Sus memorias y la versión oficial del Vaticano
se complementan extrañamente.
1. En sus memorias, Hudal no duda en
admitir la ayuda que prestó a los criminales prófugos. Mantuvo esta posición hasta su muerte
ocurrida en 1962. Según el propio Hudal, esta tarea de
ayuda corría por cuenta del Vaticano.
Para Ignacio Klich, coordinador académico de la Comisión por el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en
la Argentina (CEANA), esto no ofrece duda alguna:
"El rol de Hüdal durante la guerra no habría sido posible
sin la luz verde de la Santa Sede".
2. La
opinión contraria fue sostenida por Robert Graham, un sacerdote
jesuita historiador oficial del trono papal. La tesis de
Graham para desautorizar a Hudal es simple: estaba fuera
del Vaticano. Dicho de otra forma: Hudal habría actuado
solo y por su cuenta. Sin embargo como consigna Ignacio
Klich en "Le Monde Diplomatique" (3):"..es
quizás cómodo actualmente hacer del obispo Hudal el principal
responsable de las evasiones, pero conviene subrayar que
ni la ruta de los monasterios ni su propio papel durante
la guerra, hubieran sido posibles sin la luz verde de la
Santa Sede." Cabe agregar que esta tesis
del Vaticano tampoco explica el hecho de que muchos otros
religiosos, como ya veremos, también colaboraron, y
mucho, con los fugitivos del III Reich.
3. Un
elemento de juicio capital es un memorándum secreto dirigido en
mayo de 1947 al Secretario de Estado norteamericano, George
Marshall, por el agregado militar en Roma,
Vincent La Vista. Este
documento recién salió a la luz treinta y cinco años después
de redactado. Fue obtenido por el historiador Charles Allen
Jr. y fue publicado en la prensa de Paris y New York en
febrero de 1983 (4). Sin ningún tipo
de eufemismos en el informe se define al Vaticano
como la "principal organización implicada en el
movimiento ilegal" de personas, dando los detalles
sobre el funcionamiento de una gigantesca red de evasión.
Según el militar norteamericano desde 1947 existía una
compleja organización dirigida por altos dignatarios vaticanos,
encargada de poner a salvo a los nazis que vagaban sin rumbo
por Europa. El funcionamiento de la red se basaba en
una cadena de recomendaciones y conocimientos personales
que permitía a los prófugos conseguir asilo, dinero y documentos
antes de ser embarcados para puertos seguros. Este informe
se ocupa naturalmente del obispo Alois Hudal, pero también
agregó una lista de otros VEINTIUN dignatarios vaticanos
implicados en la organización de fugas, citando entre
ellos al cardenal italiano Humberto Siri, al arzobispo yugoslavo
Kronislav Draganovic, el obispo Iván Bucko, así como una
larga de serie de sacerdotes. (5) La
veracidad de este informe, que no ha sido rebatido convincentemente
por la Iglesia, iba a comprobarse con el correr del tiempo.
4. Es muy significativo que aún hoy, en pleno siglo XXI, los archivos del Vaticano y de Santa
María dell’Anima permanecen todavía cerrados a cal y canto
por la jerarquía vaticana,
que no permite que nadie investigue los documentos que allí
se guardan vinculados a este tema.
MONSEÑOR
KRUNOSLAV DRAGANOVIC
Además
de los alemanes, también los criminales de guerra eslavos
y bálticos fueron evacuados de la misma manera por la ruta
de los monasterios. Esta ruta serpenteaba por un itinerario
jalonado de abadías y conventos entre Zagreb, Lijubljana,
Trieste, Venecia, Roma Nápoles, el norte de Italia y España.
Los institutos religiosos servían de refugio a los fugitivos
que estaban en tránsito, quienes eran cobijados allí por
monjes de todas las órdenes -sobretodo por franciscanos
y trapenses- hasta que se los proveía de documentación y
podían ser embarcados en Génova, Cádiz o Vigo rumbo a destino
seguro. La financiación del trabajo de Hudal tenía varias
fuentes, pero una claramente identificada provenía de los
Estados Unidos: la National Catholic Welfare Conference
que apoyaba organizaciones católicas en la Europa de posguerra
Otro organizador clave de la ruta de las ratas
fue el arzobispo Krunoslav Stjepan Draganovic, teólogo y
secretario del Instituto Católico Croata de San Girolano.
