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Año IV - Nº 257
Uruguay,   26 de octubre del 2007
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Preisz, King Kong, y los Critters

por Dr. Oscar N. Ventura
 
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            En realidad voy a hablar poco y nada de King Kong o los Critters, sino de la concentración y los miedos terroríficos imbuidos a propósito por el planteo catastrofista de grandes números absolutos de materia en lugar de concentraciones. Y sin embargo hay una relación importante que esos simpáticos monstruos cinematográficos me van a permitir ejemplificar.

            King Kong y otros monstruos gigantes por el estilo representan el máximo terror con el que se enfrenta el ser humano cuando su oponente está fuera completamente de su escala. El gorila es de por sí mucho más fuerte y fiero que el ser humano, llevarlo a dimensiones gigantescas sólo incrementa la desesperación y sentido de vulnerabilidad del pequeño ser humano que intenta oponérsele. El mismo truco que en King Kong se ha empleado en películas como Godzilla o Tiburón.

            Por otra parte, los gremlins primero y más sangrientamente los critters luego, representan una dimensión diferente de la pesadilla. Son temibles y terroríficos de por sí, pero a dimensión humana y por consiguiente es posible enfrentarlos, pero el hecho de que no vengan de a uno, sino en bandas, hacen que de nuevo el terror se magnifique proporcionalmente. El mismo truco se ha usado cinematográficamente en películas como Ratas o similares. El miedo es producido no sólo por el objeto en sí, sino por la multiplicación del mismo.

            Las dos formas de infundir terror son entonces distintas. En un caso hay un ser muy poderoso y superhumano, en el otro criaturas más vulnerables individualmente, pero malévolas y difíciles de vencer justamente porque son muchas. Ambos casos tomados de nuestra experiencia humana tienen correlatos en el terror que a veces se intenta inspirar con el término contaminación. Los ejemplos abundan en el caso de las pasteras uruguayas, así que lo complicado no es analizar información, sino resumirla. Por lo tanto voy a basar mi análisis en unos pocos elementos.

            En Febrero de 2007, el medio Corrientes Noticias publicaba la siguiente noticia:

Gerardo Preisz, ingeniero químico de Gualeguaychú
Los asambleístas se están defendiendo de una amenaza real

Política: Uno de los especialistas más prestigiosos de la ciudad del carnaval explicó cómo y cuánto contaminará la pastera Botnia cuando comience a funcionar. El primer testimonio riguroso sobre un problema que todos imaginan pero nadie dimensiona. La figura que pude imaginar es la de un paraguas, donde la chimenea sería el eje del paraguas o el mango. Los gases y polvos van a subir a cierta altura y luego sufrirán un proceso de decantación en forma de paraguas, figura Preisz.

Por Eduardo Andrés Aller

            En este artículo se muestran las dos formas de imbuir miedo a las que me refería más arriba. En un pasaje el artículo refiere que el Ing. Qco. Preisz analizó la cantidad de contaminantes que la pastera más grande y sucia del mundo escupirá durante los cuarenta años que tiene previsto estar en actividad o, reduciéndolo a los términos que empleábamos más arriba, la King Kong de las pasteras. Por supuesto, este juicio de valor es de cosecha de los periodistas y no se lo puede achacar al Ing. Qco. Preisz. Por otra parte, en el artículo se desarrolla también el miedo tipo critters, no sólo es un monstruo grande y sucio, sino también viene acompañado de pequeños otros monstruitos, cada uno de ellos temibles por sí solos. Por ejemplo

“la contaminación va a ser mucho más severa desde el punto de vista gaseoso, es decir por los productos que salen de la chimenea que por los productos que van a ingresar al seno del río, aunque estos últimos producirán una serie de trastornos, tanto desde el punto de vista térmico como fisicoquímico, es decir, producirán alteraciones severas del agua”.

“habrá dioxinas y furanos, compuestos químicos poco solubles en el agua pero muy solubles en lípidos; lo que significa que los peces van a actuar como bio-concentradores y, luego de ser pescados y consumidos, como transmisores de esas sustancias al cuerpo humano”.

