, y los candidatos presidenciales en competencia no se aparecieron por Nueva York, ni siquiera la elección presidencial estadounidense logró convertirse en noticia esta semana. La protegida visita de Sarah Palin, la candidata vicepresidencial republicana, a Nueva York fue considerada como una oportunidad fotográfica para acallar a sus críticos en la campaña que como un esfuerzo real por crear lazos con líderes mundiales. Por todos esos motivos, la Asamblea General de la ONU no tuvo el impacto que ha tenido en años anteriores.
Pero entre los líderes latinoamericanos que sí asistieron a la cumbre—las ausencias del mandatario venezolano Hugo Chávez y del jefe de gobierno cubano Raúl Castro fueron evidentes—el presidente brasileño se robó la atención y concentró las alabanzas y las loas. La economía más grande de América latina y el país más poblado ha logrado completar casi una década de crecimiento sostenido. Millones de brasileños han salido de la pobreza y la vibrante clase media se ha convertido en el motor de un desarrollo económico más sostenido. La disciplina fiscal ha contribuido a la consolidación de un mercado de crédito nacional. El liderazgo político de Lula ha permitido avanzar en la consolidación política. Después de un primer cuatrienio marcado por escándalos, Lula ha logrado convertirse en un presidente respetado, querido y admirado por sus compatriotas y en el mundo. El buen momento de Brasil se evidencia incluso en el afortunado descubrimiento de enormes yacimientos petroleros en territorio nacional.
Por eso, mientras algunos líderes de América latina pasaban desapercibidos, otros cabildeaban intensamente para lograr que el debilitado presidente Bush logre convencer al congreso estadounidense de aprobar acuerdos de libre comercio pendientes con Colombia y Panamá, unos pocos—como la presidenta argentina—daban inusitadas lecciones de economía internacional a la par que intentaban congraciarse con el sistema financiero mundial y unos pocos denunciaban las injusticias del capitalismo y de los mercados internacionales, el presidente brasileño confiadamente hablaba del modelo que ha logrado éxito en su país. El suyo es un gobierno que promueve una política fiscal sólida y responsable, amistosa con el mercado y la inversión extranjera pero también profundamente comprometida con la justicia social, con una mejor distribución de los ingresos y con más oportunidades para la inclusión económica.
Porque vino a Nueva York a contar el modelo que le ha permitido a su país éxito en estos seis años que lleva en el poder, Lula fue el único presidente latinoamericano que logró temporalmente atraer la atención de un público que comprensiblemente estaba más preocupado de lo que pasa en Wall Street y en Washington que de lo que estaba pasando en la sede de la ONU.
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