Hudal y Draganovic coordinaron su trabajo tanto
con el equipo de colaboradores de la Cruz Roja que otorgaba
los pasaportes, como también con la malla de funcionarios
consulares portuarios y navieros. El contacto de Draganovic
en la Argentina para este tipo de operaciones fue Branko
Benzon, ex ministro del Estado Libre de Croacia y embajador
de Croacia ante el Tercer Reich. Entre 1946 y 1949 Benzon
fue “asesor para la inmigración yugoslava y croata” del
gobierno argentino, formando parte del cuerpo de “asesores
confidenciales” del director de la Dirección General de
Migraciones, Pablo Dian Fue también el médico personal de
Perón.
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De esta forma llegaron a la Argentina criminales
de guerra y ex colaboracionistas con los regímenes de las
potencias del Eje. Adolf Eichmann, Ante Pavelic o Klaus
Barbie, por citar solo algunos ejemplos, llegaron a
América del Sur por esta ruta y además vistiendo hábitos
religiosos. Pavelic, antiguo jefe del estado independiente de Croacia
donde fueron exterminados en los campos de la muerte 800.000
personas, había sido contactado según un telegrama del Cuerpo
Central de Inteligencia americano en 1947 con el subsecretario
del Vaticano de la época, Giovanni Battista Montini, futuro
Papa Pablo VI.
Ján Durkanski, ex ministro de Eslovaquia, fue otro
de los criminales de guerra que ingresó a la Argentina a
través de la vía dirigida por Draganovic y gracias a la
intervención de Benzon. Los contactos entre Draganovic y
el criminal de guerra Ante Pavelic permiten inferir que
éste y sus ocho colaboradores llegados a la Argentina en
1947, siguieron el mismo camino.
La resolución administrativa del gobierno argentino
(1949), por la que se autorizó a Erich Priebke a obtener
nueva documentación con su nombre real, consigna los mecanismos
que según el solicitante había empleado para entrar al país.
Como muchos otros que llegaron a la Argentina a través de
la ruta de las ratas, Priebke obtuvo apoyo de las asociaciones
católicas de Roma, por cuyo intermedio consiguió que las
autoridades argentinas visaran el pasaporte que le había
otorgado la Cruz Roja Internacional.
Draganovic
también puso su organización a disposición de los nazis
que Estados Unidos deseaba enviar a Sudamérica. De esta
manera, se hizo cargo del “carnicero de Lyon”, el oficial
SS Klaus Barbie, quien le fue entregado por oficiales de
inteligencia norteamericanos en la estación de trenes de
Génova. Draganovic acompañó a Barbie al consulado argentino,
donde obtuvo una visa que le permitió obtener documentos
de la Cruz Roja con apellido falso para él y su familia.
Barbie y otros nazis se embarcaron en Génova, en marzo de
1951, con destino a Buenos Aires para luego trasladarse
a Bolivia.
Draganovic también colaboró con el gobierno argentino
para posibilitar la llegada a la Argentina de los técnicos
que el diseñador alemán Kurt Tank necesitaba para la fábrica
de aviones en Córdoba. Estos recibieron pasaportes de la
Cruz Roja como croatas, y fueron recibidos en el convento
de monjas Centocelle, hasta que tomaron un avión de
la Flota Aeromercante Argentina con destino a Buenos Aires.
En este grupo llegó escondido el criminal de guerra Gerhard
Bohne, encargado del programa de eutanasia del Reich.
Por iniciativa de Draganovic, el padre franciscano croata
Blaz Stefanic, superior de la basílica de Bari en Buenos
Aires, logró que el 27 de noviembre de 1946 las autoridades
migratorias argentinas aprobaran un cupo para doscientas
cincuenta personas croatas, a quienes se les otorgó un permiso
de entrada sin mención de nombres y sin revisión. Los documentos
fueron enviados desde Caritas Croata, filial argentina,
a Caritas Croata, filial de Roma. Los nombres de
los refugiados fueron puestos por las organizaciones croatas
en Salzburgo y Roma y fueron aprobadas en bloque por el
consulado argentino en Roma. Teniendo en cuenta que muchos
alemanes fueron incluidos en este paquete, hasta Hitler
podría haber llegado a la Argentina de esta manera sin que
nadie se enterase de ello.
