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Año electoral. Complicado. Muchos pre-candidatos en todos los partidos. Todos compiten por atraer a un público descreído con formulas mágicas, que en muchos casos cuando tuvieron la oportunidad, no quisieron o no supieron poner en práctica.
En esta largada de bandera verde, cualquier artilugio sirve para conseguir adherentes. Comienza el periplo de visitas a todo el mundo.
Sobre todo a quienes durante los últimos cuatro años nunca les dieron bolilla, no los escucharon, ni les prestaron atención.
Sobre todo los que están hoy en el poder. Pero lo otros también. Todos sabemos quiénes son los políticos que se han acercado a la Policía en el llano.
Todos sabemos quienes tienen el derecho de pedirnos nuestros votos.
Los demás, los arribistas, los que siempre no han mirado por encima del hombro, o los que nos han mirado con odio y desprecio, ahora se hacen los simpáticos, se acercan y nos escuchan con cara de interesados, nos atomizan con preclaras ideas de cómo solucionar los problemas de la seguridad pública.
Y…cuando hablan de aumentar los sueldos, y de mejorar la profesión, vaya y pase. O cuando se acuerdan de los policías muertos o jubilados y hasta se les humedecen los ojos, todavía.
Pero cuando se les desboca el raciocinio y empiezan a delirar, nos dan ganas de disparar y dejarlos hablando solos.
Comienzan los delirios de crear súper estructuras mili-policiales; de poner los presos aquí o ponerlos allá. De cambiar esta o aquella Ley, como si realmente pensaran ganar con absoluta mayoría. (Este gobierno lo logro y no lo supo aprovechar).
A otros se les ocurre crear un órgano de coordinación de la seguridad pública con todos los partidos políticos. Nos preguntamos ¿porque no lo hicieron en estos últimos cuatro años?
Toda una serie de dislates y desvaríos absolutamente alejados de la realidad, que finalmente terminan en nada.
Recordamos las expectativas que el actual gobierno genero en la interna policial, y cuantos camaradas les prestaron los votos para que ganaran el gobierno y nos sacaran de la endémica situación económica, social y profesional en la que nos encontramos desde hace muchísimos años y muchísimas elecciones en las cuales los partidos políticos nos han vendido muchísimos versos.
Es hora de que nos “avivemos” de una vez por todas, y que pensemos antes de prestarles nuestro mayor poder, -el voto-, a los verseros de siempre, a los que se acuerdan de los policías cada cinco año, por dos o tres meses, y luego hibernan la memoria, hasta las próximas elecciones, y no seamos ingenuos, hoy todos los partidos han pasado por el Gobierno.
Tal vez sea el momento de elegir al menos malo.
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