“La figura que pude imaginar es la de un paraguas, donde la chimenea sería el eje del paraguas o el mango. Los gases y polvos van a subir a cierta altura y luego sufrirán un proceso de decantación en forma de paraguas”

“entre los productos que saldrán habrá anhidro sulfuroso que, con el vapor de agua que también va a contener los gases, se va convertir en ácido sulfuroso, que una parte pasará a ácido sulfúrico cuando se oxide con el ozono de las capas superiores, que es mucho más agresivo que el sulfuroso, y cuando se precipite se va a producir lo que mundialmente se conoce como lluvia ácida”.

“habrá gases que, sin ser nocivos, serán netamente olorosos, como el hidrógeno sulfurado; se van a hacer sentir a una distancia que todavía no está determinada y van a producir un impacto altamente negativo en la masa turística que esta ciudad recibe año tras año”.

“Las dioxinas y furanos también van a salir por la chimenea. Al ser más pesados que el aire, desde el punto de vista molecular, tarde o temprano van a empezar a caer sobre la superficie terrestre, donde tenemos los pastos, que es el alimento para el ganado. Cuando éste coma pastura con dioxinas y furanos, los va a incorporar a su grasa, y cuando nosotros comamos su carne los vamos incorporar a nuestro organismo. También van a aparecer en la leche y en todos sus derivados”.

            Etcétera, etcétera. Bien, ¿en qué se basa entonces este miedo a los King Kongs y los Critters? Todo se inicia en un artículo del Ing. Preisz en el diario El Día de Gualeguaychú donde presenta un análisis de la cantidad total de sustancias químicas expelidas por Botnia al medio acuático y a la atmósfera durante sus 40 años de vida útil prevista. Esa carta del Ing. Preisz fue contestada in extenso por el Lic. Luis Anastasía, pero, curiosamente, el diario El Día no publicó dicha carta sino sólo la réplica a la misma que hizo el Ing. Preisz. Curiosa forma de periodismo aquélla que sólo publica la información favorable a la causa que defiende, pero no es el tema de este artículo. El tema es sí una afirmación que está contenida en el artículo del medio Corrientes Noticias, que mencionamos más arriba, cuando dice:

Según Preisz, el objetivo de su informe fue “calcular los valores acumulativos”, porque en las tablas presentadas por Botnia al Gobierno de la República Oriental del Uruguay “figuran los distintos contaminantes, ya sean del medio líquido como del medio gaseoso, expresados en unidades que no dan una idea del impacto ambiental”. Es que la empresa, si bien exhibió la concentración de elementos nocivos en unidades válidas de concentración, evitó hablar del caudal –por hora, por día o por año- para relativizar al máximo la magnitud del volumen de deshechos que se van a depositar en el aire y en la tierra.

El catedrático advierte, entonces, que, cuando se hacen los cálculos correctos, se llega a la conclusión de que aceptando los valores propuestos por la empresa, tras cuarenta años de funcionamiento, se verterán 680 mil toneladas de contaminantes por los afluentes líquidos; y 67 millones por las emisiones gaseosas de la chimenea.

            Es decir, nuevamente King Kong. Este razonamiento tiene tres errores básicos. Uno es considerar el conjunto total de emisiones como si se produjeran todas en el mismo sitio y al mismo tiempo, cosa que claramente no es así. Otro es considerar que el ecosistema permanece estático mientras se producen esas emisiones, cosa que obviamente no es así. Y el tercero es considerar que esas emisiones se producen in toto en una ambiente en que no existe nada más que dichas emisiones, lo que tampoco es cierto. A continuación vamos a elaborar sobre estos conceptos.