Draganovic
continuó cumpliendo funciones en el Colegio de San Girolamo
hasta pocos días después de la muerte de Pio XII, en octubre
de 1958, cuando fue expulsado por órdenes de la Secretaría
de Estado vaticana, lo que sugiere que el austríaco contó
con la protección del Papa hasta la muerte del pontífice..
En diciembre de 1946, Perón colocaba a un hombre
de la Iglesia al frente de la flamante Delegación Argentina
de Inmigración en Europa, cuya sede central se estableció
en Roma. El presbítero José Clemente Silva, hermano
de un amigo de Perón, partió para Italia con la misión
de organizar el traslado a la Argentina de varios miles
de europeos que fueran útiles para los planes de industrialización
argentinos. El sacerdote debía encargarse también del
traslado de personas destacadas que no tuvieran documentación.
Las operaciones más importantes de la Delegación se llevaron
a cabo en Italia, donde luego de arduas negociaciones se
firmó un acuerdo para establecer las condiciones de reclutamiento
el 21 de febrero de 1947. Como consecuencia de estos acuerdos,
el ex espía del Abwehr (Servicio de espionaje militar
del Reich) Reinhard Kopps -conocido luego en Bariloche
como Juan Maler- inició su colaboración con el obispo
austríaco Alois Hudal, a fin de enviar grupos de nazis hacia
la Argentina. Kopps recibía
las solicitudes y hacía los arreglos con el consulado argentino
en Génova. Los permisos de ingreso eran otorgados por la
Dirección de Migraciones en B.Aires, los pasaportes por
la Cruz Roja y el transporte lo hacía la compañía de navegación
argentina Dodero S.A., propiedad de Alberto Dodero, un íntimo
amigo del Gral. Perón.
Como verán es muy difícil admitir racionalmente
la tesis que la acción solitaria de un solo obispo haya
podido hacer funcionar en forma eficaz y a la vez discreta,
esta enorme y sofisticada red que involucraba a centenares
de curas, frailes, monjas y laicos, así como decenas de
instituciones privadas, públicas, religiosas, organismos
internacionales y fundamentalmente contactos del más alto
nivel gubernamental en países europeos, americanos, africanos
y asiáticos. Todo ello sin entrar en el "detalle"
del volumen de dinero que se necesita para que semejante
organización funcione. Y funcionó bien. A tal punto que
-según palabras del agregado militar de EUA en Roma-
la ruta vaticana se transformó en "la principal organización
implicada en el movimiento ilegal de personas".
LA
MEMORIA DE
LOS FUGITIVOS
Por
otra parte -y para desgracia del Vaticano- muchos de
los que huyeron por la "ruta de las ratas" les
dio por escribir sus memorias y también allí la Iglesia
Católica se vio involucrada directamente, esta vez por los
propios fugitivos. Este fue el caso de un ex oficial
de las SS, ayudante durante la guerra del ministro de Relaciones
Exteriores nazi Joachim Von Ribbentrop, llamado Rainer
Spitzi, quién vivió hasta 1992 en Salzburgo, Austria.
Spitzi huyó de Europa por una ruta de conventos de monjes
trapenses españoles, y ayudado por los frailes logró embarcar
hacia Buenos Aires. En sus memorias, titulada "Como
escapamos de los aliados", narra las peripecias
de su huida a través de conventos españoles y su relación
con los monjes a quienes según él”:...los comunistas
habían maltratado y por eso ayudaban a cualquier anticomunista."
