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¡Pobre Ignorante!
por Gonzalo Bustamante Kuschel (Perfil)
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Cada vez que se lee algo de Chávez y el desenvolvimiento de la política venezolana resuena la voz de la pluma de Arturo Uslar Pietri: “Es un hombre (Chávez) mesiánico” y en referencia a su éxito político: “Venezuela ha perdido el sentido de la realidad, está más enloquecida que nunca”. Sólo en el contexto de las palabras de Uslar Pietri se pueden entender las palabras de Chávez hacia Obama: ¡Pobre Ignorante! Nadie, razonable, tomaría su aseveración seriamente, sino simplemente como un movimiento de retórica política burda propia de alguien que “oficia de Mesías”.
El resultado de la consulta popular de unos meses atrás es una muestra del diagnóstico de Uslar Pietri sobre la situación venezolana: más de alguno de los votantes chavistas creerán que son parte de una “revolución” y que se encuentran “enfrentados” a los “Estados Unidos” a pesar de lo patente de la indiferencia de la nación del norte hacia el vociferar de “los líderes bolivarianos” y la falta de contenido de éstos últimos. Justamente, es la condición que Chávez adjudica a Obama, la ignorancia, la que explica la posibilidad del éxito de su mesianismo.
La Ignorancia implica de por si: desconocimiento, el cual puede ser sobre normas, datos, falta de nivel educacional para relacionarse con el medio apropiadamente o simplemente alejamiento de la realidad. El por qué de la ignorancia puede ser múltiple: desde la “carencia educacional” hasta el autoengaño, el cual nos hace creer que algo es de una forma X siendo esto absolutamente falso. Es esta última forma de ignorancia (la cual también se puede ver favorecida por otras como una educación deficitaria sin que constituya esto último una precondición) la que caracteriza la acción de los Dictadores y de los pueblos por ellos sometidos: el caudillismo totalizante siempre posee algo de autoengaño propio y de generación de ilusión en el otro.
Es ese autoengaño el que explica que una persona como Chávez aspire a la reelección indefinida y confunda su propio destino político con el de la “Nación” o la idea de que encabeza una “revolución bolivariana” la cual supuestamente poseería un contenido específico: si se le compara con otros procesos que si han tenido esa condición, la de Revolución, por ejemplo, la encabezada por Khomeini en Irán, se puede constatar que la simple retórica populista-revolucionaria no genera automáticamente, ni a corto ni largo plazo, un movimiento de real transformación radical de la Sociedad sino que es un aparataje conceptual-estructural que busca y reemplaza al anterior - Ideología moderna contra ideología antigua- generando una nueva praxis-social la que lo logra, el cual no existe en el bolivarianismo-chavista. En eso, el caso de Chávez, más que el de un “revolucionario”, se asemeja a un caso más de un autócrata-demagógico del cual la historia, y en especial la sudamericana, tan llena ha estado.
Nada mejor para evitar el autoengaño que recurrir a la historia, a juicio de Maquiavelo “maestra perenne” de la política y la conducta humana. Ésta última nos muestra cómo la perdida de la Libertad puede ocurrir, al menos, de dos formas: primero, “por la violencia” como fue el caso de Chile el 73 o Argentina el 76 ó como promoviese el teórico constitucional de la “Soberanía Absoluta” y la “Dictadura Institucional” Carl Schmitt: por la manipulación de la Constitución y la voluntad popular. El segundo fue el camino de Mussolini y Hitler. No en vano Schmitt fue el arquitecto de la estructura jurídica de éste último y nunca necesitó abolir la constitución liberal y democrática de Weimar y el “plebiscito” fue una de sus herramientas favoritas. El plebiscito o “consulta popular” era el instrumento del fascismo italiano y alemán para comunicar, al Duce o Führer según fuese el caso, con la entidad que constituía “el pueblo”. Éstos (Duce o Führer), cuales padres bondadosos, consultaban a su hijo (“el pueblo”, “la Nación”) sobre su parecer, pero encargándose por medio de la propaganda que éste nunca olvide que era una relación Padre-Hijo.
Es por eso que la clase política sudamericana y sus ciudadanos no deben olvidar, al analizar el “fenómeno Chávez” y sus replicas en distintos países, las lecciones de la Historia sobre la manipulación constitucional y las “consultas populares”; y además mirar hacia el Brasil de Lula y el Chile democrático como buenos ejemplos de los avances que por medio de la seriedad institucional y un modelo de economía social de mercado se pueden lograr.
La ignorancia como dice Montaigne es muchas veces una “desgracia voluntaria”. Uslar Pietri siempre promovió, ocupando como arma su pluma y su razón, la introducción en América Latina de un liberalismo humanista que permitiera la siembra de la cultura y como resultado la libertad, así nuestra población se alejaría de la ignorancia tanto educacional como del autoengaño para alcanzar el progreso. Si Venezuela y quienes ven en su “revolución” un modelo no dan ese paso y aprenden de su propia historia, con seguridad podremos decir: ¡pobre ignorante!
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