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Año V Nro. 331 - Uruguay, 27 de marzo del 2009   
 

Visión Marítima

historia paralela

 
 

 
Fernando Pintos

Razones poderosas para exigir un
«Día Internacional del Hombre»…

por Fernando Pintos

 
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         ¡Caramba! En este mundo existen días de todos los calibres. Para celebrar el «Día Mundial de la Mujer», se ponen a hacer un pamento bárbaro, ¡a nivel internacional! Por ahí, el «Día del cornúpeta incipiente»… Por allá, el «Día del Oligofrénico incurable»… Un poco más allá, el «Día de la Hormiguita con Alzheimer»… Y los que ya sabemos, quienes andan por ahí todos nerviosones y albotadoides (y muchas veces ¡absolutamente mojados en YouTube!), celebrando con bombos y platillos su «Día del orgullo Gay» Pero, ¿y en cuanto a nosotros, los hombres, qué diablos pasa? Yo les diré ahora qué: ¡absolutamente nada, pasa! No tenemos «Día» ni nada que se parezca, porque se supone que somos los malos de la película y que deberíamos, al igual que los dinosaurios, ¡extinguirnos!, en bien de la gentecilla «políticamente correcta»… En consecuencia, desde ahora los hombres habremos de exigir que, al igual que a la mujer y a un montón de criaturas extrañas, se nos honre con un «Día» especial y exclusivo, para ser venerados al menos durante miserables 24 horas, ya que constantemente somos las víctimas propiciatorias de abusos, humillaciones, ataques físicos, acosos psico-sexuales y otras tropelías, tal cual demostraré en los puntos que de inmediato habré de enunciar y que nadie, en su sano juicio, dejará de reconocer como verídicos. Veamos, entonces:

         ¿Quién es el único que se atreve a comerse todo lo que le sirvan a la hora del desayuno, almuerzo o cena, sin tan siquiera decir «Esta boca es mía»?
El abnegado Hombre.

¿Quién, con paciencia franciscana, levanta los pies cada vez que pasan por ahí cerca el trapo de piso?
El considerado Hombre.

         ¿Quién es el que, tal vez previendo el futuro y en un último chispazo de lucidez, avanza vestido de negro hacia el matrimonio?
El resignado Hombre.

¿Quién es aquel que se expone a una laringitis aguda por estar gritando: «¡Amor, ya llegué!», cada vez que vuelve a la casa.
El amoroso Hombre.

         ¿A quién le toca mirar para en dirección al colchón, en vez de disfrutar la decoración del techo, y al mismo tiempo aguantarse una sinfonía de gritos destemplados en plena oreja?
Al sacrificado Hombre.

         ¿Quién es aquel que se expone a una úlcera, de la rabia, cuando al llegar molido y exhausto a casa no encuentra el aseo hecho, ni la comida caliente, ni los niños cambiados, ni la ropa lavada y debidamente planchada, ni la cocina limpia, pero sí recibos y facturas de las deudas sobre la mesa y para colmo a la mujer en rulos?
El incomprendido Hombre

¿A quién le toca exponerse a que lo roben o lo apuñalen en un bar de mala muerte y amanecer después en un sórdido andén, cada vez que sale a esas inocentes reuniones nocturnas con amigos, mientras la otra está durmiendo, cómoda y arropada, en la camita y bajo techo?
El desprotegido Hombre.

¿Quién es el que, a causa del cansancio y el estrés que lo agobian, jamás podrá fingir un orgasmo?
El sincero y leal Hombre.

¿Quién se verá obligado aplastar las cucarachas y correr las ratas de la casa, porque a «Su Alteza» todo eso le provoca ataques incontenibles de pánico?
El valeroso e intrépido Hombre.

¿A quién es al que le arman un tremendo alboroto si por casualidad llega a casa con pintura en la camisa?
Al incomprendido Hombre.
(¿Acaso no puede uno tener algún amigo que trabaje de payaso…?).

¿Quién tiene! que afeitarse, puntualmente, todos los santos días?
El pobre Hombre… Y, bueno, también su suegra.

¿Quién manda en esta casa…?
La suegra, la mujer, las cuñadas, la sirvienta, el perro, el gato, el canario y hasta la vecina… Del abrumado Hombre.

¿Quienes tienen que aguantarse hasta las ganas de llorar…?
Nosotros, los Hombres, que no lloramos.

¿Quién es el que tiene que gastar considerables sumas de dinero en regalos para el «Día de la Madre», «Día de la Secretaria», «Día de la Amistad», «Día de San Valentín», Navidad, cumpleaños, aniversarios y demás fiestas inventadas por el hombre para satisfacer a la mujer…?
¿Adivinan? Sí, el Hombre.

¿Quién nunca lleva la contra, jamás pide que le repitan una pregunta y se viste en menos de 10 minutos?
El ágil y siempre bien dispuesto Hombre

¿Quién llega, inocente y puro, hasta las puertas del matrimonio...? (Nadie comete matrimonio con conocimiento de causa).
El honesto y recatado Hombre.

¿Quiénes están leyendo esto, a escondidas, para poder reírse a gusto, ya que si son sorprendidos se… ¿exponen a un severo garrotazo y un montón de antipáticas observaciones…?
Los cohibidos Hombres.

¿Quien tiene que aguantarse las típicas escenitas de: «¡Ya no sos el mismo de antes!», «¡No me vas a salir otra vez, esta noche, con que estás cansado!», «¿En que estás pensando?», «¡Mirá que me voy a casa de mi madre!», etcétera, etcétera, etcétera?
El humillado y atribulado Hombre.

¿A nombre de quién están los recibos de la luz, el agua, la cuenta del teléfono y del cable, las tarjetas de crédito y la escritura de la casa…?  (uno es el que figura y paga, pero quien manda es la otra, por variar).
A nombre del siempre expuesto Hombre.

La lista de razones que justifican el evidente derecho del Hombre a tener un día exclusivo y especial para él (en absoluto diferente al «Día del Trabajo»), es infinita… De manera tal, que exigiremos se institucionalice como el «Día Internacional del Hombre», a partir de ahora, el 1º de abril de cada año.

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© Fernando Pintos para Informe Uruguay
 
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