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También el coronel nazi Hans Ulrich Rudel, que
también logró llegar a Buenos Aires a través de senderos
eclesiásticos escribió en sus memorias que “..En otras
cuestiones uno puede tener la opinión que quiera sobre el
catolicismo. Pero lo que hizo la Iglesia en esos años para
salvar valioso capital humano de nuestro pueblo, los que
ha logrado salvar a menudo de una muerte segura, sobretodo
a través de la intervención de personalidades de extraordinaria
calidad humana dentro de la Iglesia, debe permanecer grabado
siempre en nuestra memoria...”
Y refiriéndose luego al obispo Hudal decía: “A
través de él, Roma se convirtió en refugio y en salvación
de muchas víctimas de la persecución después de la “liberación”.
Y más de uno de nuestros propios camaradas encontró el camino
de la libertad a través de Roma, porque Roma estaba llena
de hombres de buena voluntad”
LA
CEANA (Comisión de Esclarecimiento
de las Actividades Nazis en la Argentina)
En
el semanario Página 12 en Buenos Aires el 12 octubre 1997
titulado: “El papel de la Iglesia en nuestro país. Los
que importaron nazis” se publicó lo siguiente: “Una
de las tareas ineludibles de la Comisión de Esclarecimiento
de las Actividades Nazis en la Argentina (CEANA), conformada
en el marco de la Cancillería, es estudiar el papel que
le cupo a la jerarquía eclesiástica vaticana en el traslado
de criminales de guerra desde los restos del Tercer Reich
hasta nuestro país, en la posguerra. Los datos son incriminantes:
jerarcas prófugos de la Justicia, acusados de los más graves
crímenes de lesa humanidad, entraron por el puerto de Buenos
Aires con pasaportes emitidos a nombre falso por el Vaticano
y con el paraguas de la Cruz Roja. Erich Priebke utilizó
esta llamada Ruta de las Ratas y otros criminales como Adolf
Eichmann, Klaus Barbie y Ante Pavelic hasta ingresaron a
la Argentina como sacerdotes. La CEANA intentó recientemente
acceder a los archivos del ya fallecido obispo Alois Hudal,
el alma mater en el traslado de los criminales de guerra
a la Argentina, pero hubo un rechazo categórico.
También la Comisión quiere revisar los documentos aún secretos
del Vaticano, ya que hasta el momento sólo se puede acceder
a una especie de selección hecha por la misma Iglesia hace
varios años y la veda subsiste para la gran mayoría de los
documentos de la época. Hasta el momento, parece que el
proceso autocrítico de la Santa Sede es más acelerado que
el proceso de apertura de archivos
La
CEANA es una comisión conformada para esclarecer la influencia
nazi en la Argentina, tanto la llegada del llamado oro nazi
como el arribo de submarinos, criminales de guerra o inversiones
realizadas por jerarcas del Tercer Reich.
En
el marco de la investigación, Matteo Sanfilippo, el hombre
de la CEANA en Italia, pidió autorización al Colegio Santa
María Dell Anima de Roma para estudiar la documentación
referida a quien fuera rector de esa institución eclesiástica
en la posguerra, el obispo Hudal. En sus memorias, este
obispo se jactó de haber colaborado con jerarcas nazis para
ayudarlos a huir hacia Sudamérica, pero la versión oficial
de la Iglesia es que lo hacía sin la aprobación del Papa
Pio XII, más bien exculpado por el documento vaticano de
ayer.
La
mayoría de los historiadores coinciden en que el trabajo
de Hudal no pudo pasar inadvertido para el Vaticano ya que
movía decenas de personas de un convento a otro e incluso
hubo un informe norteamericano en el que se califica a la
Santa Sede como "la principal organización implicada
en el movimiento ilegal de personas". En ese informe
se señala a 21 dignatarios vaticanos que participaban en
la organización de la huida de nazis
"Esperamos
que ahora, a la luz del proceso que viene impulsando el
Papa, se pueda acceder a la documentación. La realidad es
que han usado la prohibición en forma discrecional. Si uno
quería investigar un tema irritativo, como la cuestión de
los nazis, había una negativa categórica", dijo a Página/12
el coordinador académico de la CEANA, Ignacio Klich.
