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La Danza de la Muerte
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por Graciela Vera
Periodista independiente
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Lo logramos, nos costó algo de trabajo pero al fin pudimos conseguirlo.
Aún están los que niegan el triunfo y se empecinan en decir que lo que sucede es normal: ciclos le llaman.
Están los que dándose cuenta de lo que sucedía no quisieron reconocerlo porque según ellos, hay algo más valioso que sobrevivir: acumular dinero aún a costa del futuro de sus hijos.
Por último llegamos a los otros, a los que se han rasgado las vestiduras para crear conciencia de la necesidad de actuar cuando aún quedaba algo de tiempo.
Aunque todavía están los que se empecinan en no mirar el reloj, la mayoría ya sabe que los plazos agotaron hasta la última prórroga.
Tenemos el dudoso honor de ser la generación que comienza a escribir el final del libro de la vida. Al menos de la vida como la conocemos al día de hoy.
Y celebramos.
Cantamos por lo que fue y cantamos por lo que no será aunque no seamos totalmente conscientes de las consecuencias del presente.
Celebramos el Día de la Madre Tierra y celebramos que ya, por fin, la carta que escribió en 1854 el gran Jefe Seattle, se ha hecho realidad.
Nosotros gozamos de alegría al sentir estos bosques. El agua cristalina que discurre por los ríos y los arroyos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos nuestras tierras debéis saber que son sagradas y enseñad a vuestros hijos que son sagradas y que cada reflejo fugaz del agua clara de las lagunas narra vivencias y sucesos de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz de mis antepasados.
Pidió que comprendiéramos y no fuimos capaces de comprender; pidió que enseñáramos y no supimos enseñar porque tampoco supimos aprender.
Los ríos son nuestros hermanos que sacian nuestra sed. Ellos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras debéis recordar esto y enseñad a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que, por tanto, hay que tratarlos con dulzura, como se trata a un hermano.
Destruimos en muy poco tiempo una naturaleza que nunca tratamos como hermana y en esa destrucción arrastramos a muchos hermanos y sin embargo celebramos porque quizás somos conscientes en la inconsciencia, de que si dejamos de celebrar, también destruiremos las risas.
Y bailamos y cantamos para recordar que no tenemos más que una casa. La casa grande que con tanto empeño hemos ido convirtiendo en ruinas y giramos impotentes en una danza ritual, ya para siempre danza de la muerte.
¿Quién nos oirá más allá de las fronteras de nuestro ya famélico mundo?
Teníamos un paraíso y en lugar de esa herencia dejamos para nuestros descendientes un negocio en quiebra y una casa hipotecada.
Y a pesar de las realidades aún seguimos cerrando los ojos y continuamos danzando porque la Madre Tierra todavía, a pesar de nuestros empeños por destruirla, se muestra bella ¿quieres verla como la veo yo, como es hoy cuando aún podemos sentir en ella, aunque herida, un hálito de vida: http://picasaweb.google.com/fotos.graciela
RUMBO A LOS MUNDOS DE ASIMOV
Cuando leí la noticia en el diario ABC pensé que se estaba anunciando otra película de catástrofe.
En realidad antes de leer la prensa del día estaba mirando el video publicado y por un momento me vino a la memoria el nombre de Isaac Asimov, que fuera uno de los más grandes escritores de ciencia ficción y divulgación científica de todos los tiempos.
Recordé los relatos leídos con la avidez participativa de la juventud y aquellas premoniciones literarias que por entonces me parecían imposibles de que algún día llegaran siquiera a poder ser pensadas como posibilidades reales.
No me inquieta ni el cómo, ni el cuándo; ni tan siquiera el si es posible. Me aterra pensar quién y de que forma se decidirá quienes se salvarán y a quienes se condenará junto con un planeta en fase de muerte.
Me quedo pensando en el relato de la vida de los elegidos, en aquellas gigantescas naves espaciales, mundos, le llamaban, que surcaban el espacio en busca de un lugar para colonizar.
Sobrevivientes de un planeta: el nuestro, que habían perdido por siempre el azul del cielo, las estrellas, los amaneceres, el perfume de las flores, el rumor de las olas en la playa y habían substituido la capacidad de crear belleza por la de tecnología sin matices para los sueños.
Almería, en el sur del norte, abril 26 de 2007
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