            Emitir no es contaminar. Usemos en lo sucesivo la siguiente definición de contaminación ambiental, tomada de Wikipedia:

Se denomina contaminación ambiental a la presencia en el ambiente de cualquier agente (físico, químico o biológico) o bien de una combinación de varios agentes en lugares, formas y concentraciones tales que sean o puedan ser nocivos para la salud, la seguridad o para el bienestar de la población, o que puedan ser perjudiciales para la vida vegetal o animal, o impidan el uso normal de las propiedades y lugares de recreación y goce de los mismos. La contaminación ambiental es también la incorporación a los cuerpos receptores de sustancias sólidas, liquidas o gaseosas, o mezclas de ellas, siempre que alteren desfavorablemente las condiciones naturales del mismo, o que puedan afectar la salud, la higiene o el bienestar del público.

            Los conceptos en negrita fueron subrayados por mi porque juegan un papel importante en la definición del problema. Contaminar no es emitir, emitir no es contaminar. Para que la presencia de cualquier emisión (i.e. agente físico, químico o biológico) en el ambiente pueda ser considerada contaminación debe estar presente en lugares, formas y concentraciones tales que alteren desfavorablemente las condiciones naturales del mismo o que puedan afectar la salud, la higiene o el bienestar del público. Si no se cumplen esas condiciones no existe contaminación. Obsérvese que no hablamos de la cantidad total de emisiones en un determinado plazo, sino de concentración. ¿Y qué cuernos es, técnicamente hablando, la concentración?

            Todos nosotros tenemos una imagen usual de la concentración. Tanto quien tiene experiencia en la cocina, como quien sólo echa azúcar al café, tiene la clara noción de que no echa la misma cantidad de azúcar o sal a una pequeña taza que a una gran olla. Dado que lo que se busca es que el resultado sea agradable al paladar, la cantidad de azúcar o sal estará en proporción a la cantidad de materia a endulzar o salar. Cualquier receta de cocina está formulada de esa manera, en cantidades relativas, no absolutas. La concentración es simplemente una expresión numérica de tal relación y existen numerosas maneras de expresarla. Lo más frecuente es expresar la concentración como masa de la sustancia disuelta (soluto) por unidad de volumen de la solución. De esa forma, si hablamos de una concentración de 1 mg/l de azúcar en agua, queremos decir que tenemos 1 miligramo -i.e. 0.001 gramos- de azúcar disuelto en cada un litro de la mezcla. Normalmente la cantidad de sustancia disuelta no hace variar apreciablemente el volumen de la solución resultante respecto al volumen de agua inicial y considerando que un litro de agua pesa aproximadamente un quilo, la concentración de la misma solución anterior puede expresarse como 1 mg/Kg, es decir 1 miligramo de azúcar por kilogramo de solución o, expresado todo en gramos, 0.001 gramos de azúcar por cada 1.000 gramos de solución. Dividiendo estos dos números obtenemos 0.001 g / 1.000 g = 0.000001, es decir uno en un millón, que es lo que normalmente se representa como ppm que quiere decir justamente partes por millón.

            Hecha la digresión anterior entonces vemos que la concentración, lejos de ser irrelevante, es fundamental. Antón Uriarte, en su blog que está vinculado en esta misma página, publica la interesante comparación que se muestra al costado, y que emplearemos luego, sobre la concentración de anhídrido carbónico en distintos entornos. Claramente una atmósfera limpia, con poco CO2, es preferible a un ambiente cargado y por ello abrimos la ventana, pero aún una concentración cinco veces mayor -como la de nuestro aliento- no resulta venenosa, o no podríamos acercarnos a nadie ni hacer respiración boca a boca.

40 años x 365 días/año x 24 horas/día x 60 minutos/hora x 60 segundos/minuto = 1.261.440.000 segundos

            Si ahora entonces calculamos el vertido por segundo, lo que tenemos es

682.800.000.000 gramos materia / 1.261.440.000 segundos = 541 g/s

            Es decir, se vierte aproximadamente medio kilo de materia al río por cada segundo de operación de Botnia. Eso sale a través de un difusor inmerso en el medio del río. La cantidad de agua que arrastra el río Uruguay en condiciones medias es de 4.622 m3/s o bien 4.622.000 l/s. No toda esa agua estará disponible para diluir los efluentes que se viertan. Asumamos que el difusor afecta sólo a una centésima parte de esa agua, por lo que podemos decir que los 541 g/s de vertidos se diluyen en una masa de 46.220 litros de agua o, aproximando a un kilo el peso de cada litro, 46.220 kilos de agua. La concentración entonces de efluente es