Es importante agregar a esto, que antes de que la CEANA comenzara su labor, se conocían
algunos documentos argentinos que demostraban que en
1946 Mons. Giovanni Montini (quién luego sería Paulo
VI), de la Secretaría de Estado vaticana de Pio XII, se
contactó dos veces con el Embajador argentino ante la Santa
Sede. En la segunda oportunidad transmitió la preocupación
papal por todos los católicos impedidos de regresar a sus
hogares por la probabilidad de ser objeto de persecuciones
políticas, proponiendo la elaboración de un plan de acción
conjunta entre expertos de la Argentina y de la Santa Sede.
En ninguno de estos documentos hay referencias específicas
sobre la exclusión de dicho plan de los responsables de
crímenes de guerra, algo que genera interrogantes respecto
de la responsabilidad de otros personajes de la Santa Sede
visto el reconocido papel que el padre Draganovic, secretario
de San Girolamo degli Illirici, desempeñó en la huida criminales
nazis a la Argentina.
Asimismo,
Matteo Sanfilippo encontró pruebas de la intercesión
del Cardenal Eugene Tisserant, quien pidió visas
argentinas para un puñado de refugiados del régimen de
Vichy en Italia, temerosos de retornar a Francia por
la posibilidad de quedar expuestos a severos castigos y/o
venganzas personales. Los historiadores responsables del
estudio de la conexión vaticana han descubierto en Italia
un documento inédito que confirma el rol de la Iglesia en
la investigación de una suerte de seguro para los soldados
perdidos del Tercer Reich y sus colaboradores. Una carta
del cardenal francés Eugène Tisserant, responsable de
la Misión del Vaticano en Europa oriental dirigida en mayo
de1946 a la embajada de la Argentina en Roma "cuando
su eminencia el cardenal Caggiano (en la época, primado
de la Argentina) y su excelencia monseñor Barrere (obispo
de Tucumán en el norte de la Argentina) se encontraron en
Roma, me han hecho entender que el gobierno de la República
Argentina estaría dispuesto a recibir a franceses que por
su actitud política durante la reciente guerra se expondrían
si reingresan a Francia a medidas de rigor y venganzas privadas",
escribe el prelado francés. Y reclama a los diplomáticos
tener a bien conceder visas para las familias Plissard y
Reuillard, así como también para Pierre Aubry.
Esta
correspondencia confirma otros dos descubrimientos realizados
por Ignacio Klich sobre el rol de la Santa Sede. Como vimos
en junio de 1946, el cardenal Montini se aproximó al embajador
argentino del Vaticano para proponerle que los expertos
de los dos estados trabajen juntos a fin de responder a
las inquietudes del Papa Pío XII, concernientes a los católicos
que no podían volver a sus hogares. En 1949, por fin, Pío
XII, en una entrevista con el “Washington Post” expone sus
buena disposición “en materia de inmigración”. Buena
disposición que suponía incluso un peaje de entrada y que
le habría reportado al régimen argentino, según los servicios
secretos americanos, alrededor de 800 millones de dólares.
En
febrero de 1997 el abogado Pedro Bianchi, antiguo diplomático
argentino entre 1946 y 1948 y defensor del nazi Erich Priebke
durante su proceso en Italia, declaró al semanario “Newsweek”
que : “...Perón llegó a enviar a Viena por valija diplomática
hasta 2.000 pasaportes argentinos y 8.000 cartas de identidad
vírgenes a fin de facilitar la llegada de fugitivos a su
país".
Demasiadas
coincidencias, demasiada gente, demasiado dinero, demasiados
servicios secretos, demasiados diplomáticos y demasiados
gobiernos involucrados como para creer que un solo obispo
fuera responsable de semejante organización sin que nadie
se hubiese enterado en Roma.
FIN
DE LA PRIMERA PARTE
En
la segunda parte veremos algunos criminales nazis famosos
y otros no tanto, que transitaron por la Ruta de los Monasterios.
Y en la tercera haremos y transcribiremos algunos comentarios
respecto al papel jugado por la cabeza visible de la Iglesia
Católica de entonces, el Papa Pío XII, en ese drama universal
que fue la II Guerra Mundial y en el Holocausto del pueblo
judío perpetrado por los nazis
NOTAS