Miembro de
Proyect Sindicate apdu
       
 
separador                                          Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
              
Google Buscar en la

 
Año V Nro. 331 - Uruguay, 27 de marzo del 2009   
 

Visión Marítima

historia paralela

 
 

 
Fernando Pintos

Justo en las puertas del Cielo…
por Fernando Pintos

 
separador
   
mail
mail Contactos
notas
Otros artículos de este autor
pirnt Imprimir Artículo
 
 
 

         Sucedió que el Cielo se estaba llenando de almas y ello generaba serios problemas: demográficos, de tráfico, de infraestructura, etcétera… En consecuencia y después de dar muchas vueltas al problema, San Pedro expidió un decreto que decía:  «… Desde este momento en adelante, para ingresar al Cielo existirá un requisito fundamental: que la persona haya tenido que soportar un día verdaderamente terrible antes de morir». Y el decreto entró en vigor de manera inmediata. Entonces, San Pedro, no exento de novelería, se paró justo en la entrada del Paraíso, esperando los primeros promitentes justos…

         Y no tardó en llegar el primer candidato, que parecía verdaderamente hecho una desgracia. Cuando el personaje pretendía ingresar, San Pedro lo detuvo en seco y le preguntó:
—Un momento, amiguito… Vamos a ver: ¿qué tal estuvo tu último día? ¿Cómo fue que te moriste?
El individuo, que por su aspecto más bien parecía una piltrafa, suspiró con resignación y le contestó:
—Vea, Don San Pedro… Desde hacía mucho tiempo yo sospechaba que mi mujer me estaba engañando… Entonces, ese día decidí volver a mi casa más temprano y sorprenderla in fraganti delito. Cuando voy llegando a mi apartamento, que queda en el piso 25, me encuentro a mi mujer, que parecía muy nerviosa y estaba enrollada en una toalla. Para decirle la verdad, ¡ella actuaba de una manera muy sospechosa! Entonces, me puse a buscar con ahínco por todos los rincones de la casa. Busqué por debajo de la cama, adentro del placard, en la bañera… ¡Pero nada! No pude encontrar a nadie. He ahí que ya me había arrepentido de la búsqueda, cuando miro hacia la terraza y veo al desvergonzado perpetrador de adulterio, pálido como la muerte, en puros cueros íntimos y colgando del barandal como una ristra de ajos. Entonces, me pongo como un loco, grito como un endemoniado, insulto, chillo, agarro una escoba y empiezo a aporrear las pecadoras manos del impío… Hasta que las garras se aflojan y el pervertido cae en picada desde el 25º piso. Pero, ¡suerte infame que favorece a las entidades demoníacas!, el tal va a caer sobre un toldo que le amortigua el golpe e impide su muerte!

         San Pedro escuchaba, con la boca abierta y mesándose las barbas, en verdad impresionado por las peripecias del aquel exaltado prospecto de alma bendita. Y el relato continuaba así:
—Aquella injusticia me sublevó de tal manera, que eché mano de lo más pesado que había en la casa, la heladera, y lo arrojé encima de aquella alimaña lujuriosa. El único inconveniente estuvo en que, sofocado por tantas emociones, sufrí un infarto y, tal como dice por ahí el vulgo, estiré la pata.

         Conmovido hasta las lágrimas por el trepidante relato, San Pedro sólo atinó a decirle:
—Hijo mío, en verdad que tu último día fue algo terrible…¡Puedes entrar de inmediato al Paraíso!
 
         No pasaron ni cinco minutos del primer ingreso, y va llegando el segundo candidato hasta la entrada del Cielo. Éste, un verdadero infeliz, tiene mucho peor aspecto que el anterior. Más que una piltrafa humana, se asemeja a un frasco de mermelada de frutilla que hubiera sido estrellado contra el suelo. Una vez más, San Pedro lo detiene en seco, y le pregunta:
—¡Un momentito! ¡No nos apresuremos tanto! ¡Cuidado con esas prisas! Antes que nada, quiero saber todos los detalles de tu último día de vida. Vamos a ver…
—Bueno, supongo que usted debe ser San Pedro. Vea usted: esa mañana dormí hasta tarde. Después me levanté, me bañé cantando, igual que siempre, el «Cambalache» de Discépolo, y después me decidí a hacer mis ejercicios del día, en la terraza de mi apartamento… Verá, el que era mi apartamento está en el piso 26 del edificio… Y no me pregunte cómo, pero la cuestión es que me resbalé y caí hacia el pavimento… Pero, tuve tan buena suerte, que pude agarrarme de la baranda del apartamento de abajo, el del piso 25… Ya casi me estaba levantando hacia la terraza de ese apartamento, cuando apareció una mujer enrollada en una toalla y, de inmediato, también un individuo absolutamente enajenado, que de inmediato comenzó a gritar injurias y disparates, y después se puso a golpearme las manos con el palo de una escoba. Fue entonces que me caí de cabeza hacia la calle… ¡Pero con tan buena suerte que un toldo amortiguó mi caída, y me salvé de morir! Pero… Estaba ya intentando levantarme, como se imaginará usted adolorido hasta en la conciencia, cuando el mismo loco que ya le conté me tiró encima una heladera y ahí terminó todo para mí…

         Frente al desenlace de tan original relato, San Pedro no pudo contener la risa y, apenas se calmó un poco, le dijo con tono de amable comprensión en la voz:
 —Entiendo perfectamente de situación. No te preocupes. ¡Ya puedes ingresar en el Paraíso de los justos!

         Transcurren entonces unos pocos minutos más, hasta que se presenta el tercer candidato. El tipo, muy joven por cierto y en algún momento bastante atlético, viene todo roto y abollado, con moretones por todos lados y más pálido que un muerto (ejem…). Como de rigor, San Pedro lo detiene y le pregunta:
—Vamos a ver ahora tu caso. Quiero que me digas qué tal estuvo tu último día entre los vivos…

         El pobre individuo, con una cara terrible de sorpresa y atontamiento, lo mira fijamente y después contesta:

—Fíjese, Don, que ni me va a poder creer lo que tengo que contarle. Resulta que yo me estaba escondiendo, desnudo y temblando, dentro de una heladera familiar… ¡Y hasta el momento ni sé que fue lo que me pasó después!

» Arriba


© Fernando Pintos para Informe Uruguay
 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer.
Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
21
 
Estadisticas Gratis