541 g/s efluente / 46.220.000 g/s agua = 12 ppm

            En otras palabras, 400 veces menos que la concentración de dióxido de carbono en el aliento humano. ¿Será esto mucho o poco? Para ello podemos guiarnos aproximadamente por nuestro sentido del gusto, que sabemos que es una protección biológica muy desarrollada que tenemos justamente para evitar ingerir sustancias que nos dañen. Consultando información disponible en la web, encontramos el cuadro que se muestra debajo.

            Es decir que sólo en el caso de un gusto amargo podríamos detectar esos niveles de concentración. Por supuesto, esto no es una demostración, sino sólo una mostración de que los niveles de emisión considerados en forma kingkongesca son datos, pero no información, dado que no tienen en cuenta los verdaderos parámetros relevantes para el estudio.

            Descomponiendo este King-Kong en forma de critters, lo que debemos considerar es todas las sustancias enitidas, potencialmente contaminantes -si estuvieran en concentraciones apropiadas- y ver cuales son los límites de emisión comprometidos por Botnia y aprobados por Dinama. Para ello recurramos al informe de Ecometrix, que es el más reciente y refleja las condiciones vigentes hoy en día. Y, en particular, vamos a mirar el Anexo D: Calidad del Agua. Quizá la característica más saliente de este informe es la poca cantidad de gente que lo ha leído

            En la página D6.20 de este anexo se encuentra la Tabla D6.3-1b: Calidad del agua prevista en el Receptor 1b, en el vertido de la planta de Botnia bajo condiciones de caudal extremadamente bajo, es decir cuando el caudal del río está 8 veces más bajo que su promedio. Considerando alguno de los critters que asustan al Ing. Preisz, podemos mirar en esta tabla algunos parámetros. Por ejemplo, Preisz habla de que se vertirán 1.000 toneladas de sólidos suspendidos al río por año. Mirando la tabla, se recoge un valor de concentración de sólidos vertidos por la planta de 0.6 mg/l. Multiplicando por los 500.000 l/s del caudal y los 31.536.000 segundos que tiene un año, obtenemos 9.461 toneladas por año, 10 veces más que las que dice Preisz. La diferencia no importa mucho, pues parecería incluso darle aún más la razón a Preisz. Sin embargo, investiguemos ahora cual es la cantidad de sólidos suspendidos que tiene actualmente el río. Viendo la misma tabla vemos que el vertido de Botnia hace pasar los sólidos suspendidos de 8.0 a 8.6 mg/l, lo que quiere decir que los sólidos suspendidos en el río que no son vertidos de Botnia son 8.0/0. 6 = 13 veces superiores. O, en otras palabras, el río en ausencia de Botnia arrastra 126.147 toneladas de residuos sólidos. ¿Ciento veintiseis mil ciento cuarenta y siete toneladas dijo? Sí, eso dije y cualquier observador atento verá que el río Uruguay no es una masa sólida fluyente, ni el Balneario Ñandubaysal deja hoy de atraer turistas por la aparente contaminación de esas ciento veintiseis mil toneladas anuales de sólidos suspendidos.

           Otro de los critters del Ing. Preisz son las dioxinas y furanos. En el informe mencionado hay muchas tablas que tienen que ver con estos compuestos así como con otros como los clorofenoles, fitoesteroles, ácidos grasos, ácidos resínicos, otros compuestos fenólicos, etc. La lectura del informe es larga, porque es un informe muy detallado, pero es muy interesante, porque no sólo presenta los datos de lo que pasará cuando Botnia opere, sino también lo que está pasando actualmente. Para ello es importante  
saber que la CARU tiene puntos de monitoreo en distintas zonas del área afectada, tal como se muestra en la figura adjunta. En la figura se ve también la zona del canal de navegación (los colores indican profundidades) por donde transcurre el mayor flujo del río. Dicho sea de paso, se ve como es poco verosímil que los vertidos de un margen del río alcancen el otro margen. En el año 2004 se
realizaron dos campañas de la CARUpara investigar la contaminación del río. Curiosamente, la concentración de nitratos y compuestos fenólicos resulta alta particularmente en la zona de la desembocadura del río Gualeguaychú (puesto GUAY-6) y en la zona de Ñandubaysal (3 GUAY). Las gráficas pertinentes se adjuntan a la derecha. En otras palabras, la contaminación hoy en día en la zona argentina de Entre Ríos en frente a Fray Bentos es más importante que la que existe en el margen Oriental del río.

             Independientemente de ello, es interesante indagar que pasa con las dioxinas y furanos. El estudio realizado por J. Tana de la línea de base del río Uruguay en 2005 y 2006 muestra concentraciones naturales de PCDD y PCDF de 11 a 49.8 ppc (partes por cuadrillón) que equivalen en equivalentes tóxicos a 0.5 ppc. Si estas PCDD y PCDF que han estado actuando en ausencia de Botnia por decenas o centenas de años, ya que son la línea de base del río, y haciendo hincapié en la bioacumulación, es claro que ya habría efectos de cancerogénesis y mutagénesis, que no se registran por ningún lado. De hecho, otras aguas tienen componentes similares o mayores (56.4 ppc en 40 fuentes de agua potable de Japón, reportado en 2002, por ejemplo). ¿Cuál es el límite comprometido por Botnia para la emisión al río?

             En la Tabla D4.3-1, pág, D4.9, se lee que el compromiso es una emisión menor a 0.25 microgramos (millonésimas de gramo) por tonelada de pasta. Suponiendo una producción de 1.000.000 toneladas anuales, eso da 0.032 toneladas de pasta seca por segundo. Quiere decir que la emisión comprometida es de no más de 0.0079 microgramos por segundo, que se diluirá en el caudal del río Uruguay. Asumiendo el caudal mínimo de 500 m3/s, la concentración máxima entonces de PCDD y PCDF comprometida es la que se muestra en la siguiente tabla (clikear en ella para verla a tamaño natural.

En conclusión Botnia en la peor de las circunstancias aumentaría la concetración de dioxinas en 2 ppc. Poniendo este valor en la misma escala que las 11 a 50 ppc que son la línea de base para condiciones medias del caudal (por lo que tomamos un promedio de 30 ppc), da 2*5/40 = 0.25 ppc. O, en otras palabras, el aumento esperable en la línea de base de dioxinas naturalmente presentes en el río es sólo del 1%.

            Para terminar con este artículo sobre King-Kong y Critters de la contaminación, desviémonos completamente de las pasteras, pero manteniendo en la mente las 680.000 toneladas contaminantes de Preisz. Más arriba vimos que la concentración de CO2 en el aliento es de 50.000 ppm. Un adulto normal respira unos 5 a 8 litros de aire por minuto, dejémoslo en 5 litros que es el límite inferior. Quiere decir entonces que por minuto ese adulto expele 0.05*5 = 0.25 litros de CO2. La densidad del CO2 en condiciones normales de temperatura y presión es casi 2 Kg/m3 o 2 g/l, con lo que el CO2 producido por minuto por un ser humano adulto normal pesa 0.5 g, lo que anualizado da más o menos 263 kilos. Si lo llevamos a los 40 años en que Botnia estará operando y consideramos todos los adultos de la ciudad de Gualeguaychú, digamos unos 50.000, tenemos que en el período considerado, la ciudad de Gualeguaychú producirá 525.600 toneladas de CO2.

            ¿Alguien puede concluir de esas 525.600 toneladas, comparables a las 680.000 de Preisz, que la ciudad de Gualeguaychú contamina porque sus habitantes respiran?

 
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